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Un café en Buenos Aires

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Un café en Buenos Aires
By Libros y Letras 17 de abril de 2014
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No. 6.669, Bogotá, Jueves 17 de Abril de 2014
Un café en Buenos Aires
Hoy: Daniel Gigena
 Por: Pablo Di Marco/ Especial para Libros
& Letras.
    Tenía una razón obvia para entrevistar a
Daniel Gigena: conocer al periodista que trabaja en el suplemento cultura de
diario La Nación, el que por medio de notas y reseñas alumbra un libro o deja
entrever los claroscuros de una muestra de arte. Pero también tenía una razón
oculta: descubrir su lado B, ese que completa e incluso mejora al otro. Me
refiero al Daniel Gigena que escribe en facebook crónicas críticas y a la vez
sensibles que develan los costados menos visibles de su vida y trabajo.
     Hoy compartimos un café en Buenos Aires
con Daniel Gigena, lado A y lado B.
   Gracias por tu
tiempo, Daniel. Decime: si fueses director de un suplemento cultural, ¿a quién
le dedicarías la siguiente tapa?
   D: Al poeta Jorge Leónidas Escudero.
   Nombrame tres buenas
novelas que hayan pasado desapercibidas tanto para los lectores como para la
prensa.
   D: Pendiente, de Mariana Dimópulos;
Desalmadas, de María Martoccia, y Mi ciudad perdida, de
Milita Molina (esta última no es una novela, o al menos no una
convencional…). Los buenos libros escritos por mujeres suelen pasar más
desapercibidos que los escritos por varones.
   ¿Cuál es la última
gran novela de la literatura argentina?
   D: Elijo dos: Cae la noche tropical,
de Manuel Puig, que fue también su última novela, y Mis dos mundos, de
Sergio Chejfec.
   ¿Creés que son
limpios los concursos literarios organizados por las grandes editoriales?
   D: No lo creo, intervienen casi siempre
factores extra-literarios, englobados en esa categoría omnipotente: “el
mercado”.
   ¿Alguna vez te
presionaron para escribir una reseña positiva? De ser así, ¿cómo
reaccionaste? 
   D: Nunca lo hicieron, además mis reseñas
tienden a ser descriptivas y tratan de enfocar cada libro dentro de sus propias
reglas (y limitaciones). Leo para reseñar muchas primeras novelas y valoro
la creación de una voz que empieza a desarrollarse o a imponerse, eso depende.
No valoro tanto mi propio gusto, aún en formación, como el riesgo que cada
autor asume. Ahora me gustaría escribir más sobre poesía argentina
contemporánea, por suerte puedo hacerlo con más frecuencia. 
   Quienes te seguimos
en las redes sociales sabemos que sos un sutil observador y narrador de
situaciones cotidianas. ¿Tenés pensado compilar ese material en un libro?
   D: No lo tenía pensado cuando empecé a
escribir. Me interesaba tensar las posibilidades que ofrece e impone el
soporte de Facebook, y de hecho pienso que esa experimentación recién
comienza. Una editorial independiente local que coordinan tres narradores
amigos (Ana Ojeda, Juan Carlos Almada y Nicolás Fierro Correa) me
propuso publicar un libro con esos fragmentos que publico (y otros
“inéditos”).
   Vamos con la última,
Daniel: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista
de la época que prefieras. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué
pregunta le harías.
   D: Mi escritor preferido es Henry James,
pero dudo que aceptara una invitación semejante. Entonces invitaría a Pier
Paolo Pasolini, al que le haría preguntas sobre sus (para mí) abstrusas teorías
sobre la producción de sentido de la obras de arte, que él intentó aplicar en
sus películas y novelas. La poesía de Passolini me parece una de las más
hermosas y “abiertas” del siglo XX. Si hubiera un bar gay lindo en
Buenos Aires, con libros y un jardín o un patio (y al que se pudiera ir de tarde) lo
invitaría ahí. (Tal vez haya uno y yo no lo conozco.) Creo que lo llevaría al
bar del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori en el Rosedal de Palermo para
poder sentarnos en una mesa bajo un árbol.