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Efer Arocha habla de Ramiro Lagos en Vericuetos

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Efer Arocha habla de Ramiro Lagos en Vericuetos
By Libros y Letras 28 de julio de 2015
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Había invitado al poeta Ramiro Lagos para que viniera a París desde cuando nos conocimos en Bucaramanga, hace algunos almanaques; pero no tomó en serio mi gesto. Él viene cada año a Madrid, ciudad de la que es su enamorado eterno, porque ella siempre le guarda entre sus alforjas deliciosos regalos y sorpresas contundentes, como es ésa de las musas egipcias con las cuales ha hecho su altar poético. Le volví a insistir, esta vez con argumentos demoledores, más poderosos que los de un vendedor de enciclopedias, y fue así, como fuimos a recibirlo al aeropuerto de Orly con Hernando Franco, el 28 de mayo del presente.
Ramiro es un mundo de sorpresas, comenzando por su complexión peteca, que en apariencia no ofrece ninguna lectura más allá de lo anodino. En mi Cubil, quedé frío cuando me dijo su edad; imagínense que está por frisar el siglo, camina más rápido que una perdiz y tiene un memorión mejor que ave migratoria. Su excelencia vital es exhibida por su digestión, no come, engulle de todo. Bebe vino como agua bebe un caballo. Ante semejante mole, yo soy un desastre de la existencia porque todo lo tengo prohibido, apenas miro beber y comer. Su lozanía intelectual supera ampliamente su estado físico. Con su soltura de académico lo oí disertar sobre temas disímiles cargados de agudeza en distintas charlas en París y Strasbourg, lugares donde también hizo lecturas poéticas.
Un pequeño comité le dio la bienvenida en mi buhardilla integrado por la poeta Myriam Montoya; el poeta, Jorge Torres; el poeta y escritor peruano, Mario Wong; la doctorante Yolanda Prieto, Libia Acero-Borbón; y una musa árabe de 24 años, imposible en el momento de escribir su nombre por carencia de caracteres en esa legua y sus equivalentes fonéticos. Como es tradición en mis alares, la sesión se abrió con cántaro de vino sin restricción. En respuesta, el invitado dio comienzo a la lectura poética con una pila de sonetos de temática inverosímil y de factura impecable, puesto que rigurosamente cumplían todas las exigencias que tiene este tipo de poema, fueran de rima clásica o de rima brava. Cada poema fue empapado de aplausos y de vino. Cuando el verso lograba la excelencia, además de lo testificado; el poeta era abrazado por sus congéneres masculinos para premiarle la calidad creativa. Las mujeres en hilaridad, por el mismo motivo, lo olorizaban con sus labios. El poeta respondía siempre con la misma frase: “los ósculos de la pasión creadora, me entregan en los predios del amor platónico”. Yo estoy completamente de acuerdo con el maestro, porque el otro amor, es zoológico.
En la lectura en el Café Falstaff de la Plaza de la Bastilla se hicieron presentes otros amantes del verso, como los lingüistas Carolina Ortiz e Yves Moñino; el pintor y cineasta Gustavo Nieto; el escritor y periodista Eduardo García Aguilar; el poeta Jorge Nájar; las estudiantes Nathalie Sarmiento y Clarivel Cardona; el periodista Kalle Merono y su esposa Libia Acero-Borbón; la doctora Ruby Villarreal; el representante de la Cámara de Comercio Latinoamericana José Francisco Rodríguez; el poeta Orlando Jimeno-Grendi, y otras personalidades de quienes desconozco de precisión su nombres, apellidos o actividad profesional.
El vate fue graneado con distintas preguntas, entre las más recurrentes estaba el secreto de su longevidad y curiosidades sobre los secretos acerca del texto épico. La temática escogida fue distinta, dominó en la lectura lo histórico representado en ajetreos de Simón Bolívar emprendida con su estancia en París y otras contingencias de errabundo en su lucha por la libertad del nuevo mundo. Sin embargo, la lectura se centró en buena parte sobre las heroínas de sur a norte del continente. Fue sorprendente la reivindicación épica hecha a una mujer mexicana vituperada por la historiografía de ese país y por el pueblo, que la considera traidora y despreciable. Como es conocido, La Malinche fue la traductora y amante de Hernán Cortés, con quien tuvo un hijo. Se le acusa de ser una de las causas de la derrota de los aborígenes, porque se supone que ella le descubrió secretos militares de los aztecas. El poema la enaltece a partir del mestizaje conjugado con otros valores.
El bardo en su recorrido por el mundo ha tenido varios desempeños, entre los cuales se cuenta su actividad en el Ministerio de la Cultura de Colombia, donde impulsó intensas actividades poéticas que reseñamos junto con su currículum de creador poético y profesor en universidades estadounidenses, territorio en el que ha transcurrido la mayor parte de su vida.
En cuanto a su autoría versificadora, despunta tal como ya lo anotábamos, en el área del soneto, que contiene una beta bien pronunciada donde aquéllos que les gusta este tipo de poema no se defraudarán. Como todo buen creador tiene otro tipo de poemas, algunos muy originales, come es el poemario sobre las frutas, pero lo que resulta interesante en este caso, es el verso épico, bastante raro en estos tiempos.
A fin de que los lectores de esta narración se formen una idea propia, de la calidad del verso que nos ocupa, Libia Acero-Borbón ha traducido al francés, dos poemas que publicamos más abajo, en bilingüe.
Retomando el verso épico de Ramiro Lagos en sus contenidos, él se ciñe a los cánones clásicos para este tipo de creación, donde lo distinto y actual resulta ser la temática. Como la lectura del maestro ha suscitado abundantes comentarios y curiosidades, dedico un breve espacio sobre las columnas sustentadoras de este tipo de poema que presenta muy pocos cambios desde sus orígenes.
La poesía épica antigua está íntimamente unida al canto épico, que le dio espacio a uno de los elementos que caracterizan el género que se define por ser un poema largo loando las virtudes nacionales o las de un pueblo, como también a uno de sus héroes sobresalientes. En lo épico, lo intimista o personal prácticamente no tiene ninguna cabida.
Cuando se poetiza al héroe, el verso va mucho más allá del individuo en su rol de persona. Temáticamente es común poetizar el acontecimiento histórico, por esos sucesos de magnitud que abren brecha tarjando el tiempo con lo cual se hace el registro de la memoria trascendente del individuo como unidad, o la del grupo como pueblo o nación. Aquí el verso resulta ser la herramienta que contribuye a modelar la perennidad del acontecimiento, en tanto que realidad, expresando lo objetivo, o como idealización, como también acrisolando los grandes mitos fundadores, como lo interpreta la filosofía. Según Hegel en El curso de estética, el poema épico se convierte en algunos casos en un mito fundador de una nación o de un pueblo; que se transforman en fuente de inspiración para todas las manifestaciones del arte. Un hecho particular aflora en el seno de esta realidad; el poema épico tiende puentes hacia la música, canto y teatro, en razón de esto en la mayoría de las veces se hermana o se funde en la ópera.
No obstante, el cenit del verso épico, se cristaliza en la acción militar. Una prueba de lo afirmado está presente en la loa, desde los tiempos de Licurgo, en Esparta, precisamente Tirteo, poeta épico espartano y contemporáneo de Licurgo; es figura cimera del género, por excelencia en la antigüedad, y quien escribió veinticinco libros poéticos dedicados exclusivamente al tema militar, glorificando y engrandeciendo todos los valores indispensables para acerar al guerrero hoplita, soldado sin igual en toda la historia militar de la humanidad. Algunos fragmentos aislados sobre la biografía del poeta y algunas partes de sus elegías, afortunadamente han llegado hasta nosotros, en particular la que se refiere a la muerte del combatiente en la primera línea de fuego. Existen dos textos más en el mismo sentido para quien desee cerciorase.
Si aceptamos que la prosa poética de la antigüedad es poesía, es de fuerza convenir que el autor de La Ilíada y La Odisea, y estando de acuerdo que Homero es su autor, sustentados en la hipótesis de algunos especialistas quienes afirman que él no fue rapsoda, sino aeda (aedo), es también un poeta épico relativo, porque aquí hay que tener en cuenta un hecho capital. Las primeras grafías de un idioma propiamente fueron escritas en lenguaje poético, lo que quiere decir en rigor gnoseológico que para los tiempos en análisis una cosa era la descripción poética y otra muy distinta el poema. Tanto la narrativa como la ficción que hoy conocemos son productos que se derivaron de la descripción poética en un estadio más tardío. En cambio, encontramos poetas unánimes e inobjetables sobre el tema como es Píndaro, creemos que no tenga objeción, lo es por derecho propio; al igual que las elegías de Propercio y Cátulo…
En la oscuridad de la memoria la mayor fuerza y riqueza del verso épico fue oral, práctica profusa y popular en Oriente, y en esta condición llegó a Grecia Arcaica, donde tuvo un profundo enraizamiento en los aedas, quienes eran poetas que cantaban epopeyas acompañadas con música, usando el forminic, instrumento de cuerdas, ancestro de la lira. Esta costumbre está hoy vigente en África a través del guiot, quien es un poeta cantor trashumante. En la edad media lo encontramos a través del bardo y del trovador. Desafortunadamente el género épico oral desapareció con los poetas cantores, sin dejarnos prácticamente pruebas fehacientes, y casi ningún rastro que nos permita husmear su existencia.
El poema épico escrito más antiguo de la humanidad, hasta ahora, es la Epopeya de Gilgamesh, -quinto rey mesopotámico de la dinastía Uruk-, redactado en acadeo, lengua semítica de uso en la antigua Mesopotamia, donde hoy queda Irak, idioma ampliamente difundido en los siglos XIX, XVIII; y XVII antes de nuestro calendario.
París, 12 de julio de 2015