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“El lector merece recibir un producto sólido, maduro y cuidado, y eso no ocurre a menudo”: Pablo Di Marco

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“El lector merece recibir un producto sólido, maduro y cuidado, y eso no ocurre a menudo”: Pablo Di Marco
By Libros y Letras 30 de agosto de 2019
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Un café en Buenos
Aires. Conversaciones con escritores, editores y libreros 
(Ediciones Unaula) es el libro de entrevistas que
acaba de publicar el escritor argentino Pablo Di Marco.


Pablo Di Marco. Foto de Jazmín Teijeiro
Por: Ileana Bolívar
R.
Alguien que
pregunta está obligado a, por lo menos de vez en cuando, incomodar”, dice el
escritor Pablo Di Marco quien ha entrevistado a más de cien
escritores, editores y libreros de Latinoamérica en su habitual sección de
entrevistas “Un café en Buenos Aires” que publica desde el 2013 en Libros
& Letras
.
Si algo ha
logrado Pablo, es hacer la pregunta acertada y escudriñar en la
vida de un personaje más allá de lo evidente. Agudo, directo, respetuoso,
conocedor, intuitivo y “sin pelos en la lengua” ha hecho las preguntas que ha
querido a sus invitados. De algunos recibe las mejores respuestas y de otros
alcanza a percibir cierta molestia.
La difícil tarea
para Di Marco fue hacer la selección de entrevistas para
publicarlas en el libro que hoy presenta. Así, aparecen los cafés que se ha
tomado con Sergio OlguinIsaías PeñaAdriana
Romano
Marco Tulio AguileraPablo MontoyaEvelio RoseroLuz
Mary Giraldo
Gustavo Álvarez Gardeázabal y Daniel
Ferreira
, entre otros escritores.

Pablo Di
Marco 
es autor, entre
otras novelas, de Tríptico del desamparo (ganadora de la XIII
Bienal Internacional de Novela “José Eustasio Rivera) y Las horas
derramadas 
(ganadora en España del XXI Certamen Literario Ategua).
– “Todo empezó en 2013, con un llamado de Jorge Consuegra” es la
primera frase que se lee en su libro. ¿Cómo fue ese acercamiento con 
Libros & Letras que cada vez se fortalece más?
La historia fue
así: tras leer mi novela Tríptico del desamparoJorge
Consuegra 
se contactó conmigo para ofrecerme escribir
en Libros & Letras. En primerainstancia me propuso escribir
reseñas de libros, pero yo en cambió le ofrecí hacer entrevistas, y
por suerte Jorge aceptó. Seis años y un centenar
de entrevistasdespués me llegó la propuesta de Unaula de publicar
un libro que compile a una treintena de esas entrevistas, y por
supuesto que me pareció una gran idea. Jorgito ya
no está físicamente entre nosotros, pero vos y yo, querida Ileana,
sabemos que nos sigue acompañando. Este libro es fruto del
entusiasmo de Jorge, y por supuesto que está dedicado a él.
En fin, Jorge fue el motor y la revista Libros
& Letras 
el vehículo para que el libro Un café en Buenos
Aires 
hoy sea una realidad.
– Sus entrevistas o “cafés” se caracterizan por incomodar un poco a los
escritores, editores y libreros hasta sacarlos de su zona de confort. ¿Esto le
ha generado inconvenientes con los autores?
Hubo un par de
escritores que no quisieron ser entrevistados, y varios se sintieron incómodos
con algunas preguntas y me pidieron evitar responderlas.
Ante esa situación
en primera instancia me entristezco y decepciono, pero después de un tiempo
casi que te diría que me alegro. Alguien que pregunta está obligado a, por lo
menos de vez en cuando, incomodar. No hablo de ser desubicado ni de faltar el
respeto, pero sí de intentar evitar ese lugar tan cómodo y frecuente de “¿Y de
quééé se traaata tu último liiibrooo?”. Es muy llamativo que bien entrado el siglo
XXI aún haya temas de los que el mundo del libro prefiere no hablar.
– Muchas veces ponemos en pedestales a los escritores innecesariamente.
¿Cómo ha lidiado con los egos literarios?
En esto que decís
hay responsabilidad del periodismo cultural, que adora asegurar que cualquier
autor que escribe un librito apenas aceptable es “el secreto mejor guardado de
la literatura latinoamericana” o elogios huecos y desmedidos de este tipo. Hoy
pareciera que casi todos los escritores son genios y que todos los libros son
obras maestras, y por supuesto que no es así. Son demasiados los periodistas
que extrañamente olvidan que algunas palabras tienen un determinado contenido y
un determinado peso, y que no pueden regalarse como si fuesen caramelos. La
palabra “genio” está reservada para muy pocos. Tanto elogio inmerecido y
gratuito tiene un costo: las reseñas de libros suelen ser pobrísimas, y la
mayor parte de los buenos lectores no les pres
 tan casi ninguna
atención. ¿Hoy a quién le importa que una contratapa asegure que “la presente
novela está destinada a ser el acontecimiento literario del año”? A nadie.
– Ha realizado un centenar de entrevistas a escritores de Latinoamérica.
¿Qué conclusiones ha logrado sacar sobre el panorama de la literatura en la
región?
Lo que viene no te
lo respondo como escritor o como entrevistador sino como lector, y creo que me
ganaré un par de enojos con lo que diré. Yo creo que se está publicando
demasiado. Son demasiados los libros que se publican, a los que aún les falta
lo que te comentaba antes: tiempo de reflexión y reposo, reescritura y
corrección. Yo entiendo la ansiedad de los autores y editores, pero no hay que
faltarle el respeto al eslabón más importante de esta cadena: el lector. El
lector merece recibir un producto sólido, maduro y cuidado, y eso no ocurre a
menudo.
– Pablo es muy crítico sobre los premios literarios; de hecho, ha sido
merecedor de importantes reconocimientos. ¿Cómo deberían ser concebidos los
premios? ¿Son necesarios en la carrera de un autor? ¿Por qué?
Los premios
literarios son importantes porque brindan algo que el autor precisa como el
agua: publicación, algo de dinero y visibilidad. Y es justamente porque son así
de importantes es que suelo ser crítico con algunos de ellos. Hay premios que
son siempre entregados a autores que tienen un contrato firmado con la
editorial organizadora del premio, hay premios que se otorgan del mismo modo
que algunos políticos reparten cargos y sobornos. En algunos casos basta con
revisar la cercanía que hay entre el autor ganador y los jurados para darse
cuenta de que todo es una estafa. Y esto es grave porque no solo se engaña a
los participantes de estos concursos —que suelen desconocer estas artimañas—
sino que algunas veces incluso se apropian de dineros públicos. Y acá también
hay responsabilidad del periodismo cultural, que se limita a dar la noticia del
ganador del premio sin hacer ningún tipo de verificación previa. Es extraño,
son demasiados los periodistas que han perdido toda curiosidad por investigar,
por averiguar, por querer saber qué se oculta bajo la alfombra. Y un periodista
que pierde la curiosidad se reduce a la nada misma. De todos modos también es
justo decir que no todo está podrido, hay personas que trabajan mucho y bien y
merecen nuestro apoyo y respeto. Y es justamente por respeto a los que trabajan
bien que deberíamos ser todos más valientes a hora de señalar a los corruptos.

– ¿Hay alguna entrevista que aún no ha logrado realizar y que sigue
buscando?
Sí, y extrañamente
no te voy a nombrar a un escritor o editor sino a un director de cine. Muero de
ganas por hacer “Un café en Buenos Aires” con Adolfo Aristarain (a
todos los que vieron la película “Roma” de Cuarón les
recomiendo que vean la “Roma” que filmó Aristarain en
2004). Adolfo ha filmado algunas de las más valiosas películas
del cine argentino y, por esas cuestiones vinculadas a negligencias y cambios
de época, hace quince años que no logra que un productor apueste por su
talento.
Hasta ahora no
logré contactarlo, dicen que es un tipo algo huraño y poco amigo de las
entrevistas. Ya veré cómo hago para llegar a él.
– Una
pregunta infaltable de “Un café en Buenos Aires”: le regalo la posibilidad de
invitar a tomar un café a cualquier escritor de cualquier época; ¿quién sería y
a qué bar lo llevaría?
Ja, ja, ja, supongo que era inevitable
que algún día me hagan esta pregunta a mí. A ver, dejame pensar… Por estos días
McCartney viene a Argentina, así que no sería mala idea compartir un
café junto a Paul. Lo llevaría a alguno de mis refugios de Buenos Aires:
Caravelle, Lattente de la calle Thames, el viejo Argos (que ya cerró, ay…), el
San Bernardo, Libros del Pasaje, Mandrágora, El Federal, El más acá, 36 billares,
Crespín… aunque, no, esperá. Ya sé dónde quisiera llevar a Paul. A un
lugar que ya no existe: el sótano de la Confitería Richmond. Ahí se podía tomar
un café o una cerveza entre una adorable banda de vagos y refugiados que se
pasaban el día jugando al ajedrez y al billar.
– ¿Y qué
pregunta le haría?
Mmm… no sé. Creo que lo miraría embobado
y tartamudearía un “gracias”. Aunque después intentaría tomar coraje y
balbucear un par de preguntas. ¡A ver si a la segunda edición de este libro le
podemos agregar Un café en Buenos Aires con Paul Mc-Cartney!

 Son
demasiados los libros que se publican a los que aún les falta lo que te comen
taba antes: tiempo de reflexión y reposo, reescritura y corrección.


Título: Un café en
Buenos Aires. Conversaciones con escritores, lectores y libreros
Autor: Pablo Di
Marco
Ediciones Unaula
Páginas: 270
*Disponible en las
librerías del país.