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En el sur de Bolívar sí se lee: una mirada a la biblioteca viva de Simití

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En el sur de Bolívar sí se lee: una mirada a la biblioteca viva de Simití
By Libros y Letras 12 de junio de 2015
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Por: red Nacional de Bibliotecas / Colombia. En esta segunda entrega de BiblioTutores por un Nuevo País viajamos hasta la ciénaga de Simití (Bolívar) donde un grupo de pequeños lectores, en compañía de Wilson, el bibliotecario municipal, ilustran la relación virtuosa entre una biblioteca y sus usuarios. En su escrito, Silvia Marín nos muestra cómo las bibliotecas del sur de Bolívar tienen alma de niño.
El municipio de Simití se encuentra ubicado al sur del departamento de Bolívar, justo en los límites con el departamento de Santander, en la zona que hasta 1932 fue considerada como la extinta región de Santa Cruz de Mompox. Su cabecera municipal reposa entre el verde exuberante de la costa norte a tres leguas la margen occidental del río Magdalena enclavada en la ciénaga.
En documentos oficiales, como el boletín de Estadística y Propaganda del departamento de Bolívar, publicado en 1928 se puede leer que el municipio de Simití fue fundado en el año de 1.535 por Antonio Lebrija, descubridor occidental del Río Lebrija; de ahí seguro su nombre. El señor Lebrija, según figura en el registro oficial, fue descendiente directo del humanista Antonio Martínez de Cala y Xarava, autor de la primera gramática de la lengua castellana, publicada en el año de 1.492 en tiempos en que los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón intentaba consolidar una lengua única para formar lo que sería la España moderna. Aquella primera gramática sería conocida como la Gramática de Nebrija.
No es raro entonces afirmar que en Simití desde hace siglos pervive una fuerte relación con la lengua española; una relación que se expresa hoy en día a través de los libros, de la lectura y la biblioteca.
La biblioteca pública de Simití es una de las más grandes de la zona del sur del Bolívar. Cada día, cerca de las 8:00 am, en su entrada un grupo de niños esperan sentados que llegue Wilson, el bibliotecario. Acurrucados en el piso, se asoman constantemente a la esquina para ver cuando de repente un grito rasga el silencio: “allí viene Wilson” se escucha. Todos los chiquillos se ponen de pie con premura para tomar el primer puesto en la fila. Segundos más tarde, como querubines silenciosos saludan al bibliotecario con un choque de manos.
Tras el saludo Wilson dice: -bueno mis amores, tranquilos que todos van a entrar. Recuerden que primero vamos a leer en silencio durante 15 minutos y que en este mes el autor es García Márquez, ¿entendido?
Una niña de tan solo 13 añitos dice con desparpajo: – Ya estoy terminando cien años de soledad y no quiero que se me acabe por que está muy divertido. A mi mamá y a mis hermanitos también les gusta.
Todos se sientan a leer y en repetidas ocasiones interrumpen el silencio de la mañana cálida para preguntarle al bibliotecario por el significado de una palabra que no entienden. Él, con paciencia, les explica y dice: – Continúen. El que ya termine puede pasar a los computadores a investigar algo, a jugar, chatear, o ver una película.
A medida que terminan la lectura los chicos pasan a los equipos de cómputo bajo la mirada atenta del bibliotecario, que supervisa el uso adecuado de las herramientas tecnológicas. Cuando alguno de los niños entra en una página diferente a las autorizadas uno del grupo llama a Wilson para que les llame la atención.
Wilson es uno de esos bibliotecarios comprometidos de forma especial con su pueblo. Sostiene con tono amable y convencido que su mayor reto es “alejar a los niños y jóvenes de los males de la humanidad mediante la lectura”, por eso dice que para él es muy placentero ver llenas sus salas.
“Que los niños lean, se diviertan, conversen, compartan, se encuentren, antes que estén en las calles sin hacer nada es en buena medida mi misión” abunda contento. Se le aguan los ojos un poco al hablar de los impactos positivos de su trabajo en la biblioteca y concluye afirmando que la base de su dedicación al trabajo no es otra que el amor por Simití.
Wilson es un eterno agradecido de la intervención realizada por la Estrategia de Tutores. El acompañamiento, sostiene, le ha permitió llenar vacíos en temas de servicio como la organización de colecciones y la llave del saber. Para él la estrategia de tutores “es una voz de aliento y un impulso para seguir adelante”, pues afirma que los logros en prestación de servicios y atención al usuario, como el caso de los niños lectores, no habrían sido posibles sin la asesoría de la Estrategia de Tutores Departamentales.
Las bibliotecas vivas del sur de Bolívar son un motivo para pensar que la biblioteca pública es el ambiente ideal para permitir que los niños y jóvenes a se encuentren y compartan alrededor de la magia de la lectura y la palabra. Estos lugares son un una invitación abierta para que los habitantes de cualquier parte del país se conecten con el mundo y estén a la altura de los nuevos tiempos, siempre despiertos en la búsqueda de un futuro mejor.