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Entrevista, Álvaro Mata Guillé

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Entrevista, Álvaro Mata Guillé
By Libros y Letras 10 de octubre de 2012
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Escenarios que se convierten en historias 

Por: Alejandra Irurzo / Tomado de Express.com / San Luis Potosí / México. Para este autor, la personalidad está determinada por todos los circuitos mentales que uno tiene. El escritor, ensayista, editor y dramaturgo costarricense Álvaro Mata Guillé es director de Aire en el agua editores; del grupo Baco teatro-danza, en Costa Rica; del Instituto de Creación Poética con sede en la Casa de Refugio, y que pronto se establecerá en Casa Poesía en San Luis Potosí; de la re­vista Locutorio y coorganizador jun­to a Mario Alonso López del Festival Internacional de poesía Abbapalabra, que nació en nuestra ciudad en el año 2005. Cuenta con obras como Escenas de una tarde, Debajo del Viento, Sobre los Fragmentos, Intemperies
– Para encontrarte como escritor, ¿te buscaste en alguna otra disciplina? 
No, había materias que me gusta­ban, que tenían que ver con mu­chas cosas. Por ejemplo, el primer li­bro que compré no fue de literatura, fue uno de genética. Tenía alrededor de diez años. Me interesó porque yo quería saber cómo nacía la relación entre las personas, qué generaba eso y qué había dentro de cada uno de nosotros. Una cosa me llevaba a la otra, como la astronomía que me gustaba desde niño. Miraba al cielo e imaginaba qué mundos eran los que había ahí y, por supuesto, me llevé una desilusión terrible cuando des­cubrí que no podíamos llegar a una estrella, puesto que creía que una estrella era como un planeta y no bolas de fuego. Fue una terrible des­ilusión que me hizo ver que la reali­dad como realidad y no lo que crees que pueden ser la cosas. Mis planetas se convirtieron en imposibilidades y me llevaron a en­frentar una serie de preguntas que me hacían interrogarme sobre el origen de las cosas. Eso también te­nía que ver con una sensación mía que creo tenemos todos: la sen­sación de extrañeza. Esa situación existencial te empuja a buscar res­puestas sobre vos mismo y el entor­no. Así llegó un momento en el que me pregunté qué quería hacer o qué me gustaría hacer. Hice una lista de lo que no quería y descubrí que lo único que quedaba era lo que estaba ya haciendo, que consistía en plas­mar todas estas sensaciones y pre­guntas en un papel. Curiosamente la literatura me llevó a otras discipli­nas, no al revés. Al teatro, por ejem­plo, a la filosofía, a la historia. 
– De esas múltiples disciplinas, ¿cuál resulta más placentera para ti? 
Placenteras son todas. Leo muchas cosas simultáneamente. Entre ellas neurología que cambia la concep­ción del alma, pues ya no la ubican en el el corazón, sino directamen­te en el cerebro, cosa que hace que comprendamos que tu personalidad está determinada por todos los cir­cuitos mentales que tienes, los ner­vios y la relación con el entorno y los otros. Es un conjunto de mate­rias que tienen que ver con las pre­guntas sobre el origen de la vida, el origen de las culturas, el estado ac­tual de las cosas. Todo eso me lleva a estar en muchas cosas, cuando me canso hago otra cosa y luego vuelvo sobre lo mismo. 
– ¿Cómo define Álvaro su estilo? 
Empiezo a escribir porque tengo una historia o una pregunta. Por ejem­plo, Debajo del Viento se inició como un ensayo en el que quería explicar quiénes éramos culturalmente. Ese ensayo se convirtió en un libro que aparentemente es de poesía, sólo me siento a escribir y a explorar, la litera­tura es una exploración de nosotros mismos en el lenguaje, en escenarios que hay que descubrir cómo enlazar­los. Entonces no es una historia, sino muchas. Nunca tengo un plan, es co­mo un actor que se va descubriendo a sí mismo en el escenario. 
– ¿Has sentido alguna contradicción en tu obra? 
El universo está en uno, en él y en nosotros está el caos, lo simultáneo. No hay una búsqueda de orden si­no de descubrirnos en ese desorden. Lo mismo ocurre cuando estás tra­tando de interpretar la realidad o in­terpretarte a vos mismo. La idea de uno, del yo, es una mera referencia. Pero no sabemos exactamente qué lo conforma. Reaccionas al entorno y ahí nacen las historias. Se contra­dicen, sí, como todo. La pluralidad no es uniformidad. 
Foto Álvaro Mata GuilléAle Glez 

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