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Entrevista con Siu Kam Wen

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Entrevista con Siu Kam Wen
By Libros y Letras 27 de abril de 2012
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Siu Kam Wen 
Más Allá de la tienda 
Por: Luis Pulido R. /Ciudad de Panamá. En esta edición conversamos con el escritor chino-peruano, Siu Kam Wen, que en su Perú natal ha sido objeto de reconocimiento, y que es considerado por los críticos literarios y culturales como un escritor merecedor de atención tanto por su aporte literario como por su temática, tradicionalmente excluida del canon literario. En tu novela La vida no es una tombola el personaje Héctor es el hijo de un tendero chino y se resiste a seguir el mismo camino de su padre. ¿No será que él estará cometiendo doble parricidio, es decir, matar al padre y a la vez la herencia de toda una inmigración china en América Latina al no querer ser un tendero? 
– Yo no usaría una palabra tan fuerte y radical como “parricidio”, pero es cierto, con su negativa a seguir la vida de un tendero Héctor estaba subvirtiendo tanto la autoridad paterna como la tradición china, que es muy pragmática y estrangula todo idealismo. La educación confucionista que supuestamente recibió Héctor, con su insistencia en el amor filial, en la obediencia a los padres y en los valores del pasado, era también sumamente asfixiante para alguien que había sido trasplantado del Oriente al Occidente, y conocía por primera vez lo que son la libertad y la modernidad. Entonces, tuvo que rebelarse para poder salir adelante. 
– Héctor habría querido ser profesor de filosofía, pero termina estudiando contabilidad porque no hubiera soportado las burlas de sus estudiantes por su llamado acento chino. 
– Es esto el reconocimiento implícito de la imposibilidad de saltar las barreras culturales e idiomáticas que separan a la comunidad china de los peruanos sin origen chino? 
– Las barreras existen sólo para los chinos de primera generación, no así para sus descendientes, la mayoría de los cuales han sabido integrarse muy bien a la sociedad peruana. Héctor es mi alter ego en la novela, y su temor y sus problemas idiomáticos reflejan los míos. Aún hoy, soy muy renuente a hablar en público o por teléfono, ya que aunque domino casi perfectamente el español escrito, cuando hablo no me dejo entender con igual facilidad. Eso me ha hecho sentirme acomplejado. 
– ¿Qué significa para ti, un chino de primera generación, escribir en español? ¿Has intentado hacerlo en cantonés o en mandarín? 
– Comencé a escribir ficción a los diez años, pero en chino. Sólo a partir de los 29 decidí hacerlo en español. En esa época el panorama literario de los chinos en Perú era desolado; no había poetas ni novelistas; y se me ocurrió que si los de segunda o tercera generación no estaban dispuestos a asumir ese reto, lo haría yo. Fue una actitud un poco arrogante pero dio resultado. Por supuesto, antes de poder tomar la pluma y sentarme a escribir mi primer cuento en español, tuve que pasar por un largo y penoso proceso de aprendizaje del idioma. Yo no aprendí el español en la forma ortodoxa que conocemos, en la calle y en el colegio (iba a un colegio chino que había en Lima donde todo el mundo hablaba principalmente el chino), sino haciendo traducciones de textos clásicos, del español al chino y viceversa, durante mis vacaciones de verano. Eso fue entre las edades de once y dieciséis. Cuando ingresé a un colegio nacional a los diecisiete, ya podía expresarme literariamente en español. 
– Los de la comunidad china en Panamá afirman que lo único que falta es que el presidente del país sea de origen chino. ¿No crees que, en América Latina, se puedan encontrar narrativas de éxito, de vidas con futuro, de muchos jóvenes de origen chino que como Héctor quisieron ir más allá de la tienda? 
– Debido al impedimento del lenguaje, los primeros chinos que vinieron a América Latina no pudieron avanzar más allá de la tienda, pero los de segunda generación ya no se vieron limitados en su ascenso social o progreso personal. En Perú, también nos falta sólo un presidente de origen chino; primer ministro ya tuvimos uno. Comparado con los inmigrantes chinos que me precedieron, fui muy afortunado, ya que al momento en que inicié mi aprendizaje del español, se acababa de publicar un excelente diccionario español-chino; antes hubo sólo uno muy rudimentario e incompleto. 
– Por otra parte, no me puedo imaginar mi vida sin la presencia del chino, sin su tiendita, que ha marcado a cientos de miles de panameños por generaciones enteras en su vida cotidiana desde hace más de cien años. ¿La tienda no será también un lugar de socialización e intercambio humano, de aprendizaje y de convivencia humana? 
– La tienda fue para mí, sobretodo, un lugar de aprendizaje. Desde detrás de sus mostradores pude observar a la multifacética vida humana desfilar delante de mí; y el hecho de que la tienda estuviera localizada en un barrio obrero ayudó aún más, pues llegué a conocer a la gente más pobre e incluso al lumpen. Ese contacto directo con la vida del hombre común fue la mejor educación sentimental que pudo haber recibido alguien que estaba destinado a ser un escritor algún día. 
– ¿No sientes nostalgia de Perú en el agradable clima hawaiano donde vives desde hace veinte años? 
– Sí. Echo de menos su comida, los amigos y la amada que he dejado atrás, y el hecho de poder hablar castellano todos los días. Los 25 años que pasé en Perú fueron el período más difícil de mi vida, pero los recuerdo con gran cariño; debe ser porque fueron también mis años formativos, abarcando parte de la infancia, la adolescencia y la juventud temprana. Lo que no extraño, eso sí, es el clima árido y el cielo siempre encapotado de Lima, la capital.