Entrevista, Lina María Pérez

Lina María Pérez
Ganadora del Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 

Recuerdo especialmente mis asombros ante los cuentos de las Mil y una noches 
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras
Ganar el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo no es nada fácil, y menos cuando los escritores saben que son miles de escritores del mundo que participan siempre pensando en llevarse ese galardó, pero Lina María Pérez lo intentó y se alzó con él. 
– ¿A qué edad supo que las letras iban a ser su vida? 
– Desde que empecé a escribir sin escribir. Imaginando nuevos cauces a los cuentos que me leían mis padres. 
– ¿Siempre ha estado sumergida en el mundo de los libros? 
– Libros, siempre libros. Mi mamá no hablaba mucho, siempre estaba concentrada en uno. Guardo esa imagen de fervor por la lectura como algo muy significativo. 
– ¿Cuáles fueron sus primeros libros infantiles? 
– Recuerdo especialmente mis asombros ante los cuentos de las Mil y una noches. Y las historias de los héroes medievales. Mi necesidad de narrar surgió con el encantamiento con diversas narrativas: no solo las de los libros. Fueron muy importantes las radionovelas que oía con la niñera y el cine que era un plan casi semanal de la familia. 
– ¿Hubo un protagonista especial de una novela que le hubiera robado más de un suspiro? 
– Melquíades, el mago. En él recae toda la responsabilidad narrativa de los 100 años de soledad de la familia Buendía con los manuscritos indescifrables. Es el Cidi Hamete Benengeli, el depositario de la historia de Macondo. Y Marcel, el personaje narrador de En busca del Tiempo perdido, y regreso a él siempre, para indagarme y reconocer cuánto me transforma su discurso estético de 7 tomos. Funes de Borges, Juan Preciado en Pedro Páramo, el pianista de El malogrado de Bernhard… 
– ¿A qué edad escribió su primer cuento y cuál fue el tema? 
– A los quince años. Gané un premio en el colegio en la clase de filosofía. Una fábula en la que Don quijote de la Mancha y Einstein se encuentran para hablar de sus contextos. 
– ¿Qué cuento cree que la “graduó” de escritora? 
Silencio de neón me apasionó en la mente durante mucho tiempo con el triángulo amoroso que se resuelve fuera de la convención. Fue mi primer cuento en computador y me liberó de la máquina de escribir. Sonata en mí me enseñó las honduras del género. Acabo de ceder mis derechos para un cortometraje en España. Los más recientes, Cuentos colgados al sol me muestran una evolución, no solo en temas y en la escritura misma, sino en mi actitud literaria. 
– ¿Es la literatura su mejor forma de entender la vida? 
– No sé si la vida hay que entenderla. Solo sé que con el primer café a las 5:00 a.m. empiezo a darle sentido a esa cosa que fluye hora tras hora y hay que llenar con los mejores impulsos. Mi disciplina de escritura me aparta, en un pacto de soledad y silencio, de cosas quizás “importantes” y más útiles, pero me da más disfrute. 
– ¿Si no hubiera sido la literatura qué estaría haciendo hoy? 
– Estaría dedicada a la fotografía que es otra manera de contar la vida. 
– ¿Cuál ha sido tu mayor experiencia con la literatura? 
– La escritura de mi novela Mortajas cruzadas, siete años explorando el género y haciendo una reflexión en tono de divertimento negro sobre la muerte. Pasó casi desapercibida pero en mi patrimonio literario la aprecio por la experiencia que me dejó. 

– ¿Cree que los premios literarios motivan más a la lectura o a los escritores? 
– Para el escritor un premio es un estímulo, un reconocimiento, pero tampoco es la gloria. El mejor premio para el escritor está en la calidad estética de su trabajo, en tener la certeza de que se escribe para lograrlo. Hay muy buenos escritores sin premios. 
– ¿Qué es lo mejor que tiene hoy nuestra literatura colombiana? 
– Somos muchos escritores en busca de que se nos lea, de que se produzca una crítica que, a su vez, multiplique lectores. Las novelas, los libros de poesía, las colecciones de cuentos se restringen a guetos, a la mirada de la academia, a las reseñas de las carátulas. Lo mejor que tiene nuestra literatura es que es ingenua y sigue reproduciéndose en busca de lectores. 
– ¿Qué debe continuar haciendo el Gobierno para que el hábito de la lectura no decaiga sino que al contrario aumente? 
– Son alarmantes los índices de comprensión de lectura. Y ni qué decir de los de escritura. Llenar los estantes de las bibliotecas escolares con libros no es suficiente, si no se acompaña con un énfasis muy vital y lúdico de lo que significa la lectura como herramienta y como puerta a los territorios estéticos de la palabra. Y eso no se logra con la obligación del Cantar del Mío Cid. Profesores-guías muy ingeniosos, eso es lo que se debe introducir. 
– ¿Las Ferias del Libro ayudan a la lectura o a fortalecer los abrazos entre los amigos? 
– Las ferias del libro como se hacen aquí me ahogan. Voy a una conferencia de un escritor y no soporto la programación paralela de música en las plazas. Yo propongo una feria de literatura donde ésta sea la protagonista, en un ámbito casi de monasterio, donde haya una reflexión crítica en torno a ella y una gran galería de libros que propongan lecturas profundas, si se quiere, superiores. 
– ¿Qué libro tiene listo para publicar? 
– Un libro de cuentos y una novela, ambos inéditos. Y estoy escribiendo el guión cinematográfico basado en uno de mis cuentos. 
– ¿Se siente mejor escribiendo para los niños o para los lectores adultos? 
– Yo misma acojo mi propia perplejidad ante las ocurrencias que me llegan. Algunas vienen para ser escritas en códigos infantiles y otras para lectores adultos. Poder nombrarlas, construirlas con ingenio y coherencias argumentales, es el mayor, el único placer de la creación literaria.

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