Entrevista, Emilio Alberto Restrepo

No. 6.855, Bogotá, Domingo 19 de Octubre de 2014    

Joaquín Tornado es el detective creado por Emilio Alberto Restrepo para su serie de Novela Negra


Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)

Aunque en Colombia aún no arranca la pasión por la Novela Negra, muchos de sus seguidores han hecho lo posible y lo imposible por lograr que éste se posicione como debe ser y logre lugares de preponderancia como en España, México y Argentina en donde son muchos, no sólo escritores, sino lectores de este singular género.

Emilio Alberto Restrepo tiene como especialidad la medicina, pero desde joven se le metió en la cabeza la idea de crear un personaje para sus pequeñas novelas y de pronto, casi sin pensarlo, un día se le “apareció” Joaquín Tornado y desde ese mismo instante empezó la gran aventura del investigador.

Y aunque esta es una entrevista ficticia, logramos adentrarnos en su mundo para saber cómo apareció en las letras nacionales, cómo ha sido su vida y sus grandes aventuras en medio de ires y venires, metáforas, acciones, etc.

- ¿Usted inició la carrera de medicina y no la terminó por dedicarse a la investigación, por qué?
- En realidad y nunca empecé la carrera de medicina. El que lo hizo es ese que se lucra de mi nombre, el tal Emilio Alberto Restrepo, el que figura en la carátula de los libros, mientras yo hago todo el trabajo sucio y me expongo permanentemente a meterme en todo tipo de problemas o hasta que me peguen un tiro. Las malas lenguas que nos conocen, dicen que en realidad ese sujeto que oficia como médico siempre ha querido ser detective y explorar el bajo mundo, pero por incapacidad y cobardía nunca pudo hacerlo, entonces se dedicó a escribir ese tipo de libros y me puso a mí como fachada. No falta el que me vea como un alter ego. Que siga soñando.

- ¿Desde su adolescencia usted tuvo profundas inclinaciones por el mundo policivo, la investigación los detectives?
- Nada de eso. Era un adolescente despalomado y errabundo, sin nada claro en la vida. En mi caso, el detectivismo fue por física necesidad. Le cuento: Cuando salí de las oficinas de inteligencia del estado por un grave problema que no viene al caso relatar aquí, me vi al borde de la cárcel o de una desaparición forzada en un asunto de "limpieza". Gracias a los buenos oficios de mi amigo fiscal, Agustín Restrepo, tuve la oportunidad de reivindicarme y empezar a actuar de incógnito, de encubierto en misiones que me encomendaba: fui chulo en el barrio Guayaquil, cantinero y promocionista de prepagos en la zona rosa de El Poblado, reciclador de chatarra en las orillas del río, jíbaro en la plaza de vicio de la Universidad, vendedor de discos y películas piratas, indigente en "el cartucho", mediador de secuestros y otras perlitas varias. Por un milagro que aún no se explicar, aun estoy vivo, entonces decidí dedicarme a la investigación privada.

- ¿Y qué tipo de casos lleva?
- La mayoría son casos alimentarios, de esos que permiten pagar las cuentas y levantarse el mercado: seguimiento de infieles, pesquisa de socios desleales, comprobación de pecados ocultos en hijos o cónyuges, chuzadas de teléfonos para seguimientos a políticos, periodistas o gente a la que se le ha perdido la confianza, infiltración de discos duros o correos electrónicos, pura rutina, la mayoría de las veces sin mayores sobresaltos. De vez en cuando aparece alguien que nos contrata para un caso que termina siendo grande y complejo: un crimen, un robo o un asesinato que la policía no pudo resolver o se fueron por la fácil y abandonaron la investigación. Entonces un familiar insatisfecho o desconfiado nos pide que sigamos tal o cual pista. En esas nos hemos visto a las puertas del mismo infierno. Y esos son los casos relatados en mis novelas.

- ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas sobre este mundo de detectives?
- Por supuesto todos los de mi generación empezamos leyendo los casos de Sherlock Holmes, muchas novelas baratas de Agatha Cristhie y ediciones populares de Simenon. Otro era un periodista que hacía investigaciones y recorría el mundo, “Tintín”. También estaban los bolsilibros de un peso, puro “pulp” de Silver Kane, Granados o Lou Carrigan, y las novelas gráficas de Rip Kirby y el Agente Secreto X-9. Después llegaron los maestros, creadores de personajes inolvidables, como Dashiell Hammet, Raymon Chandler (que nos pegaron indeleblemente la imagen del detective rudo, irónico y conflictivo encarnado por Humphrey Bogart) y Patricia Higsmith o James Cain. Luego fui conociendo a Vásquez Montalván, a Francisco González Ledesma, a Paco Ignacio Tabio, a Roberto Ampuero, a Ricardo Pligia, a Luis López Nieves. En la galería de los grandes están también John Katzenbach, David Baldacci y Petros Markaris.

- ¿En familia Tornado ha habido otros dedicados a la profesión detectivesca?
- No, soy el único que hurga entre las madrigueras y las alcantarillas. Pertenecen a lo que se llama “gente decente”, “gente bien” y no están propiamente muy orgullosos de lo que hago. Me tratan de lejitos y con las narices tapadas. Me buscan cuando hay problemas y enredos, ahí sí, por aquello de que hay que tener a la mano un médico, un abogado y un cura, para cuando se necesite de urgencia. Y también un sabueso, aunque tenga principios de sarna.

- ¿Qué es lo que le fascina y encanta de esta nueva profesión en su vida?
- Cada día es distinto al anterior, todo es una sorpresa, cada ser humano es una caja de Pandora. No hay puntos medios, es una escuela de vida para conocer a fondo el carácter humano y la fuerza vital de la ciudad con su dinámica propia, la que vemos por encima y la que se esconde en sus recovecos y extramuros. Y en la mitad del camino, no falta una morena o una rubia extraviada que necesitan un pecho amigo o una buena botella de escocés de contrabando que quiere calentarnos el espíritu. Me puedo quejar de todo, menos de aburrición o monotonía.

- ¿Cuál fue el primer libro que escribió sobre uno de sus sonados casos?
- Una recopilación de historias llamada Un asunto miccional y otros casos de Joaquín Tornado, detective, que recoge seis relatos, cortos y largos, de algunos de mis historias dignas de recordar. En el libro se destaca una, “Tornado y el Obregón”, que explora el bajo mundo de la falsificación y el trafico de obras de arte en nuestras ciudades. Es una novela corta en donde se muestra mi grupo de trabajo, mis métodos, todo el sistema de infiltraciones y pesquisas que llevan a sacar adelante una investigación. Esta historia fue bastante bien recibida y ha merecido comentarios elogiosos.

- ¿Sus libros, ya casi una docena, están dedicados a todo tipo de público o a “fans” de la Novela Negra?
- Como decía un presentador en la Fiesta del Libro. Joaquín Tornado es el detective más conocido y más inédito de la literatura colombiana. Hasta ahora solo aparezco en el libro de relatos que le referí. Estoy metido hasta el copete en una serie de otras seis novelas en las que me enfrento a todo tipo de fuerzas oscuras, con enemigos poderosísimos que se lamerían el bigote por meterme un buen balazo o torturarme hasta el ultimo rincón de mis carnitas. Estamos en conversaciones con editoriales que se animen a ir publicando estas aventuras, para dar una impresión de calidad, que garanticen la distribución y la continuidad. Las otras novelas a que usted se refieren pertenecen a ese parásito de Emilio Alberto Restrepo, que trata de hacer fama y fortuna con mi nombre, y también tocan el género negro, pero hasta ahora no había tenido la delicadeza de incluirme. Ahí están “Los círculos perpetuos”, “El pabellón de la mandrágora”, “La milonga del bandido”, “Qué me queda de ti sino el olvido”, “Después de Isabel el infierno” y “¿Alguien ha visto el entierro de un chino?”. Estas dos últimas con Ediciones B y todas con premios y menciones nacionales e internacionales. También ha escrito literatura infantil, poesía y crónica. Ese man no se queda quieto.

- ¿En Colombia ya han reconocido su labor como detective?
- Unas primas que viven en Estados Unidos me han oído mencionar, pero se avergüenzan de mí. Mentiras, el libro que lanzó el ITM se ha vendido en toda América y EUA a través de Amazon y libreríadelau.com, lo mismo los de Ediciones B y Uranito. Sí se conoce en muchas partes, gracias a la promoción en ferias del libro, entrevistas, reseñas e internet, pero el mercado fuerte lo hemos tenido en Medellín y Antioquia. En Colombia no es fácil para un escritor y un personaje de provincia, pero para tercos, nosotros dos.

- ¿Cuál ha sido la novela que más nombre le ha dado como investigador?
- Hasta ahora, “Tornado y el Obregón”, del libro que le dije. Pero detrás vienen, “Tornado Triple X”, “Música de buitres”, “El primo y el timo”, “Nos vemos en el infierno mon amour”, “El abrazo de la viuda”, “El retorno al centro de la nada” y hay apuntes para otro tanto. Vamos sin afán, pero a paso constante.

- ¿Es mejor que usted cuente sus aventuras en cuentos largos o en novelas cortas?
Cada historia va buscando su espacio, pero navego más cómodo en las aguas de la novela corta, que es el formato que prefiere el lector contemporáneo. El plan es entretener, atrapar al lector, mientras se le va haciendo una autopsia a la ciudad, escarbando sus rincones más recónditos y sus vicios más abyectos. Hay caso, hay personaje, pero también hay una exploración de los orígenes y las motivaciones de la maldad y de cómo influyen y transforman la sociedad.

- ¿Ha dictado charlas sobre su profesión en “Medellín negro”?
- Varias. Yo como Tornado estuve el año pasado en el lanzamiento que organizó el ITM en La Fiesta del Libro, con lleno total y muy buenas cifras de ventas. Restrepo ha estado vinculado como invitado desde hace tres años a Medellín negro. Este año estuvo con otros escritores en un coloquio llamado “Pornografía, sexo y crimen”, donde por supuesto habló del caso narrado en el libro “Tornado Triple X”. No pierde oportunidad de hablar de mi, tratando de ganar mérito con mis casos. Bastante agrio el tema, pero a eso nos dedicamos. Es lo que hay...

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