Bogotá. Del gobierno de los vivos es un curso bisagra: constituye la primera de las indagaciones que Michel Foucault lleva a cabo en el campo de la ética en el Collège de France. «¿Cómo es posible que, en la cultura occidental cristiana, el gobierno de los hombres exija de parte de quienes son dirigidos, además de los actos de obediencia y sumisión, ‘actos de verdad’ que tienen la particularidad de requerir que el sujeto no solo diga la verdad, sino que la diga acerca de sí mismo, de sus faltas, de sus deseos, del estado de su alma?», se pregunta. Este interrogante lo lleva de una relectura del Edipo rey de Sófocles al análisis de los «actos de verdad» propios del cristianismo primitivo, a través de las prácticas del bautismo, la penitencia y la dirección de conciencia.
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