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Alguna vez estuve muerto

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Alguna vez estuve muerto
By Libros y Letras 16 de septiembre de 2013
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Por: Zoraya Peñuela/ Bogotá. A raíz de la publicación de la nueva
novela de Fernando Quiroz (Planeta), la oficina de prensa envió un completo
boletín:
Dicen que los que están muriendo ven desfilar en el telón de sus ojos
todos los momentos de su existencia. El narrador de esta novela, en cambio, los
ve en vida mientras asiste a su propio entierro.
Jorge está cansado de los excesos y lujos que le permite la enorme
fortuna que ha conseguido como publicista. Siente que nada tiene sentido aunque
todo lo pueda, por eso decide volver a empezar. No le queda duda de que para
vivir de nuevo hay que morir primero.
A través de los hechos el lector va comprendiendo qué impulsa a un
hombre a renunciar a la gloria para iniciar una valiente búsqueda de sentido.
Con una narrativa intimista que nos habla de las honduras del ser humano va
apareciendo una pregunta inevitable: ¿la vida que llevamos es la que queremos?
“Al pie de unas escaleras, ocho músicos interpretaban una marcha turca
de manera tan festiva que habían logrado convocar decenas de personas a su
alrededor. Era una fiesta. Invitado por uno de los violinistas—el más espigado
del grupo—, el público por momentos acompañaba el ritmo con las palmas, por
momentos movía las manos extendidas hacia el cielo. Algunos bailaban, casi
todos tomaban fotos. La emoción era contagiosa. Al final, las monedas llovieron
de manera generosa. Sin duda, tenían talento. Pero no era su maestría con los
instrumentos lo que premiaban los asistentes, sino esa inyección de vida que
recibían por cuenta de su música.
De repente caí en la cuenta de que no eran del todo jóvenes. Y fue eso,
comprobar que tenían mi edad y se jugaban la vida —y aún jugaban en la vida—,
que no lo tenían todo resuelto, que carecían de vergüenza, que cada sonrisa de
la gente los conmovía como si se tratara de un premio enorme, que tal vez no
buscaban la felicidad como meta sino que vivían en ella como estado, eso, su
derroche de vida pero también su incertidumbre, me conmovió”.