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Entrevista con Lina María Pérez

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Entrevista con Lina María Pérez
By Libros y Letras 23 de diciembre de 2011
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Libros y Letras 

Lina María Pérez 

Los cuentos de Las mil y una noches 
fueron mi primer asombro literario 

Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)

A pesar de todo, Lina María Pérez siempre está ahí. Siempre…A veces leyendo, a veces escribiendo, a veces tejiendo, pero siempre pensando y recordando. Recordando, sí. Recordando a quienes estuvieron a su lado, a sus amigos, a sus allegados, al Gran Cronopio, ese inolvidable Cronopio cómplice de tantas aventuras literarias. 
Cuando ganó el Premio Juan Rulfo pensamos que no la volveríamos a ver, porque a muchos estos galardones los hacen levitar. Pero no. A ella. Al contrario. Este premio hizo acercar más a Lina María a sus amigos, a esos cómplices silenciosos, a esos compinches de la vida, de las metáforas, por eso se triplicaron las invitaciones a tomar café, a compartir un libro, una reseña, un comentario, a emocionarse ante un libro nuevo, a alegrarse por una nueva noticia, por un nuevo abrazo. 
Cuando leímos Mortajas cruzadas vimos que Lina María estaba allí, sumergida en sus páginas, escondida tras cada idea, tras cada frase, tras cada ilusión. Y así nos pasó con retrocedimos en el tiempo cuando leímos “Martín Tominejo” un hermoso cuento escrito para los niños pero nosotros, los que hemos pasado del medio siglo, disfrutamos como niños. Y así nos pasó con Cuentos sin antifaz en donde se nota la nostalgia por el que se fue, por ese amigo que estando lejos está inmensamente cerca. 
Ahora volvió con Cuentos colgados al sol los que le leímos de un solo golpe, especialmente el más pequeño “Bomba de tiempo” y el más hermoso “La cama de hierro forjado”. Estos dos son sencillamente hermosos. 
– ¿Cómo naciste en el mundo de la literatura? 
– En medio de una casa llena de libros y mi mamá siempre leyendo. Nunca la vi frente a un televisor. 
¿Cómo fueron los autores que te iniciaron en el mundo de la literatura?
Los cuentos de Las mil y una noches fueron mi primer asombro literario. Como un “ábrete sésamo” con el que encontré las claves de la imaginación. Y empecé a escribir sin escribir, a recrear en mi mente, a variar los argumentos y los personajes. 
– ¿Qué autores contemporáneos te roban hoy el tiempo? 
– Mi encuentro con Thomas Bernhard ha sido un arduo cuestionamiento de las verdades descarnadas dichas con la más exquisita literatura. Plantea una estética de la desolación humana que me ha llegado muy hondo. Leo a Julian Barnes, a Calvino, a Coetzee, a Baricco, a Magris, a Houellebecq, a Pamuk… De vez en cuando Borges me hace señas, otras veces, la Yourcenar o Shakespeare. Ahora estoy apasionada con los cuentos de Dino Buzzati… Y tengo tantos libros en una cola tremenda que me desconsuela… pero ellos son sabios, saben esperar hasta que nos encontremos. 

– ¿Qué ha significado en tu vida Vladimir Nabokov? 
– La coherencia ética y estética frente a la literatura. Él no concebía la vida sin escribir. De familia de la alta burguesía rusa se transformó en un permanente exiliado hasta que se radicó en Montreaux. Pasó hambre, enseñó tennis, dictó sus famosas cátedras literarias al borde de una pobreza llevada con dignidad y nunca dejó de escribir. Pero eso es anecdótico. Lo que me sigue enseñando Nabokov es su conciencia literaria traducida en su lenguaje exquisito, en el tratamiento de sus temas, el tono, la hondura de los personajes, la voz narrativa siempre con juegos de duplicidad, espejos y desdoblamientos, su mirada áspera y a la vez tierna de retratar las culturas en las que ocurren sus historias. Sus procedimientos, su manera de concebir sus tramas argumentales superan la vanguardia impuesta por Proust, Joyce, Wolf… A Nabokov lo leo despacio, con la lupa que él puso al desentrañar la magia del lenguaje. Y aprendo de él sus extraordinarios personajes que rompen con lo convencional. El lugar común es mencionar a Lolita, su obra maestra que nos da el deleite de la sensibilidad golpeando la conciencia occidental de posguerra. Pero hablar de Pnin, Ada, Luzhin, Sebastian Knight, John Shade, Kinbote… es recorrer una galería de espléndidos personajes. 
– ¿Es complicado escribir para niños o más para adultos? 
– Para mí no es complicado escribir. Cuando la historia se me impone, ella me dicta sus secretos, su magia, su complejidad. Y ante ella, me vuelvo lector mientras la escribo, y regreso a la infancia, o soy joven irreverente o adulto contestatario. 
– ¿Cómo surgió la idea de “Martín Tominejo”? 
– Como todas mis ideas literarias, de un baúl sin fondo. 
– ¿Cuál es el más bello recuerdo de nuestro Gran Cronopio? 
– Su sonrisa, sus corajes, su humanidad y sabiduría. 
– ¿Ganar el Juan Rulfo es un gran compromiso con quienes siempre te han leído? 
– Ante todo un compromiso conmigo y con mi literatura. Debía ser coherente, concretar mi disciplina, mi fervor por la escritura. Han pasado 10 años del premio y cada vez escribo más autocríticamente, observando mi evolución, las sorpresas que el propio texto me da, lo que aprendo con cada cuento… 
– ¿Qué experiencia te dejó Mortajas cruzadas? 
– 7 años de una escritura febril. Empezó con la anécdota sobre el robo masivo en el entierro de mi papá. Robaron billeteras, plata, celulares de un modo muy sutil con la técnica del chalequeo. El episodio se volvió el eslabón de una cadena, unos personajes con peso, situaciones relacionadas con otras muertes y la indiferencia de la sociedad. Una novela de contrastes de lenguajes, de interioridades, de conflictos. Hay suspenso y humor negro, pero como no quería una novela anecdótica, experimenté estructuras, voces y varias escrituras a cargo de distintos personajes. Es una novela escrita con mucho rigor que significó mi encuentro con el género. 
– ¿Cuándo empezaste a reunir los Cuentos colgados al sol? 
– A mí los cuentos me persiguen. Están en todas partes. Vivo con el temor de que si no los escribo alguien me los va a robar. No tengo fórmulas, pero sí los concibo desde el humor negro donde puedo mirar con ironía a mis personajes atrapados en situaciones extremas dentro de las rutinas cotidianas. Estos cuentos son plurales desde sus propuestas argumentales hasta la expresión de los mismos. A mí me gusta leer colecciones de relatos discímiles, que cada uno me dé una sorpresa distinta. Los colgué al sol como uno cuelga diferentes piezas de ropa. 
– “La cama de hierro forjado” es un hermoso cuento ¿Cómo surgió? 
– De una noticia en el periódico, hace unos 3 años. A una mujer le cambiaron el número en el directorio telefónico y pensó demandar a la empresa de teléfonos. Esa es la fuente preliteraria. Lo demás es de mi cosecha. 
– ¿Cómo ha sido la experiencia con Ediciones Pluma de Mompox? 
– Me gustó mucho participar en ese esfuerzo editorial al lado de escritores reconocidos y algunos no tanto. El resultado es una colección de más de 60 escritores muy vitales. 
– ¿Se enseña a escribir? Como profesora de la Maestría de Escrituras Creativas de la Nacional, ¿qué puede decir? 
– No enseño a escribir y destruyo el mito de las musas. El entusiasmo de los estudiantes se aterriza, y lo primero que confronto en cada uno, es su dominio del lenguaje, su conciencia lingüística traducida en una voluntad estética de manejar la sintaxis, la gramática, el vocabulario con una intención creativa. Cuando ellos se sorprenden con sus propios hallazgos, empiezan a confiar en la palabra, en sus significados y potencialidades. Ahí es cuando comprenden el trabajo del escritor, botan las musas a la caneca y emprenden el arduo y deleitoso trabajo de contar literariamente una historia.