Entrevista, Armando Romero

No. 6.515, Bogotá, Lunes 4 de Noviembre del 2013 
Es hermoso escribir porque reúne las dos alegrías: hablar uno solo y hablarle a la multitud. 
Cesare Pavese
Entrevista en Panamá
a Armando Romero por Luis Pulido Ritter.
¿Quien mató a
Ruperta?
Entrevistamos al
poeta, novelista y profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de
Cincinnati, Armando Romero, quien fue parte del grupo inicial del controvertido
movimiento literario los nadaístas en Cali. Ha escrito múltiples libros de
poesía, ensayos y su novela La rueda de
Chicago
(2004) fue finalista del concurso Clarín de novela en Buenos Aires
y en el 2005 obtuvo el Latin American Book Award de la feria del libro en Nueva
York. En 2011 obtuvo el Premio de Novela Corta Pola de Siero, España, con su
novela Cajambre.
Cajambre, ¿qué te llevó a escribir esta novela que
transcurre en una región afro del Pacifico colombiano?
AR: Mis tíos tenían aserríos en esta parte
selvática del Pacífico colombiano, y allí estuve de visita cuando era joven.
Fue una experiencia inolvidable que me marcó profundamente. La idea inicial era
buscar los fondos de ese proceso de transculturización que se da entre colonos
blancos y habitantes negros. Esa idea subsiste en la novela pero no impide que
el foco se extienda a la comunidad negra, y en especial a las mujeres,
representadas por Ruperta. Ellas, como piangüeras, amas de casa, agricultoras,
son el pilar de esta sociedad, su alma podríamos decir.
– La
novela comienza con la intriga de quién mató a Ruperta. Y termina revelándose
el enigma a través/la ayuda del yerbatero Secundino: no hay policías, no hay
detectives. ¿Es un antipolicíaco, una gestión propia de la comunidad, que
arregla sus problemas?
AR: Creo que a pesar de que Secundino es
importante en la resolución final de la novela, el enigma es resuelto por
todos. Cada uno pone algo de su parte directa o indirectamente. Es la comunidad
de negros y blancos la que necesita resolver el enigma. No hacerlo
desestabilizaría el orden interno que se ha logrado por años, donde hay un
colonialismo de conveniencias mutuas. Esto podría parecer muy paradójico, pero
no debemos olvidar, y eso se señala en la novela, que esta región, durante los
años en que transcurre la novela, ha mantenido la paz mientras Colombia entera
está pasando por una época de extrema violencia. Lastimosamente la realidad hoy
en día es completamente diferente. Ese orden interno se vería roto si se
permite la participación de las fuerzas de policía, judiciales o militares, y
así, como tú puedes recordar, todos se oponen a la sugerencia de traer a
Cajambre estas fuerzas. Por otro lado, y esto también es importante, la
comunidad negra necesita, desde el punto de vista religioso, saber quién mató a
Ruperta.
-En Cajambre se encuentran los negros, los extranjeros
europeos, los blancos paisas, el catolicismo, y el impulso de una comunidad que
termina protegiéndose de especuladores y pistoleros. ¿Un modelo de convivencia
para Colombia, pero sin gringos norteamericanos?
AR: Sí, podría ser. Pero nunca me lo planteé.
No era esa mi intención y sin embargo es una lectura que considero válida.
Todos estos grupos que habitan Cajambre tienen que mantener un equilibrio
estable, duradero. Hay que tener en cuenta que no son muchos, son comunidades
pequeñas comunicadas por ríos, esteros, caminos en la selva, que forman lo que
llamamos Cajambre, gracias al inmenso río de este nombre. Las funciones de
ellos son específicas, claras, y todos dependen de la estabilidad de la
comunidad. Por eso cualquier acto de violencia debe ser enfrentado
inmediatamente, resuelto. Es esencial el mutuo respeto, mantener bien definidas
las fronteras culturales. El máximo peligro es la tierra misma, el mar, los
ríos, la selva, y esto no se puede remediar. La violencia humana sí. Ahora bien,
los norteamericanos no están ausentes. Si recuerdas te encontrarás que hay uno
que está cultivando abejas, enseñándole a jugar “mini-golf” a los negros, lleno
de armas.
-«La
tierra no es de nadie» se afirma en la novela. ¿Hoy ha cambiado la
situación allí?
AR: En la época en que se sitúa la novela
esta era tierra de nadie y de todos. La idea era simplemente llegar, levantar
un caserío, poner un aserrío, y empezar a trabajar. Los primeros que llegaron,
luego de la II
guerra mundial, se apoderaron de los mejores sitios para transportar la madera
desde la selva a los barcos. Entre ellos mis tíos. Pero los años le demostraron
a la comunidad negra que esta forma de libertad era contraproducente,
especialmente cuando aparecieron en Cajambre la guerrilla, los narcotraficantes
y los paramilitares. Al comenzar el desplazamiento de los campesinos en esta
zona empezaron a perder la tierra que tenían. Mis tíos ya habían salido años
antes. Se crearon entonces centros de protección de la tierra y comunidades con
leyes más orgánicas, enlazadas al contexto nacional. No se ha logrado mucho, a
mi parecer, pero algunos subsisten y hay esperanza en que los procesos de paz
les ayuden. Pero selva es selva, y no hay dificultad en asentarse allí. Lo
difícil es cómo subsistir.
-Terminé
la novela preguntándome cómo se llamaba el narrador. ¿Por qué se ha obviado su
nombre?
AR: El personaje de Cajambre nunca
revela su nombre. Hay novelas así. Ahora recuerdo Justine de Lawrence
Durrell, por ejemplo. La verdad es que dado que mis otras tres novelas, Un
día entre las cruces, La piel por la piel
y La rueda de Chicago
tienen el mismo personaje narrador, Elipsio, y forman una trilogía, entonces
para esta novela quería dejar abierta la posibilidad de que quien fuese lector
de mis otras novelas no sintiera el peso de ellas al leer ésta, y tratara de
establecer conexiones. Pero tampoco quería crear otro personaje, totalmente
independiente de esas otras novelas. Así, el narrador creo se define por sus
acciones y relaciones, por su ser escritor principiante, por su presencia un
tanto secundaria, y por su ojo casi omnisciente.
-Hay
un pasaje donde el tío del joven escritor refiriéndose a los negros del
Pacífico colombiano, dice: “si vivieran en Bogotá no serían negros”. ¿Es esto
un ir más allá de la raza, del color de la piel, del racismo de nuestros
países?
AR: Sí, pero sería bueno ver esto desde una
perspectiva amplia. Según lo que yo propongo dentro de la novela con relación
al hecho de ser “negro” es algo que podría prestarse a una discusión que yo
aceptaría encantado. Como yo lo veo, y lo pude constatar en la selva de
Cajambre, es que una vez que entras y permaneces empiezas a  adquirir ciertas características culturales
que te hacen “negro”, no importa que seas blanco o negro. Pero si sales o si no
te integras a la vida de la comunidad esto no se da. Así, un negro que vaya a
vivir a la ciudad deja de ser “negro”, y un blanco que se quede en este mundo
deviene “negro”. Mi reflexión empezó porque yo me dí cuenta que uno de mis tíos
ya era un “negro”, mientras los otros no. También cuando vi a gente nativa de
Cajambre en la ciudad (Cali, en este caso), noté que ya no eran los mismos,
inmediatamente su cultura había sufrido un choque, y que mis informantes eran
conscientes de que la distancia los transformaba. Parece simple, pero en la
realidad es complejo, y se presta para malentendidos de parte y parte. 


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