Huyendo del terror, viviendo para leer, leyendo para existir

Una lectura alrededor de la experiencia de Luis Bernardo Yepes como promotor de lectura reflejada en su libro No soy un gángster, soy un promotor de lectura (Panamericana Editorial)

Por: Holger Bocanegra

¿Por qué y para qué leer? Unas preguntas simples que están acompañadas de gran complejidad. Leemos para aprender, para vivir bien, para crear alternativas a una sóla vida, para ser mejores personas, en fin, parece ser que las respuestas están dadas. No así para Luis Bernardo Yepes Osorio, un bibliotecólogo y promotor de lectura, que con su libro No soy un gánster, soy un promotor de lectura, ha llevado el leer al nivel de la utopía. Este libro ha sido galardonado con el reconocimiento Favorito IBBY en México. Y es que no es un compendio teórico de razones académicas para leer, es una narración conmovedora y creativa de cómo podemos pasar de vivir para leer, a leer para vivir.

El autor, oriundo de la comuna 13 de Medellín, vivió los horrores de la guerra, perdió seres amados, perdió la oportunidad de tener una familia, no tuvo las mismas oportunidades que la mayoría, vivió en la marginalidad económica y cultural de ciudades como Medellín y Bogotá. Aunque nadie se hace sólo, tal como le pasa a muchas personas en nuestro país, tuvo que ir contracorriente. El ancla y el faro de su vida fue la lectura. Le permitió tener esperanza, eso nunca lo perdió. Imaginemos tener confianza en la ciudad de la eterna primavera, pero en la década de los ochentas y noventas. No es muy optimista y hasta sensato, dadas las coyunturas históricas que se vivieron en nuestro país y especialmente en estas ciudades y que no vale la pena mencionarla. El hecho es que Luis Bernardo tuvo todo para sumarse a las filas de la criminalidad, pero no, prefirió ir a lugares marginales a incentivar a niños y jóvenes, e incluso adultos, a leer.

Para este autor la lectura es mucho más que ejercicios de comprensión y aumentos cognitivos, es un estilo de vida, en el que no importan la capacidad adquisitiva, las circunstancias contextuales de los individuos, tampoco los gustos estéticos o las ideologías políticas. Por encima de todo ésto, está la ilusión; de ser mejores, de ayudar a otros a ser mejores, de trabajar juntos, de ser solidarios, de ser empáticos, de ser comprensivos y generosos, inteligentes y valientes, de tener objetivos comunes. Leer, es para Luis Bernardo, un ejercicio democrático de lucha contra inconsciencia, esa disposición negativa que causa tantos males, sobre todo en una sociedad como la colombiana, donde la violencia es el pan de cada día.

Leer nos permite identificar y mostrar cuando se ha perdido el respeto a las personas o a las comunidades. Nos permite mostrar cuando quienes ejercen el poder, lo quieren hacer de manera total sobre los individuos. Recordemos que hubo movimientos y organizaciones que acostumbraban a quemar libros, para evitar el conocimiento y reconocimiento de los principios absolutistas que había en ellos. La lectura también permite un llamado a la serenidad y a la prudencia, a tratar de afrontar y solucionar las cosas de manera pacífica. Pensemos si todo esto es necesario en nuestra sociedad. Es allí donde Luis Bernardo, nos invita a ser mejores lectores, es decir, mejores ciudadanos.

Sin embargo, la lectura no es sólo un ejercicio de resistencia ante la infamia que puede tener una sociedad. También es un hábito placentero, sólo superado por la música y la sensualidad, según el autor. Porque nos permite tener ideales, y los ideales nos llevan hacia alguna perfección. Es una aspiración. Cuántas vidas podemos vivir al leer, cuántas risas, lágrimas, asombro, intrigas, desesperanza, podemos sentir al estar sumergidos en una buena lectura.

¿Qué nos hacen los libros? ¿Qué diferencia hay entre una persona que lee y otra que no? ¿Cuál es el aspecto por el que se distinguen las sociedades o países que leen en mayor medida de los que no lo hacen? Nos podemos preguntar todo esto, y las respuestas serán diferentes, de acuerdo al nivel de lectura de quien desee responderlas, es más, ¿cuántos lectores se acercarán a esta reseña con el espíritu de asombro y curiosidad que suelen tener los lectores?

La literatura está a nuestro servicio, no al revés, como hicimos con la técnica o la industria. Podemos ser mejores individuos y sociedades, leyendo. Leer es la base de la educación. Y existen ejemplos sencillos. Uno llamativo y que nos atañe, es el de Corea del Sur, un país empobrecido a mediados del siglo XX, que vivió una guerra en la década de los cincuentas. Colombia participó en dicha guerra. Al finalizar, Corea del Sur estaba casi arruinada. Aún así, decidieron invertir en educación y promovieron la lectura. Hoy día, más de siete décadas después, la diferencia cultural y económica de Corea del Sur y Colombia, es abismal. Evidentemente hay otros factores que influyen, pero el énfasis está en que la educación basada en la promoción de lectura hace sociedades más dispuestas a la superación de problemáticas comunes.

Hay diferentes formas de ver y ser en el mundo. Y nuestro mundo está limitado por el conocimiento que tengamos. Por lo que la lectura se convertiría entonces en un instrumento de justicia y libertad, como hemos visto en las aportaciones de Luis Bernardo Yepes Osorio. Uno de los conceptos más espectaculares del libro es el de los genes culturales. El cómo mezclar la biología y el cultivo espiritual de una familia o una sociedad, permite mejores niveles de bienestar, por eso, el leer es casi un derecho, o al menos debería serlo, porque con esa garantía, podremos construir un mejor presente y tener la ilusión de sembrar un mejor futuro.

Las bibliotecas son así para Yepes, bastiones de la democracia y los libros, instrumentos de libertad. Por lo que se hace necesario, no imponerlos, es mejor ofrecerlos con cierta seducción. De eso va este libro, de como puede ser una autobiografía de un lector apasionado por contagiar los genes culturales de la lectura, en diversas comunidades y de diferentes formas, al tiempo que es una herramienta de promoción, con base en las experiencias que ha tenido, un lector, bibliotecólogo, aspirante a novelista, a lo largo de la vida, ante muy difíciles circunstancias. La Editorial Panamericana, en su colección Voces, hace un nuevo esfuerzo por ayudar a fortalecer la sociedad colombiana y latinoamericana, a través de este texto, No soy un gánster, soy un promotor de lectura,  que permita vivir con el autor, como su vida y la de su familia fue salvada a través de la lectura, a la vez que nos estimula a contagiar a otros dándonos herramientas de contagio, pero no de una enfermedad, de una virtud, de una llave, que nos permita crear el mejor de los mundos posibles, un mundo de lectores.