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Entrevista, Lina María Pérez

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Entrevista, Lina María Pérez
By Libros y Letras 22 de octubre de 2013
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No. 6.502, Bogotá, Martes 22 de Octubre del 2013 
Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía. 
John Fitzgerald Kennedy
Lina María
Pérez
Recuerdo especialmente mis asombros ante los cuentos de las Mil y una
noches
Por: Jorge
Consuegra (Tomado de El Espectador)



Ganar el Concurso Internacional
de Cuento Juan Rulfo no es nada fácil, y menos cuando los escritores saben que
son miles de escritores del mundo que participan siempre pensando en llevarse
ese galardón, pero Lina María Pérez lo intentó y se alzó con él.
– ¿A qué edad supo?
– Desde que empecé a escribir
sin escribir. Imaginando nuevos cauces a los cuentos que me leían mis padres.
– ¿Siempre ha estado sumergida
en el mundo de los libros?
– Libros, siempre libros. Mi
mamá no hablaba mucho, siempre estaba concentrada en uno. Guardo esa imagen de
fervor por la lectura como algo muy significativo.
– ¿Cuáles fueron sus primeros
libros infantiles?
– Recuerdo especialmente mis
asombros ante los cuentos de las Mil y una noches. Y las historias de los
héroes medievales. Mi necesidad de narrar surgió con el encantamiento con
diversas narrativas: no solo las de los libros. Fueron muy importantes las
radionovelas que oía  con la niñera y el
cine que era un plan casi semanal de la familia.
– ¿Hubo un protagonista especial
de una novela que le hubiera robado más de un suspiro?
– Melquíades, el mago. En él
recae toda la responsabilidad narrativa de los 100 años de soledad de la
familia Buendía con los manuscritos indescifrables. Es el Cidi Hamete
Benengeli, el depositario de la historia de Macondo. Y Marcel, el personaje
narrador de En busca del Tiempo perdido, y regreso a él siempre, para indagarme
y reconocer cuánto me transforma su discurso estético de 7 tomos. Funes  de Borges, Juan Preciado en Pedro Páramo, el pianista de El malogrado de Bernhard…
– ¿A qué edad escribió su primer
cuento y cuál fue el tema?
– A los quince años. Gané un
premio en el colegio en la clase de filosofía. 
Una fábula en la que Don quijote de la Mancha y Einstein se encuentran para hablar de
sus contextos. 
– ¿Qué cuento cree que la
“graduó” de escritora?
– Silencio de neón me
apasionó en la mente durante mucho tiempo con el triángulo amoroso que se
resuelve fuera de la convención. Fue mi primer cuento en computador y me liberó
de la máquina de escribir. Sonata en mí me
enseñó las honduras del género. Acabo de ceder mis derechos para un
cortometraje en España. Los más recientes, Cuentos
colgados al sol
me muestran una evolución, no solo en temas y en la
escritura misma, sino en mi actitud literaria.
– ¿Es
la literatura tu mejor forma de entender la vida?

– No
sé si la vida hay que entenderla. Solo sé que con el primer café a las 5:00
a.m. empiezo a darle sentido a esa cosa que fluye hora tras hora y hay que
llenar con los mejores impulsos. Mi disciplina de escritura me aparta, en un
pacto de soledad y silencio, de  cosas
quizás “importantes” y más útiles, pero 
me da más disfrute.

– ¿Si no hubiera sido la
literatura qué estaría haciendo hoy?
– Estaría dedicada a la
fotografía que es otra manera de contar la vida.
– ¿Cuál ha sido tu mayor
experiencia con la literatura?
– La escritura de mi novela Mortajas cruzadas, siete años explorando el género y haciendo una
reflexión en tono de divertimento negro sobre la muerte. Pasó casi
desapercibida pero en mi patrimonio literario la aprecio por la experiencia que
me dejó.
– ¿Cree que los premios
literarios motivan más a la lectura o a los escritores?
– Para el escritor  un premio es un estímulo, un reconocimiento,
pero tampoco es la gloria. El mejor premio para el escritor está en la calidad
estética de su trabajo, en tener la certeza de que se escribe para lograrlo.
Hay muy buenos escritores sin premios.
– ¿Qué es lo mejor que tiene hoy
nuestra literatura colombiana?
– Somos muchos escritores en
busca de que se nos lea, de que se produzca una crítica que, a su vez,
multiplique lectores. Las novelas, los libros de poesía, las colecciones de
cuentos se restringen a guetos, a la mirada de la academia, a las reseñas de
las carátulas. Lo mejor que tiene nuestra literatura es que es ingenua y sigue
reproduciéndose en busca de lectores. 
– ¿Qué debe continuar haciendo
el Gobierno para que el hábito de la lectura no decaiga sino que al contrario
aumente?
– Son alarmantes los índices de
comprensión de lectura. Y ni qué decir de los de escritura.  Llenar los estantes de las bibliotecas
escolares con libros no es suficiente, si no se acompaña con un énfasis muy
vital y lúdico de lo que significa  la
lectura como herramienta y como puerta a los 
territorios estéticos de la palabra. Y eso no se logra con la obligación
del Cantar del Mío Cid.
Profesores-guías muy ingeniosos, eso es lo que se debe introducir.
– ¿Las Ferias del Libro ayudan a
la lectura o a fortalecer los abrazos entre los amigos?
– Las ferias del libro como se
hacen aquí me ahogan. Voy a una conferencia de un escritor  y no soporto la programación paralela de
música en las plazas. Yo propongo una feria de literatura donde ésta sea la
protagonista, en un ámbito casi de monasterio, donde haya una reflexión crítica
en torno a ella y una gran galería de libros que propongan lecturas profundas,
si se quiere, superiores. 
– ¿Qué libro tiene listo para
publicar?
– Un libro de cuentos y una
novela, ambos inéditos. Y estoy escribiendo el guión cinematográfico basado en
uno de mis cuentos.
– ¿Se siente mejor escribiendo
para los niños o para los lectores adultos?
– Yo misma acojo mi propia
perplejidad ante las ocurrencias que me llegan. Algunas vienen para ser
escritas en códigos infantiles y otras para lectores adultos. Poder nombrarlas,
construirlas  con ingenio y coherencias
argumentales, es el mayor, el único placer de la creación literaria.