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El síndrome de Borges

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El síndrome de Borges
By Libros y Letras 9 de junio de 2014
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Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Para William Ospina y Harold Alvarado Tenorio
Años después, frente al pelotón de fusilamiento, dos poetas habrían de
recordar que alguna vez Borges dijo que todos los hombres eran uno solo, y que,
ese hombre llamado Borges, dijo alguna vez sin ruborizarse:
«El general Pinochet me pareció un hombre muy grato. Es un hombre
admirable que ha salvado a su patria. Estoy orgulloso de haberle estrechado la
mano a ese prócer de América. La democracia es sólo superstición. Franco fue un
beneficio para su pueblo»
Latinoamérica era entonces una aldea de casitas de barro y cañabrava, y
los dictadores llegaban al poder con las armas. Pero en el otro tiempo, en la
época de los fusilamientos futuros, los dictadores usaban las urnas y ellas se
llenaban de votos sangrientos gracias a cierta peste del insomnio que se había
esparcido como fuego por la llanura, devorando incluso la franja amarilla de
las esperanzas.
–          ¡Qué
irónica es la historia!, -dijeron al unísono los poetas- terminar en el mismo
paredón. Mejor labor hubiésemos hecho escribiendo o traduciendo bellos versos
para Aquitrave.
Qué iban a sospechar siquiera los dos insignes poetas que, como creían
los hechiceros, las lecturas trasmiten ideologías, y sus espíritus terminarían
siendo sometidos por el síndrome de Borges.