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“Sospecho que vivir fuera de Venezuela me genera una lucidez que no podría tener si estuviese allí”: Juan Carlos Méndez Guédez

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“Sospecho que vivir fuera de Venezuela me genera una lucidez que no podría tener si estuviese allí”: Juan Carlos Méndez Guédez
By Ileana Bolívar Ruiz 1 de noviembre de 2018
  • Views: 70
Juan Carlos Méndez Guédez. Foto: Miguel Lizana

Por: Ileana Bolívar R.* / Bogotá.

Todo
comenzó después de terminar una charla con su editora Elena
García-Aranda
 sobre novelas policiales cuando Juan Carlos
Méndez Guédez
 decidió sentarse frente al computador durante cinco días
sin parar y trabajar en lo que sería, un año después, La ola detenida:
Hace años que albergaba la idea de trabajar un personaje, una mujer
detective y bruja, y sentí que había llegado el momento de darle voz.
Necesitaba saber cómo concluía esa historia
”, afirma el escritor venezolano.
Méndez
Guédez
 (Barquisimeto, 1967) es doctor en literatura por la
Universidad de Salamanca y reside en España desde finales de los 90, donde ha
escrito y publicado la mayor parte de su obra lo que le ha permitido
ubicarse  entre los autores más destacados de la literatura
hispanoamericana.
Pese
a vivir lejos de su país natal, nunca ha sido indiferente a su realidad y así
lo ratifica su obra al abordar temas como
el
desarraigo, la migración o la memoria
: “Cuando
estás muy cerca de algo descubres muchos de sus detalles y pierdes otros.
Escribir desde cerca o en la distancia no garantiza que lo hagas mejor o peor
”,
explica Méndez Guédez.
La
ola detenida
 (HarperCollins) es una novela
detectivesca que se desarrolla en la peligrosa Caracas de hoy, donde su
protagonista, Magdalena Yaracuy, temperamental, inteligente, fuerte y seguidora
de la diosa María Lionza, tendrá que resolver el caso de la desaparición de
Begoña, hija de un poderoso político.
Con
una fascinante narración, el autor nos llevará a un pasado nostálgico y a un
estremecedor presente. Una historia contundente que no escatima en denunciar el
crimen organizado, el abuso del poder y los altos niveles de violencia y
corrupción de la actual Venezuela.
Libros
& Letras
 dialogó con el autor sobre esta
novela, 
sus proyectos literarios y su
país.
  
-¿Para construir La ola detenida cuáles fueron
sus autores de referencia
?
-Yo
diría que Simenon, que Fred Vargas, que Graham Greene y Patricia Highsmith.
Pero también pensaría en Osvaldo Soriano,
el maravilloso narrador argentino que transformó la dura realidad argentina en
diversos géneros: el western, la novela de espías, el policial, y que incluso
incorporó gags de película como los pastelazos en la cara. Una mezcla genial y
entrañable.
-¿Cómo definiría La ola detenida? ¿Es una denuncia, una reflexión, un llamado a la
sociedad?
-La
definiría como una novela. Y las novelas incluyen todas esas posibilidades que
mencionas. Lo que sucede es que la novela debe tener la modestia de conocer sus
límites: es un artefacto estético que si logra su objetivo removerá la
intimidad de algún lector, pero no tiene efectos sociales masivos, ni logra con
su denuncia cambiar del todo la realidad. Una novela no es más fuerte que un AK
47. Pero es más hermosa, claro.
-¿Cómo
ha sido escribir desde la distancia sobre Venezuela?
-Cuando estás muy cerca de algo descubres muchos de
sus detalles y pierdes otros. Escribir desde cerca o en la distancia no
garantiza que lo hagas mejor o peor, sólo que el resultado será diferente. Sospecho
que vivir fuera de Venezuela tantos años me genera una lucidez que no podría
tener si estuviese allí. Pero es posible que me pierda de otros matices que le
son reconocibles al autor que sigue viviendo en sus calles. Lo real es que sólo
puedo escribir de esa manera. Estoy fuera de Venezuela desde hace más de veinte
años, y no puedo dejar de pensar en ella.
La memoria
es una constante en su libro, ¿qué tan importante es hablarle al lector del pasado
o el presente?
-Hace poco escuché al escritor Víctor del Árbol comentar que una cosa es la memoria y otra la
historia. La memoria es el modo en que las personas recuerdan lo que sucedió.
La historia sería, dentro de lo posible, la descripción exacta de lo que
sucedió. Las novelas hablan de la memoria que guardan sus personajes, del modo
en que ellos reconstruyen su pasado.


Retomando tu pregunta, hablar sobre el presente
tiene el valor de que al hacerlo logramos una fotografía incompleta, torpe, un
acercamiento desde la inocencia de quien conoce sólo lo que sus ojos pueden
mirar. Y esa foto puede ser importante. Si un venezolano te hablase de su
realidad en el año 88 encontrarías una inocencia, una candidez absoluta;
desconocería la inmensa tragedia que se le viene encima y que en ese momento se
está incubando sin que él lo perciba: el regreso del militarismo, la conquista
del país por parte del narcotráfico y el castrismo. Pero es interesante
percibir esa distancia entre lo que se ve y lo que realmente existe.


En cuanto a la memoria es siempre materia deliciosa
para la novela. Aquí te digo que para uno como lector es fascinante acceder a
una memoria ajena que pasa a formar parte de ti. No estuviste en ese tiempo ni
en ese lugar, pero aquello se incorpora a tu propia existencia. Y ni hablar de
lo que significa la memoria en la escritura: es la percepción de que por
momentos, con tus palabras, estás venciendo el tiempo; estás de regreso a un
lugar que alguna vez fue tuyo y que los años te arrebataron.
-¿Por qué la
protagonista es abandonada por su madre y no por el padre como se supone que pasa
en la realidad?
-En efecto, esa es la historia más común en nuestros
países. Sin ir muy lejos, yo fui abandonado por mi padre. Pero en la literatura
me interesa la singularidad. Yo busco siempre si voy a contar una historia de
amor, que sea una historia posible, real, pero diferente a lo que se espera en
la vida cotidiana. Lo mismo si es una historia familiar, si es una historia de
amistad. Me interesan las excepciones. Según entiendo el conocimiento
científico se basa sobre la repetición de fenómenos que pueden comprenderse
como leyes. Cada vez que abro mi mano y suelto un lápiz éste va a caer al suelo.
En la literatura, lo que interesa es que alguna vez se abra la mano y el lápiz
quede flotando.


Por otra parte, que Magdalena Yaracuy, la
protagonista de La ola detenida, haya sido abandonada por su madre me
fue interesando por diversos motivos. Magdalena es una mujer de una cierta
originalidad vital: sus respuestas ante la existencia no son respuestas
predecibles. Y ahora pienso que eso le viene dado por su propia madre ausente.
Cierto que esa mujer le causó dolor, pero a la vez, le enseñó que hay que vivir
a fondo la vida propia. La madre de Magdalena no se sentía feliz como madre, se
encontraba angustiada, ahogada en ese rol, y por eso huye a Brasil. Es una
decisión que desde la perspectiva de la hija es terrible, es dolorosa y
mezquina, pero también es muy interesante que como mujer esta persona haya
tenido el valor de contradecir lo que el mundo esperaba de ella.
-¿Magdalena
Yaracuy está basada en un personaje de la vida real? ¿Por qué la bautizó con
ese nombre?
-Empecé a escribir esta novela en la Provenza
francesa. Allí existe una leyenda muy interesante sobre María Magdalena, la
amiga de Jesús. Se supone que ella, junto a otras dos mujeres y una niña, huyen
de los romanos y llegan a esta zona que ahora es Francia. Cada una de las
mujeres se dispersa a predicar las buenas nuevas y María Magdalena muere en una
cueva. El caso es que esta leyenda que tiene ramificaciones de todo tipo y
versiones varias, revindica la figura de una mujer que los evangelios hacen
invisible. De hecho, hay un evangelio apócrifo que se le atribuye a  ella, porque en torno a esa figura existe una
tensión muy interesante, ella está muy presente y a la vez se le ignora.


Yo fui criado y cuidado por mujeres, ellas hicieron
de mi infancia un lugar feliz, aunque mi padre había desaparecido. Y La ola
detenida
está protagonizada por una mujer, así que sentí que Magdalena era
un nombre que me regalaba ese lugar donde yo me encontraba en esos días.
Y mucho tiempo después también recordé que una de
mis canciones preferidas de la Billo´s se llama así: Magdalena.


Por otro lado, debo decirte que según mi
experiencia los personajes literarios son más interesantes y plenos que la
mayoría de las personas. Yo para construir mis personajes suelo mezclar tres o
cuatro personas y les agrego todo lo que mi imaginación pueda aportar.


El caso es que me gustó mucho que en una entrevista
que me hicieron en Barcelona Negra el entrevistador al final del diálogo me
dijo: “yo quiero conocer a Magdalena y salir con ella. ¿Me la presentas?”.

…la memoria en la escritura: es la percepción de que por momentos, con tus palabras, estás venciendo el tiempo; estás de regreso a un lugar que alguna vez fue tuyo y que los años te arrebataron.

-En una entrevista
dijo:
“Magdalena es como son hoy día muchas mujeres que escapan de los
conceptos en los que las
podía haber encasillado el machismo, pero también el feminismo”. ¿Este
personaje está pensado para reflexionar sobre el papel de la mujer en la actualidad?
-Lo primero es subrayar que La ola detenida
es una novela detectivesca donde una mujer debe rescatar a otra que ha
desaparecido en la muy peligrosa Venezuela. En ese sentido, este libro pretende
tener todos los ganchos que hacen que un lector se conecte con una obra y
quiera saber su desenlace. Magdalena Yaracuy es una detective que quise
poseyese mucha agudeza, mucho humor, mucha pasión y que utilizase métodos poco
convencionales para resolver sus investigaciones, como sería el caso de la
brujería.  


Los novelistas pensamos el mundo como historias, no
como conceptos.


No es normal que yo configure un personaje para
reflexionar sobre un aspecto de la realidad, porque eso es más bien propio del
ensayo o el periodismo. Pero desde luego, el papel de la mujer en la
actualidad es un tema fundamental. 


Magdalena
Yaracuy es apasionada, ruda, libre; su forma de vivir es muy contraria a la de
las mujeres que aparecen en los cuentos de hadas o en las telenovelas.


Es
un tipo de mujer que he conocido y que me interesa narrar. Hay muchos otros
modos de ser mujer, pero a mí me interesó contar éste en concreto, porque
admito que he reído durante horas cuando alguna amiga me cuenta sin tapujos su
vida y compruebo que no tiene nada que ver con las expectativas que su entorno
se hace sobre ella.
-¿Qué encontramos de de Juan Carlos Méndez Guédez
en
La ola detenida?
-Sobre
todo los lugares. Madrid, Caracas, Barquisimeto, Salamanca, Aix en Provence. Suelo
ser un escritor auto-geográfico. Me gusta que mis personajes caminen por
lugares en los que yo he caminado pues así me siento más libre para imaginar.


Pero
hay otro elemento. Magdalena Yaracuy forma parte de un culto religioso
venezolano que es el espiritismo marialioncero. Una religiosidad muy reciente
que tiene unos cien años y que tiene como diosa principal a una mujer: María
Lionza.


De
niño y adolescente, una parte de mi mundo estuvo muy vinculada al espiritismo
marialioncero. Fui muchas veces a su montaña sagrada: Sorte. Participé de sus
ritos, de sus ensalmos, adoré sus humildes altares en los que había ofrendas
sencillas como frutas, panes, leche, velas.


Hoy
en día soy agnóstico, pero sigo sintiendo una ternura muy especial por esta
espiritualidad que como en las muy antiguas religiones anteriores al
cristianismo, tienen como deidad máxima a una mujer. Es una religiosidad muy
popular, un poco demonizada por las clases altas o cultas, que se mofan de ella
con criterios medievales o clasistas.


Cuando
escribo tengo frente a mí una imagen de María Lionza, y al alzar el rostro le
digo siempre que el mundo es un lugar muy malo, pero que si ella existe, nos lo
demuestre trayendo de tanto en tanto un poco de felicidad a las personas.
-En esta novela encontramos con varias referencias
a escritores como Sarduy, Hemingway o Simenon, ¿Por qué los incluyó?
-Magdalena
es una mujer a la que le gusta rodearse de belleza. La música, los buenos
libros. En ella sucede de manera natural una mezcla entre sus pasiones por la
música de un grupo como “La dimensión Latina”, como por un concierto de
Paganini. Hay una continuidad que es el placer.
Esos
autores que mencionas son importantes para ella por distintas razones. Representan
momentos importantes de su vida o le han deparado una comprensión nueva sobre
la realidad. Sarduy es la
sensorialidad profunda de las palabras y el cuerpo; Hemingway la contundencia y la precisión de la mirada; Simenon la profusión, la riqueza
infinita de las historias.
La ola detenida
ha sido muy bien recibida y hasta elogiada en varios países, ¿Cómo le gustaría que la recibieran los colombianos?
-Cuando
un venezolano está en Colombia sabe que está en una parte muy honda de sí
mismo. No es un asunto retórico. Palabras, entonaciones andinas o costeñas, el
humor, el pasado, el presente. Las disputas que se dan entre hermanos; las
coincidencias. Yo recuerdo un momento de mi juventud que jamás olvidé: el
momento en que Colombia empata ante Alemania en el mundial del 90. Admito que
yo había apagado la tele decepcionado porque Colombia estaba perdiendo, y corrí
a encenderlo porque fue tal el grito de gol que se escuchó en toda Caracas, que
comprendí que algo bueno había sucedido.


¿Cómo
me gustaría que recibieran los lectores colombianos? Con mucha curiosidad; que
comprueben si esta historia tiene algo que decirles.
-¿Por qué le gusta narrar historias de personajes
atormentados, afligidos o con debilidades que saben ocultar?
-Vargas Llosa lo dijo en alguna ocasión.
La felicidad es literariamente improductiva.
La
felicidad la queremos en la vida, pero un libro avanza precisamente por lo que
tiene de roce, de conflicto, de herida. Me interesa eso que comentas sobre el
ocultamiento que hacen mis personajes de su debilidad, de su tormento. Quizá
este es un tiempo donde eso sucede mucho. ¿No son las redes sociales un lugar
donde toda la gente es infinitamente feliz? Las redes pretenden mostrarlo todo
y en el fondo son una máscara. Y no me parece malo que así sea. La intimidad es
un territorio precioso. Lo real es que me cuesta creer en las lágrimas que
saltan desde un tuit o desde Facebook.
El
caso es que yo entiendo los libros como el susurro que sucede entre el narrador
y el lector, y dentro de ese susurro se escenifica una intimidad en la que los
personajes terminan mostrando sus debilidades, sus aflicciones.
Tal
vez por eso me gusta contar este tipo de historias.
-¿Veremos a Magdalena Yaracuy en otras historias?
-Espero
que sí. Tengo ideas para tres o cuatro novelas más con ella. Pero ahora mismo,
el año próximo aparecerá en España un libro de cuentos: Los libros del maíz, que tienen un desarrollo mítico y poético muy
distinto al que encontramos en La ola
detenida
.
Me
gusta mucho variar de libro a libro. Ser un autor que pudiese ser muchos
autores.
-¿Los escritores deberían asumir alguna posición política
a través de su literatura?
-Yo
pienso que no.
A
mí en lo personal me interesa conocer la intimidad de los personajes, eso
incluye su visión política del mundo, sus miedos, sus deseos. Si quiero
enterarme de las posiciones políticas de un escritor leo sus artículos de
prensa o sus redes sociales.


Sospecho
que cuando entran de manera directa en un cuento o una novela las posiciones
políticas de un autor producen un trastorno estético irremediable. 


En
todo caso, lo maravilloso de la literatura es que te asomas a la intimidad de
quienes no son como tú. Magdalena Yaracuy, por ejemplo, ha confiado en el 98 en
el poder redentor de los militares venezolanos, y ahora se encuentra
arrepentida. Ese no fue mi proceso. Ya en ese año yo sabía que esa gente sólo
traería desgracias. Pero quería contar una historia desde la visión de alguien
que no necesariamente coincide conmigo.


De
todos modos, yo espero que los lectores establezcan una complicidad con esta
historia por aquello que hace interesante los libros: la curiosidad: que esa
historia de una detective que debe enfrentarse a ladrones, paramilitares,
espías, militares y policías para descubrir dónde se encuentra la chica que
está buscando, les active la curiosidad, la expectativa, las ganas de seguir
adelante.

 

…este libro pretende tener todos los ganchos
que hacen que un lector se conecte con una obra y quiera saber su desenlace

*En twitter: @ileana_bolivar