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Reseña del libro La vida interior de la plantas de interior de Patricio Pron

Pasos para irse al carajo

Leer es un acto de cercanía: hallar claves que le desentrañen a uno el texto. El siguiente es un acercamiento a La vida interior de la plantas de interior de Patricio Pron, publicada en el 2013. Se trata de una lectura personal que derivó en algunos pasos para irnos al carajo.





Por: Mateo Ortiz Giraldo*


Pensar en cuán jodida y escabrosa puede llegar a ser la vida se ha vuelto ya, en un acto común; no porque la gente detenga al mundo para lidiar con sus crisis existenciales, sino porque el simple hecho de hacer hincapié en lo jodido de estar vivo es un hecho que se ha dado por sentado. 

Resulta, en este orden de ideas, que no hay nada nuevo en denotar que, desde la frontera que se cuente, vivir es una jodida forma de muerte. Sí, lo sé, he sido aliterativo con el tema, pero es que después de leer a Patricio Pron a uno le queda este tema dándole vueltas en la cabeza, de allí que La vida interior de las plantas de interior me haya dejado rondando una serie de imágenes, digámosle pasos, con cuales pienso, todos podemos irnos al carajo. 
 
En La vida interior de las plantas de interior, publicado por Random House Mondadori, en el 2013, Pron realiza un particular viaje muy cercano al de Roberto Bolaño en El gaucho insufrible hacia el centro, viscoso y oscuro, de la soledad. 


Patricio Pron
Patricio Pron. Fotografía tomada del sitio web del autor www.patriciopron.com

También con estos relatos el autor argentino, hace un balance general de la mutabilidad de la soledad, de todas las facetas que este sentimiento puede llegar a tener.

Cado uno de los 13 relatos que componen este libro nos narra un forma de la soledad. La de un amo que pierde a su perro en un accidente; la de una mujer, que después de una separación, toma consciencia que no envejecerá con su esposo; el profundo sentimiento de abatimiento de una madre que descubre a su hijo que se ha cortado a sí mismo y la de un actor porno contagiado con SIDA que se ha retirado de las cámaras y marchado a Brasil. 

Cada faz que toma la soledad demuestra, desde la contundente prosa de Pron, que así un escritor piense redactar textos disímiles, resultan todos unidos por una especie de hilo de Ariadna que saca del laberinto de las ideas dispersas, un mismo camino para los textos. También con estos relatos el autor argentino, hace un balance general de la mutabilidad de la soledad, de todas las facetas que este sentimiento puede llegar a tener. 

Patricio Pron, después de El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, no había publicado ningún otro libro de relatos, por tal razón, en este libro somos testigos de una dosis condensada de su fuerza narrativa. 

En los textos podemos encontrar conversaciones intertextuales con Levrero, Vila-Matas y Perec. Cada historia no pretende mayor trascendencia, no cuenta hazañas heroicas o se cuestiona por el sentir de la vida. Su máxima preocupación nace en mostrarnos, en pequeños vistazos tras las mirillas de casas ajenas, las realidades latentes que viven en las calles; realidades que pueden ser propias. La soledad es democrática: a todos nos puede llegar a cobijar. 

Portada del libro La vida interior de la plantas de interior de Patricio Pron
Portada del libro La vida interior de la plantas de interior de Patricio Pron



Esta vida interior, dentro de las plantas de interior, es una hermosa manera de darse cachetadas de ficción con un guante de lana tejido con hilo de hierro.

Como dije al inicio del texto, Pron me permite entrever una serie de pasos para joderse la vida o, mejor, mandarse al carajo, a lo largo de las 140 páginas del libro. Aquí están, sin ningún orden en especial.

Imagínense que los pasos son alguna danza ecléctica e impulsiva: 

- Tener un jodido día perfecto, es decir, creer que lo tuvo. Detrás del velo de felicidad, la más profunda de las agonías.
- Presentarse a un concurso literario, ya sea grande o chico.
- Conservar la cabeza, así sea sólo para “que no se le entre el agua por el cuello”, como lo dice en “Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido”
- Ser un lector incrédulo con ínfulas de profesionalismo.
- Ser infeliz y valiente.
- Lanzar a los mil vientos las intimidades. 

No piense que esta lista es un acto de fusilería por mi parte o de banalización, pues los cuentos ya son lo suficientemente vanos, pero bellos. Ellos suponen la terrible belleza que contienen las sombras, esa inasible sensación de vivir que solo se logra a través de un complejo sistemas de artilugios para el olvido. Esta vida interior, dentro de las plantas de interior, es una hermosa manera de darse cachetadas de ficción con un guante de lana tejido con hilo de hierro.


* Mateo Ortiz Giraldo. Leedor. Presunto escribidor. Estudia periodismo y filosofía. En twitter: @plumasinave


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