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Macondo a la carta en la Feria Internacional del Libro de Bogotá

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Macondo a la carta en la Feria Internacional del Libro de Bogotá
By Libros y Letras 23 de abril de 2015
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Ricardo Rondón Ch./ Tomado de Pluma y la Herida
Por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere.
Esta reflexión premonitoria de Gabriel García Márquez no puede ser más precisa y oportuna para el gran homenaje que este año, la Feria Internacional del Libro de Bogotá, le tributa al genio de las letras, en el marco de las actividades programadas para conmemorar el primer aniversario de su fallecimiento.
Macondo, esa gran metáfora de su Aracataca natal, es el país imaginario invitado a la nueva cita con los libros, el debate, la lectura y la cultura, que este año llega a su 28° edición.
Macondo como un estado de ánimo en el imaginario colectivo, que en el recinto ferial, entre el 21 de abril y el 4 de mayo, dispondrá de 3.000 metros cuadrados para que públicos de todas las edades, de aquí y de allá, puedan disfrutar con ávidos sentidos, hasta el paladar, de ese universo Caribe que el premio Nobel colombiano plasmó y dejó como valioso legado a la humanidad.
Cada quien tendrá su propia versión de lo que observe, palpe, lea, olfateé o señale, como lo hicieron en la saga garciamarquiana los de la generación Buendía, cuando “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
Allí, en su mágico recorrido, el espectador descubrirá muchas claves secretas, de tantas del entramado novelístico de Gabo. Por ejemplo, y para no ir tan lejos, una réplica fantástica del hielo que recordaría el coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento, la oficina del telegrafista, la estación del tren y la gallera, una empalizada en vivo y con graderías, donde en vez de plumíferos en riña, se citarán gabólogos, escritores, periodistas e historiadores, con el público como testigo activo, para debatir alrededor de la extraordinaria obra del brillante mentor de Aracataca.
Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano; Piedad Bonnett, escritora y experta en García Márquez; y el crítico literario Ariel Castillo, fueron los pilares de la curaduría de esta monumental exposición, que recrea, al decir de Bonnett, “un Macondo de espejos y espejismos”. Cada uno de quienes lo visiten, se hará a su propia visión y versión, a partir -como recalca Abello Banfi- del mejor homenaje que se le puede hacer a Gabo: “Disfrutar de ese placer de leerlo y releerlo, cuantas veces sea posible”.
En la praxis, las ideas fortalecidas para hacer posible el más complejo sueño que haya brotado de la imaginación de un escritor en la historia de la literatura colombiana, se ven hoy cristalizadas en el espejo deforme de la realidad que es el grueso literario garciamarquiano, en manos de tres artistas que captaron al pie de la letra la propuesta de curaduría: Santiago Caicedo, Andrés Burbano y Laura Villegas, quienes lo trabajaron desde sus especialidades de multimedia, arte sonoro, medios audiovisuales y dirección artística.
Despojado de lugares comunes, no será un Macondo de posters, recordatorios folclóricos, estatuas humanas pintarrajeadas, caricaturas, ríos y piedras “como huevos prehistóricos” en dry wall, polipropileno y cartulina, sino que comprende cuatro exposiciones, concebidas de acuerdo a las etapas de la historia de Cien años de soledad: la mítica, la épica, la bonanza de las bananeras y la decadencia, que más que escenificar la aldea, sugieren una interpretación personal de la cosmogonía macondiana a partir del imaginario de su autor.
Así se podrá admirar un panel geográfico de lo que podrían ser los alrededores de Macondo, con sus ciénagas, ríos y terrenos anegados, como lo describió el escritor, cubiertos siempre por una nata verde, espesa y viscosa. También la Sierra madre con su tupido follaje de manigua. Al otro lado, la Riohacha novelesca. La casa de los Buendía con una Úrsula Iguarán la abuela sabia, dispuesta a múltiples interpretaciones y miradas. Y la mítica gallera, por donde corrió sangre de espuelones de campeonato, pero también la de mancebos corroídos por celos y venganzas.
“No será Macondo un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere”, citando la premonición de Gabo.
La carta está servida.