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Entrevista, Azriel Bibliowicz.

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Entrevista, Azriel Bibliowicz.
By Libros y Letras 29 de octubre de 2013
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No. 6.509, Bogotá, Martes 29 de Octubre del 2013 
La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura. 
Adolfo Bioy Casares
Azriel Bibliowicz.
Sin
los libros hubiera perdido una de las fuentes de felicidad que tienen los seres
humanos
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)
Última Parte
– ¿Qué hace falta para que
en Colombia consolidemos realmente el hábito de la lectura?
– Es una pregunta difícil que tiene que está
relacionado con el sistema educativo que tenemos, en donde los profesores desde
temprana edad no saben llevar a los niños a los libros, ni despertar su
curiosidad. Aprender a leer es aprender a soñar. Si uno ve a un niño de 5 años
aprendiendo a leer,  parece fascinado por
el proceso de unir las letras y encontrar las palabras. Se le abre un mundo. Y
sin embargo, esa fascinación se pierde cuando ya tiene 8 o 9 años. ¿Qué ha
pasado? Pues, el sistema educativo ha transformado la lectura en odiosa y
tediosa. No nos digamos mentiras. Si los profesores de las escuelas y colegios
no leen, ni son lectores, como esperamos que el niño lea. Si en la casa no ven
a sus padres leyendo, aun cuando sea el periódico, como esperamos que el niño
lea. Se aprende por imitación y en este país la gran mayoría de la gente no ha
descubierto el placer de la lectura. Pero el placer de la lectura es como el
placer de catar un buen vino o disfrutar un queso maduro. No se logra de la
noche  a la mañana. Hay que cultivar el
gusto y asi como se educa el paladar (que lamentablemente se acostumbra rápidamente
a la comida chatarra) lo mismo sucede con el gusto por la lectura. No es fácil
porque la lectura no es pasiva ni se consume de manera instantánea como la
televisión o los medios. Para sentir el placer de la lectura hay que cultivarla
y trabajarla hasta que de pronto se despierta la curiosidad que lo lleva a uno
a hacer  preguntas y a buscar  historias y elementos que necesariamente
desembocan en los libros.  Si se le dice
a los adolescentes que las Mil y Una
Noche
es una historia llena de sexo y placer, de pronto buscarían la obra y
estoy seguro que la leerían.Y no se imaginan el mundo fascinante que
descubrirían.
– ¿Se angustia saber que
llegara el día en que nos gane el libro digital?
– La verdad: no. Yo soy anticuado y por lo
tanto me gusta el formato del codex, el libro tradicional.  Sin embargo, tampoco soy un ludita y no estoy
dispuesto a romper cada máquina que surge. 
Es un nuevo formato. Y vuelve más económicos los libros, en un país como
Colombia que son costosísimos y de difícil acceso. No sé qué va a pasar con los
autores, pero confiemos que también los libros circulen más y los derechos de
autor también se respeten. El libro electrónico tiene par a mí sus
inconvenientes, pero son resquemores personal. Por ejemplo, me encanta que los
autores que conozco me firmen sus libros. No me imagino como van a firmarme su
libro en un Kindle. Con toda tecnología siempre se pierde y se gana. Pero,
también sé que para la gente que tiene problemas de visión, el poder leer y
aumentar el tamaño de la letra, resulta fundamental.
– Ver una nueva edición de El
Rumor del Astracán
”, es más que una satisfacción…
– Para uno como autor siempre será grato ver
que una de sus obras no quiere dormir la siesta de los justos. El sigue
caminando tan campante. Durante años recibía mes tras mes correos de gente
preguntándome porque no se conseguía el libro en las librerías, que querían
leerlo. Es una novela que anido en la memoria de los lectores. Le estoy muy
agradecido a Esteban Hincapié y a la Corporación Babilonia
que hayan vuelto a editar esta novela después de 22 años. Fue una de las
primeras novelas sobre inmigración en Colombia y además  una novela cuyas atmósferas reconstruye la Bogotá de los años treinta
y Ruth su protagonista es una mujer 
moderna que lucha por romper los lazos que la tradición y la cultura de
su época  han intentado forjar su
destino.
– ¿Qué finales de novela le
gustan?
– Diría que los sorprendentes  e inolvidables. Cien años de Soledad, por ejemplo tiene un final maravilloso e
inolvidable. Creo que los finales inolvidables son los mejores. Ahora bien, hay
finales tiernos como el de Ulises de
James Joyce, donde la palabra Si, marca la afirmación y el optimismo por
recuperar una relación en conflicto. Y sin embargo, es un final también lleno
de preguntas más que de respuestas. La literatura contemporánea, quizás más que
proveer de certezas nos llena de incertidumbres y preguntas y creo que esos
finales abiertos logran que el lector participe del final. Cada lector puede
tener su final.
– En pocas palabras ¿Cuál es
el tema central de la novela
Migas de Pan?
– Confieso que no me gusta resumir las
novelas porque se empobrecen. Sin embargo, creo que la contracarátula que
escribió la editora Carolina López de Alfaguara hizo un buen trabajo. La
resumió así: Josué un sobreviviente del Holocausto, es secuestrado en Colombia
muchos años después, cuando creía que vivir más horror era imposible. Su hijo
Samuel, un médico que vive en Nueva York, debe regresar al país para estar
frente de las negociaciones del rescate. Mientras hace conjeturas sobre la
suerte y liberación del padre, recorre el espacio más revelador de la casa
familiar: un “gabinete de maravillas” que Josué ha construido con la firme
intención de demostrar que la humanidad a pesar de sí misma, ha dejado un
importante legado que merece ser recobrado. Esta novela nos muestra como
siempre hay maneras para reivindicar la vida hasta en las situaciones más
sombrías.
– ¿Hay otra novela lista
para publicar?
  No.
Yo trabajo lento, y trato que mis obras sean el producto de una investigación
cuidadosa sobre los temas que me interesa, pero confío que dentro de un par de
años pueda salir con otra novela sobre Bogotá. Esta es una ciudad que crece de
manera desordenada y la manejan urbanizadores que se consideran “prohombres”
pero que se roban los parques de la ciudad y cambian las leyes de acuerdo con
sus intereses y conveniencia. Hay que tener en cuenta que el 52% de Bogotá se
urbanizó a través de urbanizadores piratas, y que en esta ciudad había 500.000
hectáreas de humedales y ahora solo quedan 500. La administración pública se
acostumbró a ver como se vendían lotes de manera indolente sin servicios de
agua,  alcantarillado o luz.