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Homenaje a María Mercedes Carranza.

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Homenaje a María Mercedes Carranza.
By Libros y Letras 17 de mayo de 2015
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Bogotá. La Biblioteca Nacional de Colombia dedica la Pieza del Mes de mayo a la poeta e intelectual María Mercedes Carranza (1945-2003), con motivo de los 70 años de su nacimiento. El Fondo Bibliográfico Danilo Cruz Vélez de la BNC posee varios libros de Carranza, entre los cuales se quiso exhibir un ejemplar de la primera edición de Vainas y otros poemas. Se trata del primer libro de poemas publicado por la poeta colombiana, en 1972, y cuenta con una dedicatoria de la autora al filósofo colombiano. Melibea Garavito, hija de María Mercedes Carranza, presenta la obra en su contexto. 
María Mercedes Carranza estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes, en la época en que Danilo Cruz Vélez estaba al frente del departamento de Humanidades. Maestro y alumna se conocían desde antes, pues Danilo era gran amigo de sus padres, Eduardo Carranza y Rosita Coronado. Entre ellos, eran comunes las tertulias en las que la poesía se veía atravesada por apasionadas discusiones. En ese momento, Carranza ya se veía como escritora y lideraba la página Vanguardia, del periódico El Siglo, en la que daba a conocer nuevas voces de la poesía colombiana. Es posible que algunos de los textos de su primer libro se gestaran en este campus donde, gracias al trabajo de Cruz Vélez, las humanidades tenían el lugar que se merecen en la educación, no solo de los amantes del arte, la filosofía y la literatura, sino también de los científicos, ingenieros y políticos, entre otros. 
Esta poeta, poseedora de una voz propia, íntima y profunda, dejó a su paso por el mundo cinco poemarios donde la muerte, la soledad, el desamor y los estragos de la violencia son protagonistas. Sabiendo que la poesía es esencial para el ser humano, trabajó más allá de sus propios versos. Gestora cultural, fundó y estuvo al frente de la Casa de Poesía Silva por más de 17 años, revitalizando la palabra y llevando la voz de poetas del mundo entero a todos los rincones del país. 
El 24 de mayo del 2015 se cumplen setenta años de su natalicio y la Biblioteca Nacional abre el fondo de Danilo Cruz para rendirle un homenaje. La donación que hizo la familia de este filósofo se caracteriza por tener una colección de libros especializada en filosofía, ante todo alemana, y un extenso archivo de cartas, discursos, ensayos, artículos y entrevistas. Entre todos estos tesoros, aparece un pequeño libro, la primera edición de Vainas y otros poemas, publicado en 1972, que Cruz recibió con una dedicatoria de su autora: “Para Danilo, mi maestro en otras vainas, estas vainas de su discípula. María Mercedes”. 
Vainas y otros poemas fue el libro inaugural de una obra que marcaría un nuevo camino para la poesía colombiana. En un acto de rebeldía, Carranza deja de lado las metáforas vaporosas que hacían parte de su bagaje familiar y dibuja sus emociones con un lenguaje cotidiano y provocadoramente desnudo. Malos olores, manteles sucios y cepillos de dientes son algunos de los escenarios verbales donde florecen estos versos íntimos y, a la vez, universales. 
En esta obra, irreverente desde su carátula, donde ruedan las cabezas sin cuerpo de algunas personalidades del siglo XX, Carranza marca la línea que guiará su creación poética el resto de su vida. La suya es una batalla con la Palabra, que se ha vendido al mejor postor, dejando de nombrar lo esencial. Esto, declara en los editoriales que escribe para la Revista de la Casa Silva, tiene a Colombia y a la humanidad en crisis, pues cuando la comunicación falla, empiezan los conflictos, los enfrentamientos y las guerras. 
Pero así como la Carranza plantea, en este libro, los lineamientos estéticos que guiarán su trabajo creativo de por vida y enfila algunos de sus temas recurrentes, hay en sus páginas un atributo que no se repetirá luego: el humor negro. Sus conversaciones con la señora Arnolfini, Policarpa Salavarrieta y Simón Bolívar, así como sus increpaciones a la Palabra y sus confesiones personales, están salpicados de comentarios que le arrancan sonrisas dolorosas al lector desprevenido. 
Para celebrar a esta poeta que navegó sin temores las profundidades de su ser, entregándole a sus lectores espejos que permiten comprender, en alguna medida, la geografía del alma humana, me zambulliré en uno de sus libros, pues no hay mejor homenaje para un escritor que releerlo. Los invito a hacerlo: 

Métale cabeza 

Cuando me paro a contemplar 
su estado y miro su cara 
sucia, pegochenta,
pienso, Palabra, que
ya es tiempo de que no pierda
más la que tanto ha perdido. Si
es cierto que alguien
dijo hágase
la Palabra y usted se hizo
mentirosa, puta, terca, es hora
de que se quite su maquillaje y
empiece a nombrar, no lo que es
de Dios ni lo que es
del César, sino lo que es nuestro
cada día. Hágase mortal
a cada paso, deje las rimas
y solfeos, gorgoritos y
gorjeos, melindres, embadurnes y
barnices y oiga atenta
esta canción: los pollitos dicen
píopíopío cuando tienen 
hambre, cuando tienen frío.
Melibea Garavito
Escritora