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Entrevista, Juan Villoro

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Entrevista, Juan Villoro
By Libros y Letras 14 de noviembre de 2013
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No. 6.525, Bogotá, Jueves 14 de Noviembre del 2013 
Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos. 
Sir Francis Bacon
En Guadalajara, homenaje
Nacional de Periodismo Cultural
México/ “El periodismo es la
forma más directa de la escritura”
  
La riqueza y la variedad de la
obra del escritor y periodista mexicano Juan Villoro le han valido el Homenaje
Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, que recibirá el 2 de Diciembre
en la 27 Feria Internacional del Libro de Guadalajara
Juan Villoro ha incursionado en casi todos
los géneros de la escritura: desde la novela, la crónica hasta los libros
infantiles. Y ha sido el periodismo uno de los campos más fértiles en la
trayectoria de este escritor mexicano, quien recibirá el Homenaje Nacional de
Periodismo Cultural Fernando Benítez en la 27 Feria Internacional del Libro de
Guadalajara en reconocimiento a su trayectoria como periodista.
Villoro nació en la Ciudad de México en 1956.
Estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana y fue alumno
de Augusto Monterroso. Amante de la música, condujo de 1977 a 1981 la emisión El lado oscuro de la luna, en Radio
Educación. Fue agregado cultural en la Embajada de México en Berlín entre 1981 y 1984. Ha
sido profesor de literatura en la Universidad Nacional
Autónoma de México y profesor invitado en las universidades de Yale, Boston,
Pompeu Fabra y Princeton. Es colaborador de publicaciones como El País, ABC, El Malpensante, Letras Libres, Nexos, Proceso, entre
otras. Dirigió el suplemento cultural La
Jornada Semanal
de 1995 a 1998. En 2004 recibió el Premio
Herralde por su novela El testigo.
– ¿Qué
significa para usted este homenaje?
– Tuve la suerte de conocer a Fernando
Benítez y trabajar con él en el proyecto de un periódico que no llegó a
realizarse. Yo dirigía la sección de cultura de ese hipotético diario y durante
dos años nos reunimos a planear el proyecto. Para mí fue un aprendizaje
extraordinario, que se agregó al que había recibido por libros como Los indios de México o El rey viejo. En el primer número que
dirigí de La Jornada Semanal,
señalé que trataríamos de seguir la estela de Fernando Benítez, reinventor
moderno de la idea de suplemento cultural. Por todo esto me da mucho gusto
estar asociado a un reconocimiento que lleva su nombre. He participado como
comentarista en los homenajes que recibieron Vicente Leñero, José Emilio
Pacheco y Roger Bartra. Obviamente, me siento muy honrado de seguir su
trayectoria.
– De
todas sus facetas como autor, ¿cómo vive la de periodista?
– El periodismo es la forma más directa de la
escritura. Ahí no te puedes dar el lujo de ser obscuro o confuso. No hay
posibilidad de posponer a tus lectores para que te comprendan dentro de
cuarenta años. El periodismo es una lección de claridad. La adrenalina que te
genera es enorme, pero hay cosas que sólo surgen por la presión de que las
digas. “El hombre acorralado se vuelve elocuente”, escribió George
Steiner. Ese podría ser el lema del periodismo.
– ¿Qué
define al buen periodismo?
– Un buen periodista debe mezclar la
curiosidad con la empatía, el interés por los demás con la capacidad de generar
su confianza. En el periodismo, las claves de la realidad están en los demás, y
hay que convencerlos para que te las entreguen.
¿En
qué contribuye el periodismo, particularmente el cultural, a una sociedad como
la mexicana?
– La crónica es la mejor manera de que la
información se mezcle con la emoción. Las noticias lejanas nos pueden dejar
indiferentes, pero cuando conocemos los destinos individuales a los que les
afectó eso, sentimos en nuestra propia piel lo sucedido. La crónica narra la
vida privada de los sucesos públicos. Por lo tanto, puede movilizar a la gente.
– ¿Qué
periodistas le han influenciado?
– Me gustaría tener la influencia de Jorge
Ibargüengoitia y del joven Gabriel García Márquez. La lista de colegas que me
ha influido es infinita, de José Martí y Martín Luis Guzmán a Tom Wolfe y Ryszard
Kapuściński, pasando por Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska. Las crónicas
deportivas y de nota roja del mexicano Ramón Márquez me parecen sorprendentes,
lo mismo que las crónicas urbanas del chileno Roberto Merino, los textos de
futbol del argentino o de Martín Caparrós (con quien escribí un libro) o las
crónicas sobre Fujimori y Montesinos del peruano Luis Jochamowitz.
– ¿Qué
de arte tiene una crónica?
– En sus grandes momentos, la crónica es
literatura escrita bajo presión. La crónica sin ficción Relato de un náufrago es tan significativa como la memoria con
ficción Crónica de una muerte anunciada.
– ¿De
qué sirve el periodismo en estos tiempos?
– Sirve para buscar lo que no todos quieren
conocer: la verdad.