Lucubraciones sobre el arte

Por: Germán Borda, especial para Libros y Letras
Cuenta la historia, que el sabio Pitágoras, tañía su monocordio frente a las costas límpidas y el cielo cristalino del Egeo. Encontraba su fantasía, la familia de las notas –con ese instrumento austero, había descubierto las relaciones fundamentales de la música— su parentesco, el ventarrón sanguíneo, con el cosmos. Más tarde Platón escucharía la música de las esferas. Ese sistema sonoro y su visión de mundo marcaría el desarrollo del arte del sonido en occidente, Beethoven tiene pensamientos similares en sus cuadernos de conversación. 
Algo era claro, aunque de una complejidad extrema, el arte debería ser como el universo donde todo se interrelaciona. No hay un segundo de más o de menos, un instante en el vacío. Así, una novela, una sinfonía, deben ser construidas. Cada palabra debe interrelacionarse con el resto, y lo mismo cada nota. 
Fra. Angélico y Bach pintan y componen con Dios enfrente. Alguien dijo, si Dios no existiera habría que crearlo como lo hizo el compositor Bach
Para Heidegger, el gran pensador alemán, es una vía para descubrir la verdad. Para los expresionistas, no solo dibujar, analizar y describir la naturaleza externa sino también, la interna. 
Descendamos; debo hacer algunas observaciones, para mí un novelista debe introducirse en la mente, en el ser, en la personalidad, de cada uno de los personajes de sus obras. Convertirse en ellos cuando escribe. Un actor de los mil papeles de una novela. Ya lo dijo Flaubert, Madame Bovary c est moi. Goethe, en una de sus maravillosas frases; no existe crimen, por execrable que parezca, que no sienta que yo podría haberlo cometido o que no podría realizarlo. 
Citémonos, creemos que lo que ocurre en otros seres es exclusivo. No negamos aceptar que todos tenemos, quizás, los mismos fantasmas; solo que en algunos son más patentes. Más lacerantes. Más visibles. Pero existentes en todos… 
Y de nuevo me cito, en un escrito enviado a un crítico; el arte conlleva— en especial la novela— una disección de sí mismo. Un recorrido a través de la insondable psique. Esa disección forense, el análisis —que debe ser implacable— puede mostrar y señalar una etiología compleja, a veces difícil de aceptar.En su aprobación y enfrentamiento, está su razón de ser. Su conjunción con la verdad. El sentido del arte que se une al de la vida. 
En la literatura la complejidad es grande, pues los fantasmas están más presentes, visibles. Menos en la música, —aunque su técnica es mucho más difícil—, pues esos duendes aparecen larvados, por lo mismo menos lacerantes y agresivos. 
Hice un viaje a Illier- Combray para escribir sobre Proust, otro a dónde vivió Van Gogh. Observé los cuadros de Vermeer para descubrir las teorías sobre la creación del autor de a la Busca… y recorrí las calles del distrito dos de Viena, mil veces, para escribir una novela, El extraño habitante de la Tabor Strasse. Todo en el intento de llegar al fondo de mí mismo, y descorrer las ventiscas, las brisas y observar con serenidad el paisaje. Aunque puede ser- casi siempre lo es- no tan bello, ni tan maravilloso, como nuestra fantasía lo ha diseñado.

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