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Entrevista con la novelista Gloria Guardia

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Entrevista con la novelista Gloria Guardia
By Libros y Letras 2 de enero de 2012
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No. 5.905, Bogotá, Lunes 2 de Enero del 2012 
Todo aquel que lee, deja en un cajón de sus recuerdos una anécdota más para su existir. 
El respeto al otro 
Entrevista con la novelista Gloria Guardia
Por: Luis Pulido R./ Ciudad de Panamá. En Tiniebla blanca, su primera novela, se lee: “La distancia y el tiempo limpian la mente y depuran todo sentimiento”… ¿Aquí no tendremos quizás la base literaria-filosófica de tu ideario como escritora? 
– Aunque solo tenía veinte años cuando escribí Tiniebla blanca, dada la profesión de papá, de ingeniero sanitario consultor, esto nos permitió a mi hermana Olga y a mí vivir y estudiar, desde muy pequeñas, en varios países, exponiéndonos a la cultura, a la lengua y al modo de ser y de pensar del otro. En pocas palabras, nos abrió tempranamente los ojos a los múltiples significados de los conceptos de “tiempo”, “distancia y “otredad”. 
– Pertenece usted a esa vena de escritores con formación académica por sus ensayos críticos e intelectuales. ¿Hasta qué punto su literatura está marcada por esta formación? 
– Toda mi literatura –tanto los ensayos, como las novelas, los cuentos, las monografías e incluso las entrevistas y los artículos de opinión que redacté semanalmente durante quince años para la Agencia Latinoamericana (ALA)- está marcada por la muy rigurosa formación intelectual y académica que recibí desde muy joven de mis profesores estadounidenses, europeos e iberoamericanos. 
– En sus novelas casi siempre hay una voz femenina, una voz que nos narra, pero en El Último juego, una voz masculina es quien nos narra la historia. ¿Deconstrucción del género y del poder político ejercido generalmente por los hombres? 
– Efectivamente, con El último juego se trata de un ensayo creativo de deconstrucción de aquel discurso del poder masculino, del “logocentrismo” y del “positivismo”, que imperaba aún en Iberoamérica y en algunos países de Europa en los años setenta. Para esto me valí de las premisas que sobre el tema habían sentado Derrida, Foucault, Gérard Genette, Susan Sontag, Iris Zavala, María Zambrano, etc. a partir de la segunda mitad del siglo pasado. Como usted sabe, ellos habían expuesto muy claramente su pensamiento sobre las características del “logocentrismo”, del “falocentrismo”, del estructuralismo, del postestructuralismo, de la postmodernidad, etc…Por cierto, las doctoras Shirley Montero R., de Costa Rica, y Bárbara Dröscher, de Alemania, han escrito brillantes ensayos sobre el enfoque que le di a estos temas en El último juego. 
Libertad en llamas, la novela en la que se desmitifica a un héroe revolucionario, ¿no cerrará ésta el ciclo de las Grandes Utopías en Centroamérica? 
– No sé si esta aseveración suya sobre Libertad en llamas que, por cierto, dediqué a la memoria de mi madre, una mujer tan sabia como inteligente y bien informada, pueda simbolizar el cierre de dicho ciclo, al menos en América Central. Esa es una afirmación demasiado ambiciosa y nadie puede abrogarse semejante desempeño. Pero lo que sí considero cierto es que en esta obra intenté deconstruir la figura del héroe “falocentrista” y asimismo lo vio la crítica tanto en México y Argentina, como en Alemania y Francia cuando la obra se presentó y leyó en estos países. 
Lobos al anochecer ya la vemos anunciada en El último juego. Parece ser que las élites siempre piensan que la memoria, la historia, solo está reservado para ellos, ¿cierto? 
– La memoria –la memoria histórica- nada, absolutamente nada tiene que ver con las élites, no es –ni será nunca- asunto de castas. Es un imperativo en la vida y para el desarrollo intelectual del homo sapiens. Recuerde aquella célebre frase: “Quien no conoce la historia está condenada a repetirla”, atribuida a los más destacados polígrafos a través de los siglos, desde Aristóteles, hasta Jorge de Santayana, pasando por Voltaire, Napoleón y Hugh Thomas. Creo que a lo que usted se refiere es a esta cita que aparece transcrita en las páginas finales de Lobos al anochecer, no en El último juego. Hay que leerla y citarla, como en este caso, en su contexto. 
– Ahora tenemos el Canal en Panamá, se construye un metro, pero tenemos una democracia que cojea. ¿Cuál podría el reto –el “papel” y la “responsabilidad”- de los escritores en este nuevo milenio? ¿Deben tener alguno? 
– Creo en la responsabilidad, mejor dicho, en la obligación del escritor y sobre todo del intelectual de mantener muy bien informada a la sociedad civil sobre sus derechos y deberes como ciudadanos. El “progreso”, como tal, no consiste en algo tan vacuo como una red metropolitana de transporte (Metro), ni en una serie de rascacielos (carente de agua potable) y de un sistema de alcantarillado (inoperante), menos aún en una cadena de autopistas que al trazarse borra la memoria histórica de un pueblo…El único “progreso” válido –si es que éste existe-, es el que tiene como fin el respeto al otro y el desarrollo equilibrado del ser humano como especie. Y es aquí, en este campo, donde el intelectual debe actuar como “despertador de almas”, tal como lo dejó dicho de manera de puntual y gráfica don Miguel de Unamuno.