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En librerías “El Delfín” de Mark Haddon. Publicamos un adelanto del libro

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En librerías “El Delfín” de Mark Haddon. Publicamos un adelanto del libro
By Libros y Letras 22 de octubre de 2020
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La
nueva novela del autor de El curioso incidente del perro a medianoche, en librerías de España. 

En El
Delfín
(Editorial Salamandra), Mark Haddon ha elaborado una
recreación contemporánea de una de las tragedias menos conocidas de
Shakespeare, Pericles, príncipe de Tiro, versión a su vez de la leyenda de
Apolonio de Tiro. El relato clásico narra la huida del héroe, perseguido por el
rey Antíoco, tras haber revelado la relación incestuosa del rey y su hija.

Con
una prosa elegante y descriptiva, Haddon traslada esta historia mitológica al
presente para reflexionar sobre las relaciones paternofiliales y el papel de la
mujer en la sociedad actual. Un libro fascinante, de lectura deliciosa, que nos
sumerge en un mundo de leyendas y mitología, con historias que se abren dentro
de otras historias, engarzadas por una maraña de referencias perfectamente
tejidas por la pluma del autor.

Compartimos
el siguiente fragmento de El Delfín, cecido por Salamandra.

 

 El Delfín
Mark Haddon
Salamandra Narrativa

EL VUELO

Maia
está embarazada de treinta y siete semanas. No le permitirían subir a bordo de
un vuelo comercial, pero se alojan en casa de unos amigos, propietarios de
viñedos en Bellevue Champillon, y otro invitado, Viktor, tiene una Piper pa-28
Warrior que lo llevará de regreso al aeródromo de Popham a la mañana siguiente.
Su Land Rover lo espera allí y dejar a Maia en Winchester de camino a la costa
del sur será lo más sencillo del mundo. A Philippe, el marido de Maia, no le
gusta ponerla al cuidado de otro hombre, y mucho menos de uno a quien conoce
desde hace sólo dos días, pero las piezas del rompecabezas parecen encajar de
un modo tan feliz e imprevisto que le es prácticamente imposible negarse. Él
conducirá hasta París, dejará el coche en el garaje de su apartamento, cogerá
el Eurostar a Londres y llegará a la casa de Winchester un día después.

A
Maia, por otro lado, le encantan los aviones pequeños. Viajar se ha vuelto
demasiado fácil: te quedas dormido en Estambul y te despiertas en Pekín. A ella
le gusta ver cómo van deslizándose los kilómetros: deltas, círculos de regadío,
nubes que aparecen devanándose bajo las cumbres. Conserva el vívido recuerdo de
sobrevolar el fiordo de Oslo siendo niña: una isla tras otra, cabañas de
veraneo, muelles, barcos, los destellos del sol cabrilleando sobre el agua y
una revelación difícil de expresar con palabras sobre el vínculo entre la
escala, la huida y la superficie de la Tierra. Además, las náuseas matutinas,
que persistieron hasta una etapa anormalmente tardía del embarazo, han remitido
por fin; ahora siente la famosa dicha de las preñadas y ansía disfrutar de la
libertad que ese bienestar conlleva antes de consagrar su vida a un ser humano
muy pequeño y exigente.

La
aprensión de Philippe está justificada. Viktor tiene la licencia de piloto
privado, pero no la habilitación para vuelo instrumental. Eso no tendría
importancia si viajase sólo con Rudy, su hijo de nueve años: saldrían temprano,
y si el tiempo u otras circunstancias sufrían cambios, siempre podían posponer
el vuelo hasta el día siguiente o bien, si estaban ya en el aire, tomar un
rumbo alternativo. Pero Maia nunca madruga, se demora en los desayunos, tarda
mucho en hacer las maletas y ha perdido un collar de coral que, según reitera,
podrán mandarle a Inglaterra cuando lo encuentren, si eso ocurre. Aun así, ese
collar es el objeto de una búsqueda tan concienzuda como infructuosa en una
casa ciertamente grande. Cuando ella está a punto, el almuerzo ha llegado y ha
concluido. Si fuera una mujer menos atractiva, Viktor no tendría ningún reparo
en reprochárselo, pero, aunque no lo impresionan demasiado sus actuaciones en
la pantalla, sí lo sorprende estar en compañía de una mujer que parece
devolverlo a los quince años: espesa melena rubia, ojos azulísimos, una belleza
de revista, una simpatía algo alocada y un cuerpo torneado hasta los límites de
la exuberancia. Luce una cicatriz en la mejilla, cortesía de un grajo que entró
volando por la ventana de su alcoba cuando tenía diez años. La fascinación que
siente por ella le resulta muy grata, aunque también algo alarmante, más aún
tratándose de un hombre habituado a tener la sala de un tribunal, y de hecho
cualquier sala, en la palma de la mano.

Seis
meses más tarde, el jardinero, Bruno, encontrará el collar, ya sucio y sin
brillo, en una alameda situada junto a la linde de la finca, un lugar donde los
Beaufour rara vez se aventuran, y menos aún sus invitados. La única explicación
razonable será que un animal, atraído por su vivo color, se lo llevó de los alrededores
de la piscina y atravesó el prado hasta los árboles antes de reparar en la
inutilidad de su esfuerzo. Considerarán enviarlo a Winchester, pero no darán
con las palabras apropiadas para la carta adjunta, de modo que lo abandonarán
discretamente en el fondo de un cajón, donde permanecerá durante muchos años.

Antes
de emprender el viaje, Viktor llama una última vez al aeródromo para verificar
el estado del tiempo. El informe no es tranquilizador, pero él decide que van a
volar igualmente. Para su sorpresa, el retraso de Maia, lejos de irritarlo,
parece volverla incluso más encantadora. No piensa permitir que ella lo vea
nervioso o mal preparado para un vuelo como ése, de modo que se pone esa toga
metafórica que le confiere una radiante confianza en la exactitud de sus
juicios y decide seguir adelante con el plan: al fin y al cabo, el cielo
despejado sugiere que la atmósfera es tan sensible como cualquier jurado a la
fuerza de su personalidad.

Salen
a la pista y Rudy se encarama a la avioneta de inmediato. Mientras Viktor lleva
a cabo las comprobaciones externas, Maia lo observa con evidente interés y eso
hace renacer en él parte de la emoción que sentía antes de cada vuelo. Entra en
la cabina a través de la única portezuela y se instala en el asiento del
piloto; luego ayuda a subir a Maia, se inclina sobre su regazo para comprobar que
la puerta está bien cerrada, le enseña cómo funciona el cinturón y le da unos
auriculares. Repostan y, a continuación, llevan la avioneta a la pista
colocándola contra el viento. Viktor echa los frenos, advierte que la toma de
combustible está en el depósito más vacío, la cambia al más lleno y comprueba
los componentes eléctricos y los mecanismos internos: magnetos de encendido,
carburador, estrangulador, palanca del acelerador, timones, alerones, cierres
de cabina y cinturones. Ruedan por la pista y esperan a que un Hawker 600
despegue, gire hacia la derecha y se desvanezca en el cielo azul.

Todavía
no han levantado el vuelo y Rudy ya se ha dormido en el asiento de atrás
acunado por el ruido y el bamboleo. El chico se siente incómodo con casi todos
los niños, pero es por entero autosuficiente, de manera que estas vacaciones
han sido para él un pequeño paraíso en el que ha tenido acceso ilimitado a una
piscina, una nevera de doble puerta bien abastecida y una caja con treinta y
dos lápices de colores Caran d’Ache que le ha permitido continuar escribiendo y
dibujando su epopeya en viñetas Los caballeros de Kandor. El recuerdo más
preciado de esos días es nadar bajo la lluvia con el área de la piscina sólo
para él, el efervescente repiqueteo de las gotas en la superficie y el silencio
azul dentro del agua. Estudia en un internado donde los demás niños lo acosan
de un modo demasiado indefinido y nebuloso para quejarse al respecto, aunque es
algo que lo mortifica por dentro y sólo le quedan tres días de vacaciones, así
que les ha sacado todo el partido posible a los días pasados en Bellevue (se
acostaba tarde y se levantaba temprano) y ahora está agotado. Pero nunca
regresará a la escuela: estará muerto en poco más de dos horas.

—Torre
de Prunay, Golf Alpha Sierra en el punto de espera y listo para despegar.

—Golf
Alpha Sierra, vía libre para el despegue, pista cero uno. Dirección del viento:
cero dos cero grados. Velocidad: cinco nudos.

Viktor
anda más descuidado últimamente, pero como lleva a Maia sentada al lado sigue
todas las normas de emergencia y recita para sí el mantra de seguridad mientras
aceleran por la pista: «Si falla el motor en tierra, cierro el estrangulador y
aborto el despegue. Si falla el motor una vez en el aire, pero aún dispongo de
espacio, cierro el estrangulador y vuelvo a aterrizar en la pista. Si no puedo
aterrizar en la pista, elijo la zona más segura treinta grados a la derecha o
la izquierda de la línea central y aterrizo en ella.»

Treinta
millas por hora, cuarenta, cincuenta…, despegan. Viktor ladea la avioneta
para situarla en su trayectoria mientras asciende. Se dirigirán hacia el
noroeste hasta Le Touquet y luego hacia el norte siguiendo la costa hasta el
cabo Gris-Nez antes de cruzar el Canal de la Mancha hasta el faro de Dover.
Viktor nivela el aparato a mil ochocientos metros de altura y Maia empieza a
hablar de un caballo llamado Bombardier y lo mucho que le gusta cabalgar con él
por el Parque Nacional de South Downs siguiendo la ruta de Clarendon, Ashley
Down, Beacon Hill… Sólo es cháchara superficial, pero, de vez en cuando,
recibe un bien emplazado murmullo de asentimiento por parte de Viktor, que
disfruta con el agradable sonido de su voz. Maia deja finalmente de luchar
contra el rugido del motor y se dedica a contemplar el paisaje, de manera que Viktor
goza de libertad para mirarla de vez en cuando e imaginar qué aspecto tendrá
desnuda.

Mil
quinientos metros por debajo hay una abigarrada alfombra de campos, la mitad
arados, la mitad verdes, con retazos de bosque sobre Saint-Gobain y Noyon y la
gruesa serpiente del Somme curvándose en dirección a Amiens.


***



Mark Haddon (Northampton, 1963) es novelista, poeta, pintor, ilustrador y profesor de escritura creativa. Licenciado en Literatura Inglesa por la Universidad de Oxford, trabajó durante un tiempo con personas con discapacidad física y psíquica. Ha ejercido como guionista de televisión, medio en el que ha ganado dos BAFTA. Considerado hoy un clásico, El curioso incidente del perro a medianoche (Salamandra, 2004) alcanzó un éxito fulgurante: obtuvo diecisiete premios (entre ellos el prestigioso Whitbread), se publicó en cuarenta y tres idiomas y se vendieron más de cinco millones de ejemplares.