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Del escritor José Luis Díaz-Granados

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Del escritor José Luis Díaz-Granados
By Libros y Letras 6 de noviembre de 2013
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No. 6.517, Bogotá, Miércoles 6 de Noviembre del 2013 
La lectura es la gran proveedora de argumentos, la clave para que los demás te escuchen. 
José Miguel Monzón
Del escritor José Luis
Díaz-Granados
Bogotá. Viendo con estupor y dolor de
patriota americano el desastre medioambiental ocasionado por la Texaco (alias Chevron o
viceversa) en territorio ecuatoriano durante tres décadas, en las cuales la
tristemente célebre empresa petrolera norteamericana contaminó de manera letal la Amazonia del hermano
país, no puedo dejar de recordar las atrocidades cometidas en nuestra América
por compañías análogas —la
Standard Oil
Co., la Anaconda Cooper
Mining Co., y la United
Fruit
Co., entre otras—, cuyo fantasma diabólico perpetuó
Pablo Neruda en la epopeya prodigiosa del Canto general en
1950.
Después de releer los innumerables escalones
de versos luctuosos en los que el poeta chileno recrea las barbaridades
cometidas por esos especímenes imperiales que con obsoletos sistemas extraían
de las entrañas de la tierra las infinitas mareas de aceite negro, de cobre
limpio o de radiantes frutos verdes, y que luego convertían los terrenos en
deshechos podridos y en sobras harapientas, cubriendo de desolación y baba
maligna la frescura de nuestros suelos fértiles, volvemos los ojos a la
realidad actual y nos encontramos con los terribles daños ambientales que
ocasionó la
Texaco-Chevron
y que con cinismo abominable quiere revertir
las culpas y las multas precisamente a quienes explotó y contaminó.
Para “colmos de peras en el olmo”,
la empresa multidepredadora —responsable del derrame de 71 millones de litros
de residuos de petróleo y 64 millones de litros de petróleo bruto en más de 2
millones de hectárea de la geografía ecuatoriana—, tiene la desfachatez de
pretender que el pueblo ecuatoriano pague lo que su codicia e insensatez
provocó en el territorio amazónico.
A todo lo largo y ancho de Nuestra América,
es deber de cada uno de sus habitantes, enterarse a fondo y de manera detallada
de este inicuo episodio imperial. Debemos hacerlo a través de los informes
difundidos por el gobierno ecuatoriano, los discursos y denuncias del
presidente Rafael Correa y los documentos emanados del Ministerio de Relaciones
Exteriores y Movilidad Humana, para que de una vez por todas denunciemos ante
las conciencias limpias y nobles del mundo este atropello de la serpiente
excavadora y devastadora contra la hermosa primavera soberana de nuestro
hermano país.