“El lector merece recibir un producto sólido, maduro y cuidado, y eso no ocurre a menudo”: Pablo Di Marco

Un café en Buenos Aires. Conversaciones con escritores, editores y libreros (Ediciones Unaula) es el libro de entrevistas que acaba de publicar el escritor argentino Pablo Di Marco.


Pablo Di Marco. Foto de Jazmín Teijeiro

Por: Ileana Bolívar R.

Alguien que pregunta está obligado a, por lo menos de vez en cuando, incomodar”, dice el escritor Pablo Di Marco quien ha entrevistado a más de cien escritores, editores y libreros de Latinoamérica en su habitual sección de entrevistas “Un café en Buenos Aires” que publica desde el 2013 en Libros & Letras.

Si algo ha logrado Pablo, es hacer la pregunta acertada y escudriñar en la vida de un personaje más allá de lo evidente. Agudo, directo, respetuoso, conocedor, intuitivo y “sin pelos en la lengua” ha hecho las preguntas que ha querido a sus invitados. De algunos recibe las mejores respuestas y de otros alcanza a percibir cierta molestia.

La difícil tarea para Di Marco fue hacer la selección de entrevistas para publicarlas en el libro que hoy presenta. Así, aparecen los cafés que se ha tomado con Sergio OlguinIsaías PeñaAdriana RomanoMarco Tulio AguileraPablo MontoyaEvelio RoseroLuz Mary GiraldoGustavo Álvarez Gardeázabal y Daniel Ferreira, entre otros escritores.

Pablo Di Marco es autor, entre otras novelas, de Tríptico del desamparo (ganadora de la XIII Bienal Internacional de Novela “José Eustasio Rivera) y Las horas derramadas (ganadora en España del XXI Certamen Literario Ategua).

- “Todo empezó en 2013, con un llamado de Jorge Consuegra” es la primera frase que se lee en su libro. ¿Cómo fue ese acercamiento con Libros & Letras que cada vez se fortalece más?

La historia fue así: tras leer mi novela Tríptico del desamparoJorge Consuegra se contactó conmigo para ofrecerme escribir en Libros & Letras. En primerainstancia me propuso escribir reseñas de libros, pero yo en cambió le ofrecí hacer entrevistas, y por suerte Jorge aceptó. Seis años y un centenar de entrevistasdespués me llegó la propuesta de Unaula de publicar un libro que compile a una treintena de esas entrevistas, y por supuesto que me pareció una gran idea. Jorgito ya no está físicamente entre nosotros, pero vos y yo, querida Ileana, sabemos que nos sigue acompañando. Este libro es fruto del entusiasmo de Jorge, y por supuesto que está dedicado a él. En fin, Jorge fue el motor y la revista Libros & Letras el vehículo para que el libro Un café en Buenos Aires hoy sea una realidad.

- Sus entrevistas o “cafés” se caracterizan por incomodar un poco a los escritores, editores y libreros hasta sacarlos de su zona de confort. ¿Esto le ha generado inconvenientes con los autores?

Hubo un par de escritores que no quisieron ser entrevistados, y varios se sintieron incómodos con algunas preguntas y me pidieron evitar responderlas.
Ante esa situación en primera instancia me entristezco y decepciono, pero después de un tiempo casi que te diría que me alegro. Alguien que pregunta está obligado a, por lo menos de vez en cuando, incomodar. No hablo de ser desubicado ni de faltar el respeto, pero sí de intentar evitar ese lugar tan cómodo y frecuente de “¿Y de quééé se traaata tu último liiibrooo?”. Es muy llamativo que bien entrado el siglo XXI aún haya temas de los que el mundo del libro prefiere no hablar.

- Muchas veces ponemos en pedestales a los escritores innecesariamente. ¿Cómo ha lidiado con los egos literarios?

En esto que decís hay responsabilidad del periodismo cultural, que adora asegurar que cualquier autor que escribe un librito apenas aceptable es “el secreto mejor guardado de la literatura latinoamericana” o elogios huecos y desmedidos de este tipo. Hoy pareciera que casi todos los escritores son genios y que todos los libros son obras maestras, y por supuesto que no es así. Son demasiados los periodistas que extrañamente olvidan que algunas palabras tienen un determinado contenido y un determinado peso, y que no pueden regalarse como si fuesen caramelos. La palabra “genio” está reservada para muy pocos. Tanto elogio inmerecido y gratuito tiene un costo: las reseñas de libros suelen ser pobrísimas, y la mayor parte de los buenos lectores no les pres tan casi ninguna atención. ¿Hoy a quién le importa que una contratapa asegure que “la presente novela está destinada a ser el acontecimiento literario del año”? A nadie.

- Ha realizado un centenar de entrevistas a escritores de Latinoamérica. ¿Qué conclusiones ha logrado sacar sobre el panorama de la literatura en la región?

Lo que viene no te lo respondo como escritor o como entrevistador sino como lector, y creo que me ganaré un par de enojos con lo que diré. Yo creo que se está publicando demasiado. Son demasiados los libros que se publican, a los que aún les falta lo que te comentaba antes: tiempo de reflexión y reposo, reescritura y corrección. Yo entiendo la ansiedad de los autores y editores, pero no hay que faltarle el respeto al eslabón más importante de esta cadena: el lector. El lector merece recibir un producto sólido, maduro y cuidado, y eso no ocurre a menudo.

- Pablo es muy crítico sobre los premios literarios; de hecho, ha sido merecedor de importantes reconocimientos. ¿Cómo deberían ser concebidos los premios? ¿Son necesarios en la carrera de un autor? ¿Por qué?

Los premios literarios son importantes porque brindan algo que el autor precisa como el agua: publicación, algo de dinero y visibilidad. Y es justamente porque son así de importantes es que suelo ser crítico con algunos de ellos. Hay premios que son siempre entregados a autores que tienen un contrato firmado con la editorial organizadora del premio, hay premios que se otorgan del mismo modo que algunos políticos reparten cargos y sobornos. En algunos casos basta con revisar la cercanía que hay entre el autor ganador y los jurados para darse cuenta de que todo es una estafa. Y esto es grave porque no solo se engaña a los participantes de estos concursos —que suelen desconocer estas artimañas— sino que algunas veces incluso se apropian de dineros públicos. Y acá también hay responsabilidad del periodismo cultural, que se limita a dar la noticia del ganador del premio sin hacer ningún tipo de verificación previa. Es extraño, son demasiados los periodistas que han perdido toda curiosidad por investigar, por averiguar, por querer saber qué se oculta bajo la alfombra. Y un periodista que pierde la curiosidad se reduce a la nada misma. De todos modos también es justo decir que no todo está podrido, hay personas que trabajan mucho y bien y merecen nuestro apoyo y respeto. Y es justamente por respeto a los que trabajan bien que deberíamos ser todos más valientes a hora de señalar a los corruptos.

- ¿Hay alguna entrevista que aún no ha logrado realizar y que sigue buscando?

Sí, y extrañamente no te voy a nombrar a un escritor o editor sino a un director de cine. Muero de ganas por hacer “Un café en Buenos Aires” con Adolfo Aristarain (a todos los que vieron la película “Roma” de Cuarón les recomiendo que vean la “Roma” que filmó Aristarain en 2004). Adolfo ha filmado algunas de las más valiosas películas del cine argentino y, por esas cuestiones vinculadas a negligencias y cambios de época, hace quince años que no logra que un productor apueste por su talento.
Hasta ahora no logré contactarlo, dicen que es un tipo algo huraño y poco amigo de las entrevistas. Ya veré cómo hago para llegar a él.

- Una pregunta infaltable de “Un café en Buenos Aires”: le regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier escritor de cualquier época; ¿quién sería y a qué bar lo llevaría?

Ja, ja, ja, supongo que era inevitable que algún día me hagan esta pregunta a mí. A ver, dejame pensar… Por estos días McCartney viene a Argentina, así que no sería mala idea compartir un café junto a Paul. Lo llevaría a alguno de mis refugios de Buenos Aires: Caravelle, Lattente de la calle Thames, el viejo Argos (que ya cerró, ay…), el San Bernardo, Libros del Pasaje, Mandrágora, El Federal, El más acá, 36 billares, Crespín… aunque, no, esperá. Ya sé dónde quisiera llevar a Paul. A un lugar que ya no existe: el sótano de la Confitería Richmond. Ahí se podía tomar un café o una cerveza entre una adorable banda de vagos y refugiados que se pasaban el día jugando al ajedrez y al billar.

- ¿Y qué pregunta le haría?
Mmm… no sé. Creo que lo miraría embobado y tartamudearía un “gracias”. Aunque después intentaría tomar coraje y balbucear un par de preguntas. ¡A ver si a la segunda edición de este libro le podemos agregar Un café en Buenos Aires con Paul Mc-Cartney!

 Son demasiados los libros que se publican a los que aún les falta lo que te comen taba antes: tiempo de reflexión y reposo, reescritura y corrección.

Título: Un café en Buenos Aires. Conversaciones con escritores, lectores y libreros
Autor: Pablo Di Marco
Ediciones Unaula
Páginas: 270
*Disponible en las librerías del país.




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