“Dibujar es un hito fundamental del proyecto humano”
Conocí a Claudia Rueda en Cali, durante la última edición del Festival Oiga, Mire, Lea. Me impactaron de inmediato su sereno carisma, el modo en que interrelacionaba con sus innumerables lectores (tanto grandes como pequeños), y el desborde de imaginación que emanaba de cada página de sus libros. Lamenté que no tengamos más tiempo disponible para conversar, pero tuve en claro que al regresar a casa volvería a contactarla para hacerle una entrevista que me permitiera ahondar en sus libros, en su pasión por el dibujo y tanto más.
—Todos los niños adoran dibujar. Pero algo sucede en el camino que los aparta del dibujo. No sé si se trata de la escuela, de los padres que no los incentivan, o qué, pero algo sucede en el camino que hace que los niños se alejen de su amor por el dibujo. Y esto me parece no solo triste sino también grave, porque dejar de dibujar es dejar de jugar. ¿Qué creés que sucede?
Lo primero es preguntarnos ¿por qué todos los niños dibujan? Lo damos por descontado, pero ese gesto tan generalizado debe estar profundamente conectado con las raíces de lo que nos hace humanos. Sin embargo, mira que los niños abandonan el dibujo cuando comienza la escuela formal, que en realidad es una introducción a lo racional. La escuela da prioridad y premia las letras y los números, y entonces los niños entienden que ser “grandes” es dejar de dibujar. La excepción son los niños que pueden hacer dibujos realistas, y eso conecta de nuevo con la razón. Los que no tienen esa habilidad abandonan el dibujo pues deciden que no saben dibujar, que es lo que piensa la mayorı́a de los adultos.
—¿Y cómo remediamos este problema?
El posible remedio está en promover un cambio cultural que entienda dibujar como un hito fundamental del proyecto humano conectado con esa parte de nuestro mapa que está por fuera de la razón.
—Qué interesante lo que decís de que “la escuela premia las letras y los números”. Qué bueno sería tener maestros más flexibles, ¿no es así? Y decime, ¿qué le sucedió a aquella Claudia niña que no solo no se apartó del dibujo sino que se apegó aún más a él?
Bueno, en ocasiones (y probablemente es lo que le ha ocurrido a todos los artistas), la necesidad de dibujar sobrepasa cualquier expectativa que el mundo adulto coloca en ti. No lo puedes inhibir, pues dibujar es como la extensión de la sangre que fluye por tus venas y es más poderoso que las palabras. Nunca he podido concebir la vida sin dibujar.
—Tengo predilección por tu libro Algo, en el que reflexionás en torno al vínculo entre los niños y los miedos. ¿Qué te llevó a escribir y dibujar en torno a ese tema?
Muchas gracias. De nuevo tiene que ver con la escasa comprensión que tenemos de lo que significa ser niño, pues solo lo podemos ver desde nuestro lente adulto. Esto acompañado con mi interés por el uso del lenguaje simbólico en la ficción infantil para representar los miedos. El niño en Algo tiene miedo a lo desconocido, al rechazo y a la humillación, que las imágenes en la historia lo revelan en forma de animales, pues los niños no tienen aún las palabras para lo que temen. Al comienzo la madre no siente empatı́a, pues son miedos que ella no puede ver y cree que simplemente son necedades infantiles de su hijo. Pero al final, la historia tiene una vuelta de tuerca que permite que ella entienda.

—En Algo reflexionás justamente sobre lo que no se ve. Y esto es aún más interesante porque te centrás en lo que no ven los niños, cuya imaginación es especialmente frondosa. Para crear este libro, ¿hablaste del tema con niños o te conectaste con los temores de tu niñez? Incluso se me ocurre que bien te pudiste conectar con tus temores de adulta.
Ambos. En parte viene de haber sido testigo de la historia de una niña que siempre tuvo mucho miedo de ir a la escuela. Sus padres no la entendı́an, a pesar de sus buenas intenciones. Fue un proceso difı́cil, era muy fuerte su resistencia y nunca se resolvió.
—Lo puedo entender. Yo también de pequeño tenía miedo de ir a la escuela.
Yo también tuve ese miedo cuando era niña. No porque no me gustara aprender, siempre me ha encantado, pero le tenı́a mucho miedo a las otras niñas, y una en ese tiempo aún no tiene el lenguaje para comunicárselo a un adulto. No sé si este libro facilite esa comunicación, pero espero que sı́.
—Estoy seguro que Algo, entre tantas otras cosas, también es capaz de darle herramientas a los chicos para verbalizar sus temores. Cambiemos de tema: hay algo que me fascina de tus libros, la relación entre texto y dibujo. Hay ocasiones donde pareciera que el texto se impone y el dibujo acompaña, otras veces sucede lo contrario, y por momentos ambos se complementan y dialogan en igualdad de condiciones. ¿Cómo manejás ese delicado equilibrio?
Es la esencia del libro álbum y por eso me encanta como formato. Además de dibujar, me apasionan las palabras y lo que podemos hacer con ellas, para bien y para mal. La combinación de ambos lenguajes viene desde muy temprano, pues comencé mi oficio de artista haciendo caricaturas polı́ticas. Lo que más me atrae de esa combinación es la construcción de significado a partir (y solo a partir) de la unión del texto y la imagen. Encuentro fascinante a esa sutileza y ambigüedad del mensaje que invita al lector a deducir lo que la historia cuenta. Esto siempre y cuando las imágenes también estén narrando, que es algo que no siempre ocurre o no siempre se espera. Además, esa combinación es la mejor versión posible del humor, que siempre ha estado presente en mi obra.
—¡La próxima vez que hablemos debés mostrarme tus caricaturas políticas! Decime, Claudia: pese a haber nacido en Bogotá vivís desde hace años en Nueva York. ¿Qué te da y que te quita la vida en Estados Unidos?
Es un dilema grande en mi vida. Viajar y vivir en otros lugares me permite ver con perspectiva mi propio país, y llegar a un lugar que no conozco me devuelve la posibilidad de sorprenderme, como les ocurre a los niños cuando llegan al mundo. Siempre me ha gustado viajar, explorar, conocer lo distinto, salir con las maletas, desafiar la comodidad con lo desconocido. Supongo que tiene que ver con la vida creativa. Nueva York además ha sido por muchos años un amable puerto para mi trabajo, y mudarme tiene algo de hogareño, sumado a ser una ciudad que se transforma permanentemente como ninguna otra. Sin embargo, es una vida en la que tu lugar de origen ya no es del todo tu casa de antes, pero tampoco donde vives. Aunque igual te libera de expectativas, con frecuencia una carga muy pesada para mı́.
—¿Conocés Buenos Aires?
Conozco y siempre me he sentido muy a gusto en Buenos Aires. Alguna vez fui invitada por Filbita, una feria de libro infantil encantadora. Sentı́ que estaba en un lugar que mi imaginación habı́a visitado antes y las conversaciones fueron riquı́simas. Puede tener que ver con haber querido tanto a tantos autores y artistas argentinos desde muy joven.
¿Tus lectores de Argentina podremos volver a verte pronto?
Por supuesto me encantarı́a regresar, Pablo. ¡Siempre y cuando incluya un asado y una visita a las divinas librerı́as!
—Yo no como demasiada carne, pero contá conmigo para ese recorrido por librerías. Y ahora vamos con la última, Claudia: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería.
Es una respuesta bien difı́cil… ¡no por no tener muchos nombres posibles, sino porque solamente puedo escoger uno! Me aventuro por Maya Angelou.
—Ya que estamos jugando, sigamos jugando un poco más: contame a qué bar llevarías a Maya y qué pregunta le harías.
Habrı́a adorado sentarme con ella en el bar del Red Rooster en Harlem y preguntarle sobre su vida, y cómo salió de una niñez tan difı́cil a pasar a ser una autora tan profundamente optimista y hermosa.

¿Querés saber más sobre Claudia Rueda? Acá te dejo su página repleta de información sobre su obra: https://claudiarueda.com/