George, la especialista en Genios

Por: Germán Borda, especial para Libros y Letras. Si se cita el nombre
de
Amandine
Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant, estoy seguro de que la mayoría ignora
de quién se trata. Dado caso que continuáramos con la encuesta y trajéramos
otro, George Sand, es posible que un número reducido lo conozca. Los dos
pertenecen a la misma persona.
Este personaje fue
muy conocido en el París del siglo XIX; dentro de una sociedad estricta,
pertenecía a la nobleza, se separa y luego se divorcia. Pero ahí no paran sus
actuaciones de escándalo, en un acto aventurado de travestismo —o larvada
transexualidad— se viste de hombre y asume un seudónimo de varón para sus
escritos. Es  una novelista de mérito y fama, deja más de cien obras, que
hoy pocos o casi nadie conoce. Leí su recuento del tormentoso viaje a Mallorca
y la verdad lo encontré sin gracia, errático y algo pesado.
Mientras sus
colegas de sexo andan envueltas en copiosas faldas, incómodas,  ella se
desenvuelve como una pionera feminista, al asumir la vestimenta y el papel de
hombre. Esa condición le permite acceder a muchos lugares vedados para las
féminas. Se convierte en amiga de muchos genios, entre otros, Franz Liszt,
Julio Verne, Balzac, y frecuenta los salones literarios y artísticos más
sobresalientes de la época.
La ha salvado del
olvido su relación con el maravilloso Federico Chopin, el compositor del piano.
Preocupada por la salud  de su amante, siempre más débil, quien sufría de
tuberculosis, decide partir para Mallorca. Quizás el clima del mediterráneo,
las brisas, la poética del mar, el calor, ausente de París en el invierno,
hagan el milagro, la curación. Quizás en la mente de la escritora se expandía
una formidable lucubración, mientras el pianista se cuidaba podría ella gozar
de ese ambiente que suponía, con razón, idílico. La realidad fue muy otra, tras
un viaje pesado se ubican en un viejo monasterio, la cartuja de Valldemossa.
Lugar inhóspito, frío, húmedo, donde el compositor proyecta aspectos de su
fantasía imaginando fantasmales monjes recorriendo los corredores. Cantando
maitines. Sus nervios exasperados reaccionan como un arpa y vibran ante
cualquier impulso.
La aparición de
George, con su familia y Chopin, se convierte en una pesadilla para los
“paletos” nombre que se les da a los campesinos en España. Creen  que
fuerzas infernales y sus habitantes se han apoderado de la isla, un ser que
aparece a veces de hombre, otras se convierte en mujer. Un raro instrumento con
músicas extrañas, interpretado por un  personaje insólito, para muchos
“loco”, resuena día y noche. Toman medidas, se niegan a servirles,algunos no
les venden víveres. Una continua reacción de rechazo los acompaña. Además, el
clima de la península y sus islas en el invierno es muy húmedo,  eso acrecienta
el frío que se inmiscuye en los huesos y se convierte en insoportable.
Un día, ya entrada
la tarde, la Sand
atiza la enorme chimenea para aminorar  la temperatura helada de Mallorca.
Chopin compone y repite uno de sus preludios más famosos “La gota d agua” de
repente la escritora comenta “formidable, tomas la gota de agua de la gotera y
la conviertes en música” en apariencia no habían podido combatir las
deficiencias de la residencia. El compositor monta en cólera  “cuál
gotera. No escucho nada, esto  no tiene nada que ver con algo real. Es
pura música”
La salud del
compositor en lugar de mejorar se empeora, la estancia en Mallorca termina.
Chopin vende su costoso instrumento, un Pleyel, traído desde parís a la familia
Canut. Le sirvió para componer varias de sus obras maestras;
algunos de sus Preludios, una
Polonesa, su segunda Balada y su tercer Scherzo.
También, amante
del famoso literato francés de Musset, ser como Chopin sensible y con algo
femenino en su personalidad de poeta. Planifica un viaje de ensueño a la ciudad
más bella de la imaginación, Venecia. En la construcción fantasiosa, viajes en
góndola a través de los canales; paseos tomados de las manos; besos  a la
sombra de algún ciprés; escuchar valses desafinados en la plaza de San Marcos;
regreso desde el Lido en las tardes. Cuando el sol magnifica y dispersa los
palacios, deshaciéndolos en el lago, deshebrado sus construcciones de quimera.
El destino tiene
preparado otro acontecer, De Musset cae enfermo víctima de una terrible
diarrea, que casi lo lleva a la tumba. Esa idílica “luna de miel” tendrá que
posponerse.
La
Sand

vive la matusalénica edad para la época de 71 años, no así sus dos amantes, que
nacen el mismo año, Chopin, muere a los 39  y de Musset a los 47, los
escogidos por los dioses, se dice, mueren jóvenes.

Deja un comentario