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Carta inédita de José María Arguedas

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Carta inédita de José María Arguedas
By Libros y Letras 17 de marzo de 2015
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Tomado de La República/ Perú/ Pedro Escribano
El hallazgo de una carta sin fecha de José María Arguedas a su amiga cusqueña Elsa Samanez Concha –madre de nuestro gran caricaturista Carlos Tovar, Carlín–, sin duda contiene la primera noticia de la gestación de Todas las sangres, la polémica novela del escritor andahuaylino que ha suscitado, desde su publicación, en 1965, una serie de debates entre literatos y científicos sociales. 
Esta importante carta inédita ha sido recogida en el reciente libro Todas las sangres: cincuenta años después, bajo la edición de Carmen María Pinilla Cisneros y publicación del Ministerio de Cultura.
El libro, que se presentará la próxima semana y constituye el tercer volumen de Pinilla Cisneros por el centenario de Arguedas, es una compilación de una serie de textos de diversos autores en torno a la novela a propósito de los 50 años de Todas las sangres. Además de la carta inédita, reúne ensayos y testimonios, entre ellos de los hermanos Cecilia, Carlos y Teresa Tovar Samanez, del cual ofrecemos un párrafo.

La carta

En la misiva, como se leerá líneas adelante, Arguedas le confía a su amiga Elsa Samanez el nuevo proyecto literario que tiene en mente. No señala en ningún momento que es Todas las sangres, pero por los testimonios de los hermanos Tovar Samanez, por el tenor de la misma y la posible fecha en que fue remitida, se puede deducir que se trata de la citada novela. Leamos un párrafo:
“Elsa: Hacía casi dos años que había concebido un difícil argumento para una novela. Se trataba de interpretar el Perú actual de algunas zonas de la sierra muy dinámicamente vinculadas a Lima, y que por esa causa están cambiando a fondo en toda la estructura social de los pueblos y en el modo de ser de la gente. Empecé a escribir la obra el domingo de carnaval, casi de repente; sentado en una cama y sobre una maleta que puse en mis rodillas, escribí de largo 8 páginas (…)”.
Allí mismo también le habla de ese temor que siempre persiguió al autor de Agua, de la incapacidad de seguir escribiendo y culminar proyectos. También refiere sobre lo que sería una de sus técnicas de escritura, la de bosquejar sus personajes para poder avanzar:
“En cambio si dejo el ambiente de la obra ya formado, sus personajes delineados, continuarla no será difícil. Son como verdaderos seres vivos que una vez que se les ha puesto en marcha ya siguen, si es que efectivamente se les ha infundido un verdadero ser, un soplo mágico real (….)”.
En otro pasaje de la carta aparece una vez más ese otro enemigo, silencioso pero letal, que fue la depresión para Arguedas. Le escribe a su amiga, solidariamente:
“Te comprendo mucho porque hace tantos años que padezco una soledad que no hace sino aumentar. No he podido calmar por ninguna forma esta incomprensión íntima que sufro. Porque ¡cosa curiosa¡ existe hacia mí una comprensión general que debería serme suficiente. Lo que he escrito quizá ha llegado a todos y ha conmovido a todos, pero a mí, como a individuo, como a un hombre que ansía patéticamente una mano cariñosa y dulce que le haga sentir el calor de un corazón generoso, a mí como a criatura de este mundo no me ha caído sino la rudeza, lo agrio (…)”.

Testimonio: hermanos Tovar Samanez

“Cecilia encontró la carta de José María Arguedas ordenando sus papeles; estaba guardada dentro de la revista Oiga en la que se comentaba su suicidio. Cuando este ocurrió, Cecilia no estaba en Lima; estudiaba en Bélgica, donde le llegó la noticia a través de Gustavo Gutiérrez, quien se encontraba de viaje allá, pero regresó enseguida a Lima para estar presente en el sepelio de su amigo.
Carlos sí se encontraba en Lima a la muerte de Arguedas, y con un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería fue a la Universidad de La Molina, donde se velaban los restos de Arguedas, para participar en la romería que se realizó desde allí hasta el cementerio, y que fue multitudinaria.
Nuestra madre comentaba con mucha tristeza el suicidio. Lamentaba no haber frecuentado más a José María por esa época. Nos contaba que lo quería mucho, que siempre fueron amigos. De allí la confianza para hacerse confidencias, que se muestran en la carta.
Cecilia recuerda haber visto también, entre las postales que nuestra madre guardaba, una con un poema que Arguedas le había escrito. Lo buscó pero no lo encontró. Debe haberse perdido durante la cantidad de mudanzas de la familia.
La carta que ahora entregamos al archivo de la PUCP, alma mater de Cecilia, fue escrita cuando Arguedas había salido de Lima por pocos días; en ella habla de haber empezado la redacción de una novela y anuncia que regresa para reanudar la conversación con mi madre que comenta en la carta.
Analizando la carta sin fechar y revisando la cronología de la vida de Arguedas (en el tomo I de sus Obras Completas) pensamos que puede haber sido escrita, o bien antes de nuestra partida a Arequipa (que fue a comienzos de 1958), puesto que menciona una próxima conversación, que no podría tener lugar si nuestra madre no se encontraba en Lima, o bien después de que nuestra madre regresó de Arequipa (a mediados de 1961), o en los años siguientes. La novela a la que hace alusión debe ser Todas las Sangres”.
Libro. Se presentará el 18 de marzo en la Biblioteca Nacional del Perú, San Borja. 6.30 p. m.
Contenido. Reúne textos de Martin Lienhard, Luis Nieto de Degregori, Alejandro Ortiz Rescanieri, Gonzalo Portocarrero, Carla Sagástegui y Stefano Varese, Cecilia Rivera, Francisco Miro Quesada C. Aníbal Quijano, Mario Vargas Llosa y hermanos Cecilia, Carlos y Teresa Tovar Samanez.