Entrevista, Renata Durán

Renata Durán, ex diplomática, abogada, poeta,
investigadora, historiadora y novelista. 

Acepté de inmediato el cáncer de estómago. Lo superé exitosamente gracias a que me aferré a creer que sobreviviría a pesar de cualquier evidencia 

Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras
A pesar de todo, hoy es una mujer absolutamente feliz, con varios libros de poesía publicados, haber pasado por el mundo de la diplomacia, haberse sumergido como pocas en el mundo de cuatro mujeres imprescindibles, ser una disciplinada investigadora y una apasionada por la historia. 
El cáncer de estómago no lo amilanó. Al contrario. Le dio más fuerzas para seguir viviendo y disfrutando de esos placeres junto a sus amados libros, especialmente los de historia que la apasionan como a nadie. 
– ¿Su mundo infantil siempre estuvo rodeado de libros? 
– Sí. Debo mi amor a la poesía y a la lectura a los padres maravillosos que tuve. Desde muy temprano en mi vida me dieron libros de Julio Verne, Kipling, los hermanos Grimm, Sir Walter Scott, Somerset Maugham, entre otros. Los Tres Mosqueteros de Dumas y Don Quijote se unieron más tarde a ese universo que en mi mente infantil ya estaba poblado de viajes fabulosos, selvas, océanos, lugares donde todo era posible y personas con algo de locura, llenas de coraje, amor y compasión. El gran deslumbramiento lo tuve con Dostievski en la temprana adolescencia. Crimen y Castigo me abrió una dimensión vital sorprendente y todavía me escalofrío al recordar lo que sentí al ver que alguien podía escribir así. Raskolnikov fue mi primer amor. Nunca tuve, ni tengo aún clara la frontera entre la fantasía y la realidad. Para mí ése personaje que encarna conflictos éticos, era un hombre de carne y hueso que yo amaba desmesuradamente por su rebeldía, que se atrevió a revisar los valores de una sociedad represiva y su feroz individualismo me fascinó en aquél momento. Años después encontré Cien años de soledad y me escapé de clase en la universidad. En un rincón solitario duré horas leyéndolo y no lo pude soltar. Cuando lo cerré sentí la enorme alegría de saber que algo distinto y prodigioso estaba ahora en el mundo. Cuando leí Pedro Páramo, de Juan Rulfo, supe que tenía en mis manos un diamante. Al leerlo salí transformada y vuelvo a él para beber de su agua pura. 
– ¿Cómo se inició en la poesía y qué poetas abordó en su adolescencia? 
– Yo escribo desde que me conozco. Siempre tuve y tengo un papel y un lápiz a la mano. Poemas, textos, cuentos, reflexiones. No puedo dejar de hacerlo. Ya adolescente leía poesía y prosa indistintamente. Poetas, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, García Lorca (yo soy “vidista”, como decía él), Neruda, Silva, Rafael Pombo, Jorge Gaitán Durán, Aurelio Arturo, Mutis, Vidales. Me apasionó Barba Jacob. Más tarde los franceses en su propia lengua, Rimbaud, Baudelaire, Breton. Borges era para mí más poeta en sus relatos que en sus poemas. Igualmente Cortázar, cuya Rayuela fue una lección de libertad creativa. También Octavio Paz con su poesía prodigiosa y sus lúcidos ensayos. Rilke es el ángel que todavía me acompaña. 
– ¿Le escribía a la vida, a los amigos, a la naturaleza? 
– A la vida, de la que vivo enamorada. Algunos lugares tienen para mí un magnetismo singular. Me siento hondamente ligada a ellos. Y me hacen sentir más viva. Por eso el viaje a sitios remotos o cercanos ha sido un sino que no puedo evitar. Allí surgen poemas al contacto con la fuerza telúrica que me domeña. Desiertos, campos, ríos, islas, montañas, lagos, algunas ciudades o pueblos. Las ruinas de las civilizaciones. Por suerte he podido viajar mucho. 
– ¿Por qué escogió una carrera diferente a la poética? 
– Elegí estudiar Derecho buscando ser independiente económicamente lo más pronto posible y lo logré. Como la literatura es mi vida nunca he querido abandonarla. 
– ¿Cómo fue su mundo en la diplomacia? ¿A veces la diplomacia deja algún sinsabor o se aprende mucho en ella? 
– Para mí fue una gran experiencia. Porque pude ser muy útil como Abogada y por hablar francés e inglés. A pesar de ser un mundo que exige mucha sociabilidad, pude alimentar mi mundo interior, mantener mis espacios íntimos y días de silencio para escribir. Abrirse a otras culturas siempre nos expande. Se aprende mucho. Como escritora conservé siempre una cierta distancia. A veces me sentía metida en una novela de Proust, Durrell o Marai. Jamás perdí el arraigo. Por el contrario, mi amor por Colombia (el país más biodiverso del planeta) creció. Por su tierra, su gente, sus contradicciones y esa manera que tenemos los colombianos de afrontar la adversidad con coraje y alegría. Yo diría que el único sinsabor era ver el absoluto desinterés de algunos por dar a conocer nuestro país y trabajar seriamente para eso. La Unión Europea fue una lección muy enriquecedora. Un proceso de integración que ha sido invaluable para mantener la paz, tan evasiva después de las dos guerras mundiales. 
– ¿Se le acabó el mundo cuando le dijeron que tenía cáncer? ¿Qué hizo para sortear exitosamente ese pequeño tropiezo en su vida? 
– No. Acepté de inmediato el cáncer de estómago y eso unido al amor de mi familia, mis amigos y a la fe, me salvó. Lo superé exitosamente gracias a que me aferré a creer que sobreviviría a pesar de cualquier evidencia. Y gracias a los que me rodearon. Son momentos en los que la fuerza del amor se hace palpable. Así me entregué a visualizarme sana en el futuro, como hoy lo estoy. Tú sabes también todo lo que se aprende cuando la muerte se nos acerca tanto. Es una experiencia que nos hace crecer. Lo veo como una lección que hoy agradezco. El enorme agradecimiento que siento por el oncólogo y los médicos que me ayudaron. Su gran sentido humano. Ellos son: Jairo Ospina, Paulo Emilio Archila, Carlos Castro y Santiago Rojas
– ¿Cómo surgió la idea de su libro sobre Cuatro mujeres imprescindibles
– Precisamente ese era un sueño. Todavía estaban los borradores y las fichas. Sabía que me faltaba mucha investigación, lograr mayor intimidad con cada una de ellas, meterme en su piel. La idea nació de mi fascinación por el Oriente. Encontrarme los diarios de una viajera que atravesó los Himalaya a pie, disfrazada de mendiga, me inspiró el deseo de novelar su vida y la de otras mujeres que me habían conmovido por su singularidad. Ya había leído los libros de Lou Andreas Salomé y quería que las otras dos estuvieran ligadas a distintas partes del mundo. América Latina, sin duda, y África. 
– ¿Qué quiere decirles a los lectores sobre estas magnificas protagonistas de la historia? 
– Que ojalá las conocieran. De todas destaco su singularidad y valentía. De Alexandra, además, la obstinación por lograr su sueño y afrontar lo que fuera, su hambre de conocimiento, su amor por la soledad y su libertad. De Lou Andreas Salomé, la lucidez para vivir auténticamente y descubrir en el amor algo que aún en el Siglo XXI no hemos visto bien. Los aspectos femeninos y masculinos que cada persona tiene y que nos permitirían comunicarnos mejor entre los sexos con armonía y menos antagonismos. De Tina Modotti, el gran talento de fotógrafa, su ingenuidad que la arrastró al militantismo político por Stalin y su personalidad trágica. De Isabel Eberhardt, la pasión, su locura por el Sahara y su enorme sensibilidad que la llevó a la desmesura. Isabel vivió la colonización francesa en el norte de África. Las otras vivieron las dos guerras mundiales. 
– ¿Con cuál de ellas se identificas más? 
– Con Alexandra, sin duda. Por ser viajera, por su amor a la soledad y al silencio, por su obstinación, su coraje, su hambre de sabiduría, y su gozo en las inmensidades naturales que despertaban en ella un sentimiento místico y a la vez erótico. 
– ¿Está escribiendo un nuevo libro en donde las mujeres son protagonistas o su próximo libro es de poesía? 
– Estoy escribiendo una novela sobre una ciudad perdida, una ciudad inexistente que es la protagonista y la obsesión de los personajes. Hombres y mujeres que viven diversas experiencias ligadas siempre al viaje, al exilio (algunos son inmigrantes), a la búsqueda, al arraigo, a la nostalgia y al deseo por esa ciudad en la que anhelan vivir y que a la vez añoran como si ya hubiera existido. Hay momentos históricos entrelazados. El planeta no le basta a ninguno. Ni el tiempo. Son historias de amor y desamor atadas a lugares magnéticos y legendarios. 
Tengo libretas y libretas llenas de poemas y textos que llevan en el “congelador” un buen tiempo. Habría que revisar con rigor y ver si puedo extraer un libro de poesía. No lo sé.

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