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Los ruidos de una novela

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Los ruidos de una novela
By Libros y Letras 4 de agosto de 2011
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En el lugar de la palabra
Los ruidos de una novela

Por: Alfonso Carvajal / Tomado de El Tiempo / Bogotá. 

Con el sugestivo y rítmico título El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vásquez ganó el premio Alfaguara de Novela 2011. Curiosamente, dos comentarios de un parlamentario del Putumayo y un curtido economista, señalaron las bondades históricas y sociológicas del libro. Otro de Héctor Abad Faciolince, afirmó que antes de salir la obra ya “un grupo pernicioso de escritores de esta tierra” hablaron mal de su colega sin esgrimir razones literarias. Infortunadamente, eso hace parte de nuestro egoísmo local y la ausencia de pensamiento crítico. Sé por experiencia que muchos disertan de un libro por comentarios de terceros. 
Vamos a la novela. Vásquez partiendo del presente va reconstruyendo un pasado cercano que ha evolucionado y se ha mimetizado en la sociedad colombiana. Sabemos los horrores, pero no los santos. Vásquez incursiona en la violencia del narcotráfico, en primera persona, tomando como protagonista a una de las víctimas, entonces gracias a este recurso conocemos de primera mano los hechos, es decir, el argumento de la novela. En ese sentido, es una mirada ingeniosa y global de un tema tan perversamente nacional. 
El escritor colombiano realiza con gran madurez técnica la estructura narrativa; alguien, nos cuenta la historia, e introduce los personajes con destreza (un aviador narcotraficante, Helena Fritz y Aura) y maneja los tiempos con aptitud de relojero suizo. Es una novela de “memoria histórica” donde el protagonista narrador arma “como fichas de estralandia” el desarrollo dramático. La novela tiene pasajes impresionantes como la descripción del Valle del Magdalena en el cual ocurren parte de los hechos y el episodio entre el narrador Antonio y Maya Frits que aclara la tensión y suspenso del relato. Una Bogotá fría y distante también está inmersa en El ruido de las cosas al caer; aunque la novela está tejida con sutileza arquitectónica –y cumple su objetivo de ser el testimonio vibrante de una época- la excesiva descripción evade los matices psicológicos de los personajes. Se extraña la construcción de un lenguaje más aventurado y rico en contrastes, pues la materia prima de la literatura es el lenguaje. En una novela de largo aliento esto conduce a una visión prosaica de la realidad, que torna a veces plana la narración y la condena a caer en lugares comunes. 
Vásquez es joven, y ha venido con paciencia elaborando una obra, un edificio literario, y nadie le quita lo bailao. Una novela más que una forma de satisfacer al lector, debe conmoverlo y en el lenguaje tirar sus ases.