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Develar, descubrir e impulsar: la tarea inacabable de editar LIJ en Colombia

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Develar, descubrir e impulsar: la tarea inacabable de editar LIJ en Colombia
By Camille Melo 28 de octubre de 2022
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Una conversación con Fernando Rojas, gerente general de Panamericana Editorial, la casa editorial colombiana que está próxima a cumplir tres décadas en el mercado nacional


En los últimos treinta años, la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) colombiana ha vivido un boom sin precedentes con la aparición de un nutrido grupo de autores que llegaron para fundar y actualizar nuestra LIJ. Narrativas y estéticas muy variadas exponen asuntos locales y cotidianos, y también sumergen al lector en imaginarios fantásticos y asombrosos. Desde Jairo Aníbal Niño hasta Gloria Cecilia Díaz, dicha literatura ha vivido constantes cambios que la han puesto como referente en el marco latinoamericano y mundial, como se constata en la obtención de diferentes premios y la aparición en diferentes listados: White Ravens, Lista de Honor IBBY, IBBY México, Cuatrogatos.

En este marco, un primer referente, sin duda, es Carlos Valencia, que se atrevió, en su momento, a producir libros para niños, aun cuando no había un mercado para ello; sus banderas las tomaría hacia 1994 Panamericana Editorial, que se ha convertido en el referente de nuestra LIJ, gracias a la inclusión, en su extenso catálogo, de autores como Irene Vasco, Pilar Lozano, Celso Román, Alekos, por nombrar solo algunos de los clásicos, o Claudia Rueda, Dipacho, Jairo Buitrago, entre los más jóvenes. Además, encontramos autores internacionales como el premio Nobel Patrick Modiano, Marina Colasanti, Jordi Sierra i Fabra, María García Esperón, Antonio Orlando Rodríguez, entre otros.

Fernando Rojas es gerente de Panamericana Editorial y ha acompañado el camino de la editorial desde su fundación; por ello, es un actor clave para entender cómo funciona el mercado del libro infantil y juvenil en Colombia. Ha sido responsable de poner los cimientos y estructurar lo que hoy en día conocemos como “la casa de los autores colombianos”.

Esta editorial colombiana también se destaca por haberse dado a la tarea de traducir grandes clásicos de la literatura universal con talento local, algo que antes no era posible ya que solo circulaban traducciones de países como España o Argentina. Ahora podemos leer a Mary Shelley, Edgar Allan Poe, Jack London o H. P. Lovecraft bajo el impecable trabajo de traductores colombianos, acompañados de la calidad y la estética de unas cubiertas que hacen de estos libros, además, objetos imprescindibles en las bibliotecas.

Libros y Letras conversó con Fernando que, con más de treinta y tres años en el sector del libro, nos dio su mirada sobre la actualidad y las transformaciones de la LIJ en Colombia.


Entrevista con Fernando Rojas, gerente general de Panamericana Editorial
Entrevista con Fernando Rojas, gerente general de Panamericana Editorial

¿Cómo era la LIJ cuando usted creció, qué lecturas recuerda?

Cuando era niño la literatura infantil y juvenil ni siquiera tenía presencia en los colegios. No tengo recuerdos de tener ejercicios en el aula en mi primaria; realmente, solo desde secundaria tengo mis primeras memorias de libros, como María, El Quijote, La metamorfosis y, tal vez, Cóndores no entierran todos los días, pero era un ejercicio muy incipiente, aislado, porque no había un lineamiento claro del significado del ejercicio o de la lectura en la escuela. De hecho, los libros que recuerdo eran un producto con una estética bastante deficiente, por ejemplo Bedout, que producía ese tipo de literatura, pero la actividad de las grandes editoriales que hoy participan en la producción de LIJ era incipiente o nula.

¿Cómo era la LIJ cuando surgió la editorial? ¿Qué siente que cambia y qué permanece de eso en la actualidad?

Realmente era bastante incipiente. La LIJ en Colombia, para el año en que nació la editorial (1994), no existía con esa diferenciación, con esa estética y con esa selección de contenidos que conocemos hoy.

Creo que se ha variado absolutamente en todo: desde el respeto por el lector, por entregarle un producto y un contenido digno y que realmente le despierte el gusto por la lectura, hasta en el acompañamiento que indiscutiblemente hacen los mediadores en los colegios y en las casas. Se ha producido un cambio en el producto en sí y en su circulación.

Creo que lo que cambió aquí y lo que dio el giro fue que se entendió que para formar lectores hay que hacerlo desde la primera infancia y que, para encantarlos, el objeto tiene que ser muy atractivo visualmente, porque la competencia es con otros productos del entretenimiento que son muy visuales y sonoros.

La palabra escrita en un papel no tiene la sonoridad ni lo audiovisual que tienen un videojuego o una película; por lo tanto, la estética de una obra para niños o jóvenes tienen un gran reto en la ilustración, en la encuadernación, en el tipo de papel y en el contenido. Ahí se ve el giro: que el lector de hoy, que es tan visual y audiovisual, requiere que el producto lo acerque más a su mundo real, a su contemporaneidad. De hecho, cuando vemos hoy los planes lector, todos tienen un alto componente de escritores contemporáneos.

En la actualidad es muy frecuente ver que la LIJ aborde temas asociados al ambiente, las desigualdades políticas y las problemáticas personales y sociales de los niños. ¿Cree que estos temas se han desarrollado desde siempre o que ahora hay una particular urgencia por hacerlos más visibles? 

La literatura pierde su sentido entre lo pedagógico, lo educativo y lo moralizante. Ningún contenido debería hacerse “en función de”: si hay una historia que involucre este tipo de temáticas, tiene que ser sencillamente porque forman parte de la escena. Sería válido. Construir “literatura para…” es más propio de los textos escolares, pero desde la narrativa y la creación no lo veo así. Sin embargo, hay muchas editoriales que encargan obras con ese tipo de contenido. Nosotros no lo hacemos de esa manera, sino que el escritor tiene la libertad de escribir y de entregarnos un texto, pero no porque le tengamos un referente específico o un tema particular ““escribe sobre esto…” o “estamos buscando textos con estas características…”). Otro asunto son los libros informativos, pero esta ya es otra línea editorial.


Alekos, Triunfo Arciniegas, Fernando Rojas, Fanny Buitrago y Octavio Escobar FILBo 2019
Alekos, Triunfo Arciniegas, Fernando Rojas, Fanny Buitrago y Octavio Escobar FILBo 2019

¿Cuáles son los retos de la cadena de valor del libro infantil y juvenil a la hora de llegar a lectores que están por fuera del plan lector?

El reto más grande de este país es atraer la masa de lectores y hacerla crecer. Nos contentamos con poco. Los colegios se contentan con poco: para ellos es suficiente que los resultados en las Pruebas Saber suban algunos puntos, y resulta que no es así. No se promueve la lectura como debería promoverse, no se enseña a leer ni a entretenerse desde los libros y la literatura, y eso produce un rezago en el país, ya que finalmente no se ven otras formas de hacer las cosas, no se explora el mundo y se cierra la capacidad de investigación y de reflexión.

Considero que la política pública respecto a lectura y escritura todavía es bastante floja; además, los diferentes agentes que intervienen en este proceso están desconectados entre sí, por lo que los resultados son de bajo impacto.

¿Qué opina de que los libros de LIJ ahora se acompañen de cartillas de actividades? 

Estoy completamente en contra de las cartillas de actividades. Una cartilla es una limitante para el proceso creativo que debe tener el mediador, ya que, al apoyarse en una cartilla, pierde el interés y piensa que su propósito es evaluar, cuando lo que tiene que hacer, por el contrario, es enriquecer ese proceso de lectura. Ahí se comete un gran error porque lo fundamental es que el mediador lea: yo no puedo recomendar un libro si no lo he leído y solo sigo las instrucciones de un documento que me dice qué hacer.

¿Qué ha sido lo más grato y cuál ha sido el reto más fuerte de haberse convertido en la Casa de los autores colombianos?

Yo creo que precisamente eso que tú acabas de decir es lo más grato: ser la casa de los autores colombianos. Cuando comenzó la LIJ en el mercado, gran porcentaje de los escritores estaban publicados bajo el sello de Carlos Valencia Editores, pensar en poder transformar ese sello y llevar esas publicaciones al formato que quería Panamericana, darle un vuelco en su estética, en su color, querer ilustrar los libros porque sabíamos que íbamos a llegar a las escuelas y queríamos que el producto fuera totalmente diferente. Además, también era un riesgo invertir en la publicación de escritores colombianos desconocidos para la mayoría de la población, porque también implicaba llevar esos autores a los colegios y que comenzaran a competir con lo que esas instituciones estaban pidiendo en ese momento. Develar, descubrir e impulsar, porque el talento y los escritos estaban, pero la presentación y el marketing que había que hacerles era otro.

Jairo Aníbal Niño es la voz más importante de la LIJ en Colombia, quizás después de Rafael Pombo. ¿Cómo fue su relación como gerente de la editorial que tiene la mayor parte de sus derechos?, ¿y cómo amigo?

La oportunidad de dirigir una editorial lo llena a uno no de escritores amigos, sino de amigos escritores. Yo conocí a Jairo Aníbal porque me lo presentó otro editor y quería recuperar los libros que había publicado con Carlos Valencia. Ahí nace la relación con él. De profundizar en tantas y tantas conversaciones a lo largo de los años establecimos un vinculo de amigos supremamente fuerte, de compinches, de alcahuetes en el mundo de la literatura, de amigos; de contarnos cosas y compartir visiones, de podernos entender cada uno desde su posición: él desde creador y yo desde el gestor que podía hacer que sus libros se vendieran y crecieran en la industria. Al lado de Jairo vinieron muchos otros creadores y, de lo más gratificante hoy en día, es conservar esa obra y su amistad a través de los hijos que le sobrevivieron.

¿Cómo cree que la obra de Jairo Aníbal ha impactado en la narrativa de los autores contemporáneos?

Yo creo que La alegría de querer,en tanto poemario para jóvenes que trata ese despertar del primer amor en la adolescencia, llevó a muchos jóvenes a leerlo. Y alrededor de ese libro vienen otros como Zoro y Preguntario; en fin, la influencia de Jairo Aníbal, más que en el estilo y la forma, es en el encuentro con el otro. Por otra parte, de alguna manera, Jairo le mostró a los escritores del momento que sí era posible que los niños y los jóvenes leyeran, que lo que se necesitaba era esa cercanía, escribir para ellos, sintonizarse con su lenguaje y con sus sentimientos. Esa fue la influencia de Jairo Aníbal para su época y es el legado de Jairo Aníbal para las nuevas generaciones de escritores.

En la actualidad hay una visibilidad de la obra escrita por mujeres, podemos ver claros ejemplos liderados por el Gobierno y por varias editoriales comerciales. En el marco de la LIJ, donde han tenido un papel protagónico, ¿qué autoras podría recomendarnos?

La LIJ colombiana tiene unas voces muy potentes: Elisa Mújica, Fanny Buitrago, Pilar Lozano, Beatriz Caballero e Irene Vasco; otras voces más recientes en este panorama podrían ser Gloria Cecilia Díaz, Claudia Rueda, Luisa Noguera y Samarys Polo.


Fernando Rojas, Celso Román, Pilar Lozano, Alekos, Triunfo Arciniegas, Clarisa Ruiz, Irene Vasco y Octavio Escobar
Fernando Rojas, Celso Román, Pilar Lozano, Alekos, Triunfo Arciniegas, Clarisa Ruiz, Irene Vasco y Octavio Escobar

¿Qué papel juega la calidad literaria en la LIJ? ¿Se le están dando importancia?

En nuestro caso se le da más importancia al contenido y a la calidad literaria, sin esta no se forman lectores porque aquí hacemos libros que contribuyan a la formación del lector, no hacemos libros para que los niños aprendan, ni para que estudien, ni para que presenten una prueba. Nosotros hacemos historias agradables para que los niños encuentren una actividad supremamente enriquecedora en sus vidas.

Fernando Soto Aparicio es otro de los autores insignia de la editorial, gran parte de su obra denuncia grandes desigualdades sociales en el país. ¿Cree que la literatura para jóvenes debe proponer el pensamiento crítico en la sociedad?

Los jóvenes, así suene a cliché, son los llamados a dar los grandes cambios sociales. Sin unos jóvenes fortalecidos, críticos, demócratas, el país nunca va a cambiar. Lamentablemente Colombia es un país con unos desequilibrios sociales enormes como todos los países de América Latina, y Fernando, desde su literatura, lo que siempre colocó ahí fue esa marca personal del desequilibrio, de la lucha, del no callarse, del escribir… y eso es supremamente importante. A muchos les disgustaba como escribía Fernando, su forma de protestar mediante lo narrativo o la denuncia social que hacía, pero eso hace que su obra, incluso hoy, sea más vigente que nunca.

Sabemos que han hecho parte de proyectos transmedia, que hacen contenido propio de novela gráfica y que incluso alguna de sus novedades tiene una playlist de canciones alrededor del libro. ¿Por qué migrar y adaptarse a otros formatos?

Porque el contenido tiene que adaptarse al lector y no el lector al contenido, porque nosotros los editores tenemos que entender que las formas de leer han evolucionado; porque no podemos apartarnos: además de grafías, leemos imágenes y escuchamos, es un ejercicio integral. Cuando el editor logra entender eso y logra combinar y darle más valor a ese contenido, pensando siempre en el receptor, indiscutiblemente esas variaciones le van a producir unos alcances de mercado que antes no tenían.

Gracias a Panamericana Editorial hemos leído a autores clásicos magistrales como Mary Shelley, Bram Stoker, Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft. ¿Qué significa para un país tener estos referentes en nuestra lengua y no las clásicas traducciones que venían de países como España o Argentina? 

Significa que todos debemos aprovechar el talento que tenemos en el país y sacarlo a flote. Para mí era inconcebible, cuando fuimos a publicar el primer libro, que fue Drácula, buscar las grandes traducciones hechas en Colombia y encontrar que no había, a pesar de tanto talento que hay aquí en esa área. Entonces, la tarea enseguida fue sacarlo adelante y demostrarle al mundo que acá hay gran talento en traductores de diferentes lenguas y hacerlos visibles como creadores. Hoy, esa colección es un sello sólido que marca un referente editorial: si a alguien le ha apostado a traductores colombianos y a hacer este tipo de obras, esa ha sido Panamericana.

La editorial incluye en su catálogo autores e ilustradores de otros lugares del mundo. ¿Nos quiere recomendar algo o tiene una anécdota que nos quiera compartir?

En mis primeras visitas a ferias internacionales, como Bolonia y Fráncfort, comencé a ver cosas que en el país no se ven: ese cúmulo de contenidos en diferentes lenguas, con esas singulares líneas de ilustración, eran algo realmente emocionante para mí como editor extranjero. Dentro de ese deseo de hacer las cosas, tengo una anécdota con un editor británico, cuyo nombre no viene al caso: estaba en un proceso de petición de muestras para evaluar y posiblemente seleccionar, dentro del cual yo le hacía una solicitud de unos 15 o 18 libros, una cantidad importante, a la persona con la que estaba negociando los derechos; quepa mencionar que él copiaba en el correo a su jefe, quien no se da cuenta de que estoy copiado y responde con una actitud desobligante: “No le mandes nada a esos sudacas, que piden mucho y no publican nada”. Esto ocurrió en el año 94.

Ahora, por otro lado, cuando uno se puede poner en contacto directamente con ilustradores, aunque estén trabajando para editoriales europeas, da mucha alegría que se acojan a las tarifas de un editor que esté trabajando en Colombia, ya que el trabajo del creador es ese; dentro de la divulgación de su obra gráfica, no solo se han acomodado a las tarifas de Colombia, sino de países como México, Argentina y Chile, porque entienden que aquí el mundo es otro, económicamente hablando.


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