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También hablamos de Padura

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También hablamos de Padura
By Libros y Letras 27 de junio de 2015
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No. 7108, Bogotá, Sábado 27 de Junio del 2015

También hablamos de Padura

Por: Vivian Murcia/ Tomado de El Porta(l) Voz
El escritor Leonardo Padura (La Habana, 1955) es el ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras. 
Hay dos tipos de libros del escritor habanero. Por un lado, está el ciclo de las novelas protagonizadas por el detective Mario Conde, historias policiales en las que el encanto no está tanto en la trama, como en el paisaje: en torno a Conde y su amigo Carlos está la niebla del desencanto, la pobreza, el humor y la extrañeza de haber crecido en un mundo utópico que, poco a poco, se volvía una ruina.
Y por el otro están los otros libros llamados serios: ‘La historia de mi vida’, casi autobiográfica, ‘El hombre que amaba a los perros’, sobre el asesino de Trotski, entre otros.
En realidad, las dos familias de libros de Padura cuentan el mismo mundo: el de los cubanos que no saben si irse o si quedarse.
En la vida de Padura también está fluctuante la decisión de irse y no irse, él decidió quedarse. Quedarse en Cuba para escribir porque tiene la noticia y la sospecha de que ser un exiliado cubano no es una buena condición para la literatura.
Leonardo Padura nació en 1955. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, desempeñándose después como periodista en publicaciones como Caimán Barbudo, especializándose en la investigación. También ha escrito ensayos y guiones para cine y televisión. 
En los años ochenta publicó las novelas Fiebre de Caballos (1984) y Lo real maravilloso: creación y realidad (1989). Y en 1991, con Pasado perfecto, inició su célebre serie de novelas negras protagonizadas por Mario Conde, un tipo melancólico y desordenado a través del cual disecciona la realidad de la sociedad cubana. La serie “Mario Conde” está formada por los títulos Vientos de cuaresma (1992), Máscaras (1995), Paisaje de otoño (1998), Adiós, Hemingway (2001), La neblina del ayer (2003) y Herejes (2013).
El hombre que amaba a los perros (2009), sobre Ramón Mercader, asesino de Trotsky, es su mayor éxito internacional.
Desde 2011 tiene la nacionalidad española. Un camino de ida y vuelta que tiene su reflejo en su obra: algunos relatos están ambientados en España. El exilio “una constante en la realidad cubana desde el siglo XIX” ocupa La novela de mi vida (2002) sobre el poeta romántico cubano José María Heredia.
Entre los galardones que ha recibido destacan el Premio de Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1993), el Premio Dashiell Hammett de Novela Negra (en 1998 y 2006), el Premio de las Islas, otorgado en Francia en 2000 y el Premio de la Crítica, recibido en Cuba en 2001.
El PortalVoz reproduce esta entrevista que Leonardo Padura dio al equipo de prensa de Casa América en la que habla sobre el oficio de escribir. 
Casa América: El libro Fiebre de Caballos le supuso un cambio en su literatura. ¿Cuáles fueron las razones de ese cambio? 
Leonardo Padura: Yo escribí Fiebre de Caballos entre el año 1983 y 1984 en esa época trabajaba en una revista cultural que se llamaba Caimán Barbudo, en 1983 pasó a trabajar al periódico Juventud Rebelde y allí hizo una serie de largos reportajes que integran el libro El viaje más largo y creo que ese ejercicio de un periodismo literario fue muy importante en mi evolución como escritor.
Yo creo que gracias a esos seis años que estuve sin escribir literatura prácticamente dedicado al periodismo, que son los seis años entre que termina Fiebre de Caballos y comencé Pasado Perfecto la primera de mis novelas de la serie policíaca, está ese periodismo que es el testigo de la evolución de un escritor aprendiz a un escritor con un oficio mucho más profesional.
– ¿Cómo era en sus comienzos de escritor? 
– Leonardo Padura: Creo que sobre todo fui muy osado porque traté de escribir una novela sin saber cómo se escribía una novela. El único problema es que todavía hoy, casi 40 años después, cuando miro lo que yo escribía en aquella época y cómo lo escribí me doy cuenta de que todavía no sé cómo se escribe una novela.
Creo que una novela se aprende a escribir mientras la va escribiendo uno. En mis comienzos era, sobre todo, muy competitivo. Yo sabía que otros compañeros estaban haciendo literatura y quizá por un espíritu de competencia decidí empezar a escribir crítica literaria, a escribir mis primeros cuentos e, incluso, a escribir mi primera novela Fiebre de Caballos, una novela muy inocente en muchos sentidos pero de la cual no me avergüenzo.
– ¿Escribe hasta el agotamiento? 
– La fórmula es escribir todos los días. Cuando estoy en Cuba, en mi casa, yo trabajo de lunes a domingo en jornadas de unas seis horas. Mi método de trabajo es tratar de contar las historias completas, empezar y terminar sin preocuparme al principio por determinadas cuestiones de estilo, de estructura, sino sobre todo de resolver la posibilidad de contar una historia. Después voy haciendo versiones y en cada una de esas versiones la historia va mejorando. Me preocupa mucho las estructuras, cómo armarla, qué lugar debe ocupar cada pieza en el argumento para mí es muy importante.
Siempre lo he dicho, pienso que no soy el escritor de más talento de mi generación pero sí estoy convencido de que soy el que más trabaja.
– Háblenos de su libro El viaje más largo
– En ese libro se puede encontrar un viaje a la Cuba de siempre. Este es un periodismo que me permitió adentrarme en la historia no oficial cubana, la que todo el mundo conoce pero nadie domina y fue un trabajo muy intenso de búsqueda de personajes, lugares, acontecimientos, los procesos de la historia cubana de esos que todos saben que existen pero no se conocen del todo.
Está la historia del barrio chino de Cuba, la historia del proxeneta más famoso de la historia de Cuba, de cómo se creó en Santiago de Cuba el ron Bacardí, cómo nació el mito de la virgen cubana (la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba), fui buscando toda una serie de elementos que tienen que ver con muchos de los elementos esenciales de la cultura e identidad cubana y los escribí de la forma más amena posible, una forma que tuviera más que ver con la literatura que con el periodismo y creo que ese es el éxito de esos trabajos.