Entrevista. Los escritores Beatriz García y Andreu Navarra analizan el libro Ballard reloaded, de J. G. Ballard

Entrevista. Los escritores Beatriz García y Andreu Navarra analizan el libro Ballard reloaded, de J. G. Ballard

El futurista tranquilo

Beatriz García y Andreu Navarra analizan la obra de J. G. Ballard de una forma diferente, amena y sabia, haciendo manifiesta su profunda admiración por el autor británico.

James Graham Ballard (1930–2009) fue un escritor británico conocido por obras que en su momento fueron consideradas de ciencia ficción, luego distópicas y después transgresoras. En ellas exploró lo que él mismo denominaba “el espacio interior” en escenarios desolados donde el progreso del hombre había claudicado por su propio peso o generado catástrofes. El gigante nacido en Shanghái ha representado una influencia constante en un sinnúmero de escritores en todo el mundo, y ese influjo está lejos de acabarse.

En Ballard Reloaded (H&O Editores, 2023) Beatriz García Guirado y Andreu Navarra se adentran en el mundo de este gigante, aclarando que el libro “no es una biografía de J. G. Ballard, ni tampoco un estudio académico de sus obras, sino un collage de atrocidades. La construcción imposible de una lógica imaginativa que lo resignifique a través de paisajes ballardianos, retazos biográficos, depravaciones que beben de la misma herida neurótica y surrealista, acontecimientos históricos enmarañados y mucha bilis… y admiración. Es decir, amor. Y terror. Porque no hay nada más ballardiano que el hoy, y eso asusta, hasta el punto de que el presente-futuro adquiere un nuevo nombre profético: ya no Nostradamus, sino Ballardamus”.

“¿A qué se debe este ostracismo de uno de los autores más importantes de la narrativa británica y europea? Su invisibilidad es ballardiana. Su prosa incómoda y fría, profética en la manera en que describe los peores vicios y los desafíos del mundo, podría ser una clave. Aunque tal vez sea mucho suponer… Porque J. G. Ballard era genial, demasiado genial para un siglo que no lee”.

Beatriz García Guirado es periodista, escritora y docente. Exponente de la literatura extraña, ha publicado las novelas El silencio de las sirenas (Salto de Página, 2016), La Tierra hueca (Aristas Martínez, 2019. Premio Amaltea 2019) y Los pies fríos (Sloper, 2022). Andreu Navarra es escritor e historiador y ha publicado las novelas Hojas (Sloper, 2017) y Una especie de aventura (Sloper, 2019).

A continuación, una charla con los autores sobre esta obra.

— ¿Cómo cobra vida este artefacto Ballard Reloaded?

Fue una confluencia entre el editor, Eduardo Hurtado, y nosotros dos, que nos sentíamos escritores ballardianos. No entendíamos por qué un autor tan original e importante tenía una recepción tan desigual en nuestro país, cuando en Reino Unido es una especie de Dios.

—¿Qué tan arduo fue el proceso de encontrar una editorial que quisiera publicar un libro sobre J. G. Ballard?

No fue nada arduo puesto que fue la editorial quien, en cierto modo, nos buscó a nosotros. El trato que hicimos tuvo que ver con la locura: el editor quería publicar algo loco y nosotros queríamos escribir un ensayo loco, muy literario y libre. En ese sentido, el proceso fue muy libre y dinámico.


— Como bien se aclara en la solapa del libro, Ballard Reloaded no es una biografía de J. G. Ballard y tampoco un estudio académico de sus obras, sino un collage de atrocidades. ¿Cómo fue la organización de este material y qué tanto se quedó por fuera en el proceso de edición?

No sabíamos cómo íbamos a funcionar como autor de cuatro manos. Ten en cuenta que Andreu era fundamentalmente un historiador, y Beatriz una novelista explorativa, y que nos íbamos a embarcar en un proyecto fuertemente experimental, así que establecimos una especie de pactos: fijamos una estructura en torno a los temas fundamentales de la literatura de Ballard (Antropoceno, mercado, caos, máquina, imagen), compartimos el texto base en un Drive y nos comprometimos a no censurarnos absolutamente nada; es decir, que no iba a quedar nada fuera, excepto en el momento de pulir y editar y revisar el original final.

De hecho, fue sorprendentemente fluido. Incluso hay momentos en el texto en el que rebatimos las ideas del otro a través de personajes que creamos “B” y el otro “B”. En un momento dado Andreu pensaba que había una de las ficciones que era demasiado hard y no venía a cuento, así que desaparece y vuelve a reaparecer, esta vez llevándole la contraria y explicando a “B” por qué debe ser incluida. Lo único que se quedó fuera fue alguna referencia a algún político actual que tal vez sí (mea culpa) estaba bastante pasada de vueltas. Pero el proceso de edición de este ensayo-ficción fue muy libre: todo valía menos lo plomizo y lo políticamente correcto.


Portada del libro Ballard reloaded de Beatriz García y Andreu Navarra
Portada del libro Ballard reloaded de Beatriz García y Andreu Navarra

— Entre todos estos fragmentos de información hay algunos muy curiosos: pequeñas ficciones con los personajes insignes de Ballard, cosas autobiográficas de ustedes trastocadas, etc. ¿Cómo surge esta parte del libro? Le agrega una pizca de extrañeza a un libro sobre la vida y obra de un autor ya de por sí extraño.

Teníamos muy claro lo que no queríamos hacer: no íbamos a escribir un libro académico, uno de esos tostones que uno no puede acabar de puro aburridos. Nos fijamos mucho en la estructura de La exhibición de atrocidades (1970), un libro muy acelerado y muy fragmentario. Quizás escribimos el libro que a nosotros (o a Ballard mismo) nos hubiera gustado leer. Pensamos que hay un campo libre aquí, el del ensayo literario, que está algo anquilosado en España.

En cierta manera esas ficciones surgen de la idea de que cuando el universo de un autor es inmenso, como en el caso de Ballard, puedes sumergirte en él y sentirte invitado a hacerlo crecer. No se me ocurre mejor manera de mantener viva la memoria de un escritor que homenajearlo utilizando los resortes de esa misma imaginación radical: una forma de empatía salvaje con lo que representa.


— En el libro se menciona el preocupante y triste hecho de que en la actualidad la mayoría de la obra de Ballard se encuentra descatalogada y es un autor poco leído. En España editoriales como Alianza han publicado nuevas versiones de sus cuentos y alguna novela, sumado a lo que hizo H&O con esta obra. ¿Cómo es posible que un escritor de la talla de Ballard haya caído en una suerte de olvido? La sola noción parece inconcebible.

No vivimos en una época especialmente proclive a publicar libros incómodos y políticamente incorrectos, y si algo tiene la ficción de J. G. Ballard es eso. Pero creemos que el motivo de que muchos de sus libros en español estén descatalogados tiene que ver con cuestiones más prosaicas, digamos, económicas: los derechos de autor. La escritora y editora Marcy Rudo, viuda de Paco Porrúa, el mítico editor de Minotauro, nos explicó que cuando Planeta compró la editorial su objetivo central era Tolkien y muchos otros grandes autores, como Ursula K. LeGuin o el mismo Ballard, pasaron a un segundo lugar. Tampoco se desbloqueaban los derechos para que otras editoriales pudieran reeditar sus libros, así que la cosa quedó en punto muerto. Pero parece que esto está cambiando ahora porque Ballard jamás fue olvidado: es un autor de culto. Después de la publicación de los dos volúmenes de cuentos hay voces de que Alianza seguirá con el resto de su obra. Al menos eso oímos en su día, lo que es una noticia extraordinaria. ¿También se publicará La exhibición de atrocidades? Eso es lo que me gustaría saber, porque es una obra realmente difícil, vanguardista. Pero seguro que obras como La sequía u Hola América ya están programadas.

De hecho, hace unos años el crítico catalán Jordi Costa organizó una exposición increíble sobre Ballard en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) que demostró los muchísimos fans que tiene el autor y lo absolutamente contemporáneas que son sus ficciones, incluso más actualmente que en aquel momento.

—¿Cómo ven el panorama en los demás países hispanohablantes? ¿Está también Ballard “olvidado”?

Se nos hace un poco difícil hablar de Latinoamérica porque es un mercado diversísimo y gigantesco. Pero, por ejemplo, sabemos que el escritor uruguayo Ramiro Sanchiz está haciendo mucho por recuperar y mantener el legado de J. G. Ballard y se está publicando ficción distópica bastante ballardiana como el libro Miles de ojos (2022) de Maximiliano Barrientos, que publicó Caja Negra, y que está bastante inspirado en Crash. Y, bueno, la máxima autoridad en español sobre J. G. Ballard es el filósofo argentino Pablo Capanna, el primero en escribir sobre él en esta lengua.

Igualmente, lo único que evita que un autor caiga en el olvido es que sus libros puedan conseguirse con facilidad. Una simple búsqueda en Google te conduce a webs de compraventa de libros usados como Mercado Libre, así que sin duda la obra de Ballard aún tiene que ser reivindicada con más fuerza en los territorios hispanohablantes.

—¿Cómo es la situación en Inglaterra y Estados Unidos? ¿Creen que Ballard tiene el lugar que merece dentro de la narrativa anglosajona?

Es un tema curioso. Hace poco Bea habló con un fotógrafo angelino que tenía una pequeña librería en Los Ángeles, justo cuando se estrenó la película de Spielberg El imperio del sol. El fotógrafo le contaba que un buen día apareció Ballard por su librería porque le habían dicho que era una de las pocas en toda la ciudad donde se vendían sus libros y quería echarle un vistazo. Es decir, ahí tienes a J.G. Ballard en una ciudad tan ballardiana como L.A yendo a una librería diminuta en busca de sus libros, lo que nos dice que nunca hubo una gran ballardmanía en ese país, sino más bien un gang de lectores fieles posiblemente tan extraños, rebeldes e inconformistas como él. Excepto para sus obras menos outsiders como El imperio del sol y creo que eso sigue así hasta el día de hoy.

En Inglaterra es otro tema. En muchas librerías puedes encontrar destacadas la mayoría de las obras de J. G. Ballard, aunque incomprensiblemente no se hizo demasiado por rescatar su casa de Shepperton y convertirla en museo: eso hubiera estado mejor que bien.


— Me gustaría que explicaran un poco eso de que Ballard escribía ficción filosófica.

Cuando a Ballard le preguntaron qué entendía por ciencia ficción respondió lo siguiente: “Un tipo que se despierta de repente en una playa y se pone a observar una bicicleta oxidada”. Él se preguntaba por qué había que buscar paisajes extraños en Marte o en otra galaxia cuando disponíamos de paisajes tan extraños como Empuriabrava o la provincia de Alicante a tiro de piedra. La arquitectura del desarrollismo costero español le fascinaba, reunía los elementos de distopía política y anormalidad económica que tanto le interesaban. Por lo tanto, no estamos ante un autor a quien le interese demasiado el espacio exterior en sí, sino el espacio interior del hombre en relación con la Tierra; es un giro copernicano. Por ejemplo, su interés por la retrotecnología y las ruinas derivadas de la aventura espacial tienen más que ver con las secuelas psicológicas y políticas de todo aquello que con la exploración espacial en sí. Comparémoslo con Asimov: un escritor enorme que considera al hombre como un ser perfectible y que trata de experimentar con las variantes que determinarán nuestro futuro. Para Asimov, las llagas del imperialismo y los vicios tardocapitalistas son cosas a corregir o superar: la postura de Ballard es opuesta; para el de Shepperton el futuro está aquí mismo, es ya presente, y debemos acariciar e incluso cuidar nuestras deformidades. En ese sentido su amoralidad podría estar relacionada con el aceleracionismo. Ballard no censura la violencia y tampoco cree que el ser humano esté llamado a ningún gran destino: su grandeza residiría, llanamente, en su capacidad para adaptarse y sobrevivir. Por eso decimos que la distopía, en Ballard, estaba en su pasado, porque se educó en un campo de concentración viendo montañas de cadáveres. El Mal es un hecho natural, no parece inquietarle demasiado, es consustancial a la vida. Queremos decir que el mundo avanza a través y a pesar de los desastres naturales y la acción predatoria de los seres humanos; todo eso no es condenable en sí, sino comprensible teniendo en cuenta qué tipo de bestia sofisticada y sádica es el hombre.


Entrevista. Los escritores Beatriz García y Andreu Navarra analizan el libro Ballard reloaded, de J. G. Ballard
Los escritores Beatriz García y Andreu Navarra autores del libro Ballard reloaded – © Diana Rangel

—¿Cuáles consideran ustedes que son los escritores en lengua española en donde más se nota la influencia de Ballard?

Para nosotros, más que escritores ballardianos hay novelas ballardianas. Por ejemplo, pensamos en Pulpa (2018), de la argentina Flor Canosa, que es heredera de Crash (1973) en la manera en que pone a prueba los límites del cuerpo, juega con el dolor y se sacude los prejuicios. Tal vez Ariadna Castellarnau en libros como Quema (2015) tiene un deje del Ballard distópico, aunque más intimista… Ramiro Sanchiz y mucho del new weird tiene bastante de Ballard. Los no-lugares ballardianos de la Nocilla Dream (2006) de Agustín Fernández-Mallo. Beatriz misma en sus dos primeras novelas se inspira en la forma en que los desastres climáticos (un tsunami, la erupción de un volcán y una misteriosa lluvia de piedras) son extensión y espejos de esos otros cataclismos internos que están viviendo los personajes. Son muy ballardianos también textos como Isla con reptiles (1996) de Pilar Pedraza, Newropía (2020) de Sofía Rhei, o El edificio (2023) de Santi Pérez Isasi. Quizás una obra maestra reciente que bebe muchísimo del pensamiento de Ballard y lo aplica a lo grande y además lo confiesa abiertamente en el propio texto sea Circular 22 (2022) de Vicente Luis Mora, que pretende ser algo así como una epopeya deconstruida de todas las urbes mundiales en un tiempo simultáneo. Como no solo hay un Ballard sino muchos (el Ballard de La exhibición de atrocidades y Crash, el de su ficción climática, el de Rascacielos y esos otros no-lugares, el Ballard de esos astronautas enfrentándose a tiempos en descuento…), muchísimos autores se sumergen en él de una forma u otra, algunos incluso sin tenerlo presente de una forma consciente.

— Ballard es un escritor complejo y bastante prolífico, pero me parece que gran parte del material de no ficción y biográfico no está disponible en castellano. ¿Les gustaría o tienen planeado escribir algo más sobre él?

Todo lo que podíamos decir sobre J. G. Ballard lo escribimos en este libro. Nunca pretendimos escribir un libro biográfico, para eso ya están sus memorias, publicadas en español y libros como La bondad de las mujeres (1991), que también están traducidos. Nosotros, por nuestra parte, seguimos leyendo y disfrutando de Ballard, han salido artículos y quizás esta investigación se fusione con otra más amplia sobre distopías políticas y representaciones del capitalismo en diversos autores como Pohl, Aldiss o LeGuin. También pensamos que con Ballard queda una labor pendiente de tipo filológico: sus relatos iban pasando de una recopilación a otra a través de distintos continentes y revistas (las ediciones latinoamericanas de Ballard no son las mismas que las españolas, no contienen los mismos textos y tampoco se corresponden con los títulos británicos ni los norteamericanos). ¿Alguien ha puesto orden en este caos ballardiano de textos cruzados y recolocados? Aquí habría una tesis doctoral o un trabajo académico por hacer, aunque por supuesto nos motiven más las derivaciones filosóficas de los libros de Ballard. Además, seguimos escribiendo novelas y en ellas el influjo de Ballard puede ser más o menos evidente, según el tema, pero naturalmente es un escritor que siempre tenemos presente.

— Ballard tuvo la capacidad ver el futuro y como un oráculo predecir muchas de las cosas que estamos viviendo. William Gibson es alguien que considero como una figura afín que también ha logrado ver más allá. ¿Existe algún escritor moderno que ustedes consideren “descendiente” de Ballard o que esté operando como una suerte de profeta sobre los tiempos por venir?

En buena parte el foco de la ciencia ficción se ha desplazado y ya no tiene un centro preeminente en Estados Unidos y Europa, o este centro se ha desdibujado o capilarizado por todo el mundo. En cierto modo la narrativa de Octavia E. Butler ya pulverizaba esa visión aséptica y gloriosa de las federaciones interestelares que encajaban tan bien con los sueños cosmistas y neoliberales: lo que describe son derrumbes colectivos y afecciones íntimas. Posiblemente el legado de autores como Ballard, Butler y Gibson sea esta floración actual de autores no occidentales que han descolonizado también sus distopías y sueños robóticos (estoy pensando en habituales de las antologías que corren por el mundo o que uno puede comprar en Estados Unidos: Indrapramit Das, Linda Nagata, Vina Jie-Min Prasad, R. F. Kuang, Sofia Samatar). También circulan muchas recopilaciones de autores latinoamericanos que forman un mundo aparte riquísimo. Olga Ravn, una novelista danesa, está trabajando con elementos claramente ballardianos. Su texto La plantilla (2018) me parece muy recomendable, con traducción de Maria Rosich para Anagrama

— Si un lector joven (o no tan joven) lee esta entrevista y siente curiosidad por Ballard, ¿por cuál de sus obras le recomendarían empezar?

Quizás por La sequía (1965) que es muy representativa. El imperio del sol (1984) no deja de ser su mayor éxito, una especie de antiepopeya y, en cualquier caso, uno de los títulos mayores de la literatura de Posguerra y el memorialismo concentracionario.

—¿Cómo fue para ustedes presentar este libro junto a un grande como Rodrigo Fresán, quien además es experto en el gigante de Shepperton?

La verdad es que el acto de presentación en la librería Gigamesh con Fresán fue muy especial. Él habló de nuestro proyecto con mucho cariño y puso mucho interés; fue un gusto oírle y pensamos que supo encontrar las claves de nuestro texto. Qué vamos a añadir: es muy sabio y empezar la gira de ese modo fue todo un espaldarazo.

—¿Novelas favoritas de Ballard? Denme un top cinco.

El mundo sumergido (1962)

La sequía (1965)

La isla de hormigón (1974)

Rascacielos (1975)

Hola América (1981)