En agosto nos vemos. Viaje al alma de Ana Magdalena Bach

Reseña de "En agosto nos vemos", la novela póstuma de Gabriel García Márquez

El 6 de marzo se publica En agosto nos vemos, la novela póstuma de Gabriel García Márquez, fecha de su cumpleaños 97, fallecido el 17 de abril de 2014. Dasso Saldívar, biógrafo del Premio Nobel de Literatura, nos comparte este relato en el que detalla cómo se gestó la obra.

Por Dasso Saldívar*

Entre el 1 y el 4 de octubre de 1996 Gabriel García Márquez, ya recuperado de la reciente operación de un pulmón, participó en un seminario con veinticinco estudiosos de su obra de todo del mundo. Fue en la Cátedra Julio Cortázar de la Universidad de Guadalajara, fundada en 1993 por él y Carlos Fuentes. Durante esos cuatro días intercambió opiniones y análisis sobre sus libros, sus historias, sus personajes. Habló de sus lecturas favoritas, de la influencia en su vida y en su obra, y dejó caer algunas revelaciones sobre su trabajo futuro. Les contó a sus especialistas que estaba trabajando en una trilogía amorosa.

Él venía con la musa caliente tras la experiencia de El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios y, en parte, de El general en su laberinto. En parte: esta novela estaba basada inicialmente en los amores de Simón Bolívar, pero al leer Las cuatro estaciones de Manuela Sáenz, de Víctor Von Hagen, el escritor abandonó la idea porque le pareció que ese hermoso libro lo decía todo sobre ciertos amores y el segundo gran amor de El Libertador, después de su esposa María Teresa del Toro.

En las notas de aquel seminario que me compartió Michael Palencia-Roth, uno de los críticos más lúcidos de García Márquez, solo aparece un título de la futura trilogía amorosa: “Don Rodrigo de Buen Lozano, resucitado por amor”. Los otros eran Memoria de mis putas tristes y la también ahora resucitada En agosto nos vemos, que verá la luz el 6 de marzo, día en el que su autor hubiera cumplido 97 años.

Mientras caminaban por el Paseo del Prado, después de haber desayunado en el Hotel Ritz, William Ospina le escuchó una mañana a García Márquez el argumento de lo que iba a ser la novela del virrey resucitado por amor. Don Rodrigo de Buen Lozano amaneció muerto de pronto en un momento en el que había cosas importantes qué decidir y realizar en el virreinato, de modo que buscan a un Blacamán para que lo embalsame, y lo hace tan bien que el virrey muerto sigue dirigiendo el destino del virreinato, hasta que el rey de España nombre el sucesor. Pero el nuevo virrey tarda y el mandato del virrey embalsamado no podía sostenerse por mucho tiempo más. Entonces entra en escena la mujer que, de tanto cuidarlo, mimarlo y amarlo, lo hace resucitar, no por arte de magia, sino por las artes secretas de su corazón. Esta tercera novela hubiera significado la culminación en la búsqueda del amor como el único elixir que prolonga la vida y la felicidad, sin importar la edad y las condiciones personales, como sucede al final de El amor en los tiempos del cólera, en el relato “Maria dos Prazeres”, de Doce cuentos peregrinos, y en Memoria de mis putas tristes. En agosto nos vemos, sin embargo, García Márquez da una vuelta de tuerta novedosa e importante en este sentido, cerrando de una manera enriquecedora su monumental obra de creación, iniciada el 13 de septiembre de 1947 con su primer cuento “La tercera resignación”.


El tesón de la memoria. Reseña de "En agosto nos vemos", la novela póstuma de Gabriel García Márquez
Portada de En agosto nos vemos, la novela póstuma de Gabriel García Márquez

« En agosto nos vemos, sin embargo, García Márquez da una vuelta de tuerta novedosa e importante en este sentido, cerrando de una manera enriquecedora su monumental obra de creación, iniciada el 13 de septiembre de 1947 con su primer cuento “La tercera resignación”»

Varios años después, el 20 de agosto de 2008, al final de una conversación telefónica, le pregunté al escritor por el estado actual de la novela, y me dijo que llevaba seis versiones pero que ninguna terminaba de convencerle. Le recordé que él tenía la costumbre de pasarle los originales a sus amigos lectores para conocer su opinión. Me contestó que eso solo lo hacía cuando llegaba a una versión satisfactoria. Llevado por la tenacidad de sus últimos fuegos de creador, la siguió puliendo hasta 2012, completando unas diez versiones, aunque el escritor Gustavo Arango, que leyó los originales en el Harry Ransom Center, dice que es difícil establecer un número determinado de versiones, ya que hay capítulos que tienen más versiones que otros.

Ahora, después de haber leído esta novela dos veces, me parece que García Márquez la dejó esencialmente acabada, y que su supuesta condición de obra inconclusa se ha debido más a la poca confianza que el mismo escritor debió de tener desde el rescoldo de lo que fueron las llamas creativas del escritor en uso de sus mejores facultades.

La primera vez que conocimos o escuchamos algo de En agosto nos vemos fue el 18 de marzo 1999, cuando el propio García Márquez leyó en Casa de América de Madrid el capítulo uno de los seis que finalmente conformarían la novela. Cuatro años después, El País publicó “La noche del eclipse”, el capítulo tres, pero entonces incompleto, de la versión final.

Después de la muerte de García Márquez, el 17 de abril de 2014, el manuscrito de En agosto nos vemos fue condenado al ostracismo dentro los archivos garciamarquianos de la Universidad de Texas, gracias al juicio severo de un solo lector, indehiscente hasta en la belleza formal y el relato impecable que por momentos elevan al García Márquez clásico.

Por suerte, un día de mayo de 2022 llegó a la gaboteca del Harry Ransom Center el escritor y periodista Gustavo Arango, en un viaje desde New Jersey, donde es profesor universitario de literatura, y obtuvo el permiso para leer el manuscrito. Fue una lectura intensa y callada con abundantes notas que el sirvieron para publicar en El Universal, de México, un amplio texto sobre los méritos de la novela inédita, en el contexto de la obra del escritor, y sobre la necesidad de publicarla para deleite de sus lectores y para no seguirle negando al maestro de Aracataca, por la mera resistencia de un lector indehiscente, el derecho a que su obra tuviera el cierre que él quería que tuviera.

El texto de Arango (“La soledad de las palabras: en defensa de la novela póstuma de Gabriel García Márquez”) fue leído y comentado por los hijos del escritor, Rodrigo y Gonzalo, y sus agentes de la Agencia Carmen Balcells, y fue un acicate importante para que ellos decidieran que ya había llegado el momento de publicar la novela injustamente inédita del creador de Ana Magdalena Bach, la protagonista absoluta, una mujer culta, urbana, dueña de sí misma y guía de su propio destino, que García Márquez creó desde su inspiración andrógina, como cada una de sus mujeres, pero ésta más que nunca. Hay no sólo detalles y circunstancias muy autobiográficas y familiares del autor en su personaje; también que Ana Magdalena Bach fue edificando su personalidad cultural y artística con los mejores libros que leyó el autor y las mejores obras de la música clásica y popular que lo convirtieron en un melómano de leyenda. Asimismo, el referente real de la novela implica un hecho sentimental del autor, que ojalá alguien nos cuente algún día, confirmando una vez más lo que tantas veces repitió García Márquez: que no hay una sola línea de sus libros que no esté basada en la realidad.


Mural de Gabriel García Márquez
Mural de Gabriel García Márquez

Alguna vez García Márquez confesó que Cien años de soledad “es los asombros de mi infancia”. Y esos asombros esenciales los vivió a través de las mujeres. La abuela Tranquilina Iguarán Cotes fue la primera con quien el niño Gabito se asomó al asombro de la realidad de las cosas, al mismo tiempo que lo fueron enriqueciendo el aura mágica de las tías Francisca Cimodosea Mejía, Wenefrida Márquez Mejía y Elvira Carrillo, quienes prácticamente lo criaron, junto alamordesmesurado y las enseñanzas del mundo real que le transmitió el abuelo Nicolás Márquez Mejía. Como a los cuatro años la madre Luisa Santiaga le aportó otro asombro, el de una mujer joven y hermosa que se presentó un día en la casa de los abuelos confesándole que ella era su madre. Y el fino perfume de ella quedaría asociado a ese encuentro y a su relación de por vida. Pero fue su primera maestra, Rosa Elena Fergusson, quien a los ocho años lo despertó a la sensualidad femenina entreverada con los versos inmortales del Siglo de Oro.

Con la excepción del abuelo y de él mismo, en la casa espaciada y fantasmal de Aracataca casi todos sus moradores fueron pues mujeres, donde las indias guajiras del servicio, Remedios, Néctar y Lucía, jugaron asimismo un papel importante en la crianza del futuro escritor.

Charles Baudelaire, hablando de Thomas de Quincey, Virginia Woolf, abriéndonos a la obra de Shakespeare, y Gastón Bachelard, diseccionando la androginia que reposa en al anima y el animus de toda mente humana, insisten en que solo las mujeres y los hombres andróginos, que crean desde la paz de los géneros, pueden alcanzar la máxima cumbre de la creación artística. Baudelaire nos recuerda que De Quincey se crio entre mujeres, su madre y sus tres hermanas, y esa relación moldeó su pasta masculina hasta concederle la androginia necesaria del gran escritor que fue.

Todas las mujeres de la obra de García Márquez gozan del abono primigenio de su relación con la abuela, las tías y la madre. A partir de su primera juventud llegarían las otras tres mujeres fundamentales de su vida y de su obra: Virginia Woolf, Mercedes Barcha Pardo y Carmen Balcells.

Ana Magdalena Bach, la protagonista omnipresente de En Agosto nos vemos, que misteriosamente hereda una infidelidad liberadora de su madre Micaela, tal vez quedará como un caso aparte, pero previsible, de esa galería de mujeres extraordinarias que la androginia garciamarquiana fue creando y retratando en cada una de sus novelas y relatos.

Párrafo a párrafo García Márquez nos conduce de su mano de narrador poeta, entretejiendo sutilezas poéticas con descripciones de la vida y del entorno de la protagonista y de los otros personajes, hasta instalarnos en una narración fluida y serena, transparente, que va envolviendo las cosas, los árboles y las flores, la luz, la penumbra y la noche con sus estrellas y su luna en un torrente animado por los sucesivos cambios emocionales de Ana Magdalena Bach.

Al entrar en la casa le preguntó asustada a Filomena qué desastre había ocurrido en su ausencia que los pájaros no cantaban en las jaulas y habían desaparecido de la terraza interior las macetas de flores amazónicas, los helechos colgados, las guirnaldas de enredaderas azules. Filomena, la criada eterna, le recordó que las habían sacado al patio para que gozaran de la lluvia, tal como ella lo había ordenado antes de irse. Sin embargo, le hicieron falta varios días para tomar conciencia de que los cambios no eran del mundo sino de ella misma, que siempre anduvo por la vida sin mirarla, y sólo aquel año al regreso de la isla empezó a verla con los ojos del escarmiento.

*Dasso Saldívar, escritor y biógrafo de Gabriel García Márquez.

Texto cedido por su autor a Libros & Letras.

Publicado originalmente en el diario El Mundo (España) el 1 de marzo de 2024.

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