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Soledad, una colombiana en Madrid

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Soledad, una colombiana en Madrid
By Libros y Letras 23 de abril de 2012
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Soledad, una colombiana en Madrid
El título resume esta novela publicada por B. Soledad es colombiana y cuenta sin un pelo en la lengua sus aventuras en Madrid. Es periodista y escritora, y mientras se rebusca su sueldo escribe esta novela y una obra de teatro. Tiene treinta años y gracia para narrar, aunque es neurótica y nerviosa, y por eso revisa todo lo que le pasa, le da vueltas dos, tres veces a cada anécdota, personaje, lugar con los que se topa en Madrid. 
Llegó a la capital española corriendo tras un amor, Yago, quien la abandonó sin muchas razones. Ahora Yago es la pareja de una mujer a la que Soledad debe que buscar para entregarle un diario, un libro que por una cadena de casualidades le entregan equivocadamente en un entierro, pero Soledad ignora que se trata de la misma persona. 
La narradora y protagonista (Soledad) vive en una pensión barata, su casera está medio chiflada e impone una disciplina monacal en su casa, donde ningún huésped, además de Soledad y un escocés, se queda por más de un día. La casera Montserrat pasa mucha parte de su tiempo borracha y empastillada, y termina encariñándose con Soledad, y dándole un trato de hija pródiga. 
La novela habla de la nostalgia de Soledad por vivir lejos de su país y de su familia. Para poder ir a verlos necesita ahorrar, trabajar en cosas que nunca había considerado y conocer personajes que le anudan el destino, la enamoran por días y luego se diluyen. 
Soledad observa y escribe su vida sin casarse con nadie, probando experiencias y frustrándose muchas veces. El microscopio que pone ante tantas cosas está enfocado con humor. Este fragmento de la novela es ilustrativo: 
El español del inmigrante se transforma de a poquitos, por los efectos de la distancia, del uso y de la soledad, que era la culpable de que la única colombiana que escucharan mis oídos con frecuencia fuera yo misma. El español que llevaba en mi cabeza cuando aterricé en la península había cambiado, se había endurecido un poco con cada año que pasaba, y su entonación, por más que yo deseara controlarla, salía ahora con una canción distinta que musicalizaba palabras que los españoles usaban y que marcaban la partitura para entenderme sin sorpresas con ellos. De un día para otro al mesero empecé a denominarlo camarero, y para llamarlo ya no valía con un “¡Oye!”, ahora era el turno de la palabra “perdona”, y lo siguiente fue cambiar ¿Me regalas un café? por un ¿Me pones un americano? 
Sin embargo, mis indigentes nunca serían omelés, porque los míos hablaban español, y eso de importar mal la palabrita del inglés tenía doble penitencia, y tampoco había caído en el pozo espantoso del Laísmo y Leísmo, unas horrendas criaturas que convencieron a media España de decir eso de su marido la pegó y le llamo mañana. Señores: a las mujeres no se las pega, eso nunca, desgraciadamente se les pega, y usted mañana no le llama a Manolo, usted lo llama. 
Por no hablar del dequeísmo de Telefónica, que aunque fuera correcto en castellano resultaba de lo más chocante en el contestador: Telefónica le informa de que no tiene mensajes nuevos. 
No todo es humor, pero prevalece sobre las demás emociones. Soledad escribe lo que piensa y lo que hace, comparte su mente con los demás y eso la convierte en una periodista incómoda para los periódicos, porque en lugar de decir obviedades y ligerezas, termina contando dolorosas verdades de sus compatriotas para los diarios en los que trabaja como free lance. 
Tiene pocos amigos pero traba amistades muy fuertes, y en la novela se deja ver acompañada por Muriel, un mulato gigante que la quiere de todas las formas y que sirve para ver mejor la personalidad de Soledad. Sus amigos son su contrapunto: tiene unos que trabajan en entornos económicos distinguidos, amigos homosexuales, amigos sin un céntimo o depresivos. 
La historia gira sobre Soledad y sus ilusiones, sobre su pasado en un lugar que ya no le pertenece y su futuro en un país que la sigue sorprendiendo. 
La trama se desarrolla en torno a su identidad, a su búsqueda como mujer, porque esta novela habla del periplo de buscar a la dueña de un diario perdido, que a su vez es la chica que ha conquistado a su novio, por su evidente parecido físico y por ocupar casi su mismo puesto en el momento justo. Así que se adentra en el universo de las casualidades extremas, en el huracán de la suplantación de identidad y en lo risible que se porta el destino con personas como ella. 
Por fortuna algunas cosas le salen bien, puede reírse de sí misma y disfrutar de ser ella, aunque vivir en su cabeza puede ser un tormento difícil de imaginar.
Soledad, una colombiana en Madrid