Entrevista, Jacobo Cardona

No. 6.988, Bogotá, Sábado 28 de Febrero del 2015

Jacobo Cardona
acaba de ganar la Bienal de Novela
“Tierra de Promisión” con la obra Vidas posibles.

Primero fue la poesía, aunque de forma errática y desordenada, torpe. Era lo que sentía más natural, lo que en parte me permitía hacer frente a los desvaríos juveniles

Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)
Hace varios años de pronto hubiera sido más “fácil” alzarse con la Bienal de Novela “Tierra de Promisión” José Eustacio Rivera, de Neiva, Colombia, pues sólo competían escritores nacionales, pero cuando se abrió la posibilidad internacional, las cosas ya no fueron tan fáciles pues hasta la misma cifra de participantes se duplicó. Pero esto no amilanó a Jacobo Cardona quien decidió enviarla al concurso y esperar a que ella sola se defendiera.
¡Y ganó!
Se inició como poeta, tratando de tejer dos o más versos, pero no se había atrevido a hacer novela, solo hasta ahora con Vidas posibles y le sonó la flauta. Y, obviamente, está feliz. NO se cambia por nadie y espera ansiosamente ver su novela al lado de sus coterráneos antioqueños y a los demás escritores colombianos.
– ¿A última hora decidió participar en la Bienal de Novela o ya tenía previsto hacerlo desde hacía varios meses? 
– No tenía previsto hacerlo. Había terminado el proceso de reescritura, y un amigo que ya había leído la novela me envió la convocatoria.
– ¿Qué expectativas tenía sobre la Bienal? 
– Sabía de la importancia del premio, de lo difícil que sería ganarlo, y más con la apertura internacional de esta edición. Lo que suelo hacer, y no solo en los concursos o proyectos literarios, es no crearme muchas expectativas, simplemente dejar que todo fluya, que las cosas se organicen en sus propio ritmo incierto.
– ¿Fue más que sorpresivo saber que ganó con creces esta Bienal? 
– Muy sorpresivo, porque como dije antes, busqué olvidarme del concurso. Fue una gran noticia, como las grandes cosas que se cruzan de repente, y están ahí, porque en algún momento del pasado contribuiste para animar ese tránsito.
– ¿Cómo surgió el título de la novela? 
– Sin pensarlo, fue como una clave.
– ¿Cuál es el tema central de la misma? 
– Lo ideal sería que cada lector encuentre su propio tema. Puedo decir que hablo de la brecha generacional, de la violencia urbana, de la subversión de los géneros sexuales, de la educación, y no estaría siendo preciso.
– ¿Ganarle a tantos y tantos escritores es más que un compromiso con los lectores? 
– Un compromiso con los lectores y con la literatura, pero la literatura entendida como algo más que los libros, la literatura como una forma de interactuar con el mundo. Escribir es simplemente el resultado de una disposición mental con las cosas.
– ¿Su mundo siempre ha sido el de la literatura? 
– La literatura, el cine y la ciencia. Creo que estudié antropología para conciliar esos excesos. Cuando pienso en historias o en imágenes, esos contenidos buscan ser dichos de cierta forma, buscan una tecnología. Por razones que ignoro, Las vidas posibles llegó como novela, nunca la concebí en forma de guión, aunque la considero muy cinematográfica.
– ¿Con qué libros empezó a meterse en este maravilloso mundo de la creación literaria? 
La Biblia, las tiras cómicas, y las fábulas de Rafael Pombo.
– ¿Usted empezó escribiendo cuentos o poesías o de una se metió en el mundo de la novela? 
– Primero fue la poesía, aunque de forma errática y desordenada, torpe. Era lo que sentía más natural, lo que en parte me permitía hacer frente a los desvaríos juveniles. La poesía me ayudaba a esclarecer. Todo en ella es un ensayo. Espero algún día escribir, después de tantos poemas malos, un poema regular.
– ¿Qué novelas ha publicado? 
Las vidas posibles es mi primera novela.
– ¿Además de esta novela ganadora de la Bienal, tiene otra obra en camino para ser publicada? 
– Tengo publicado un libro de poesía llamado Manufacturas, artefactos, cosas deshechas, una obra que ganó el IV Premio Nacional de Poesía de la Universidad Industrial de Santander, y en este momento estoy preparando una nueva colección de poemas. También estoy terminando de ajustar un volumen con varios cuentos de serie B, y para el próximo año espero continuar con un proyecto aplazado, la que se suponía sería mi primera novela, un material que alcancé a esbozar sobre la identidad y la realidad virtual.
– ¿Cómo ve hoy el mundo de la creación literaria en Colombia? 
– Creo que al igual que gran parte del cine y la música, y esto pasa en todo el mundo, la creación literaria está orientada exclusivamente por las lógicas simplificadoras del mercado, en las que no se trata simplemente de ofrecer un producto ligero y estereotipado, sino también de crear un tipo de consumidor receptivo a este tipo de material. Existen algunas voces relevantes, originales e independientes como las de Juan Gabriel Vásquez, pero muchas no logran abarcar un amplio círculo de lectores. La literatura como una forma de pensamiento también debería ser una forma de entretenimiento popular.
– ¿Cuáles son los autores nacionales a los que siempre recurre? 
– No suelo recurrir a ninguno, voy casi a la deriva, topándome con ellos, aunque hay varios libros que llegaron cuando yo no sabía que los necesitaba, y como las buenas canciones, terminaron por provocar una perspectiva. Hablo de Sin remedio, La tejedora de coronas, Opio en las nubes, El amor en los tiempos del cólera, El desbarrancadero, La luz difícil, El olvido que seremos, la poesía de Gómez Jattin.
– ¿Y los internacionales?
– Igual que con los autores nacionales, creo que no son escritores que llegaron en un buen momento, sino que hicieron de un momento el gran momento. En ese sentido, en su paso efímero, son fieles y fundamentales, como Rulfo, Sam Shepard, Carver, Coetzee, Kafka, J. D. Salinger, Robert Walser, Rimbaud, Dostoievski, Bolaño, Pessoa.

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