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Javier Cercas: “Bolaño tenía un sentido belicoso de la literatura”

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Javier Cercas: “Bolaño tenía un sentido belicoso de la literatura”
By Libros y Letras 12 de abril de 2014
  • Views: 11

No. 6.664, Bogotá, Sábado 12 de Abril de 2014
Javier
Cercas: “Bolaño tenía un sentido belicoso de la literatura”
Tomado de La República/
Perú.
Pedro
Escribano.
¿Usted fue excluido de la
antología Páginas -Amarillas de la editorial Lengua de Trapo? ¿Cómo se sintió?
Esta es una anécdota que he
contado, pero que también, como otras, se ha malinterpretado.
-Lo
aclaramos aquí, entonces.
Vamos a aclararlo. La
cuestión es la siguiente. En 1998, a mí no me leía nadie. Yo publiqué varios
libros y esos libros no tuvieron ninguna repercusión y me parecía lo normal.
Nunca me quejé y nadie me vio quejarme. Yo tengo amigos desde que tengo 7 años
y son mis amigos de ahora, ellos ni nadie me vio quejarme de que yo era un
escritor infravalorado; eso jamás se me ocurrió.
-¿Ni
Bolaño, que andaba muy cerca de usted?
Ah no, ni Bolaño. Esta
anécdota la cuento siempre porque Roberto tenía esta cosa que era maravillosa,
que era quizá el carburante fundamental de su literatura: el sentido belicoso y
guerrillero de la literatura,o sea, los amigos, los enemigos, las batallas
literarias. Entonces, éramos muy amigos y yo no entendía esas batallas, porque
yo era un escritor, un chaval que había vivido en las provincias y a mí me
parecía lo normal no tener lectores… pues cien lectores me parecía una
barbaridad.  
-Bolaño
carburante, ¿qué hacía?
Tenía un sentido belicoso. Y
cuando yo lo conocí, él empezaba a tener cierta notoriedad, cada vez más.
Entonces un día, me llama por teléfono, teníamos una relación muy intensa de la
época, nos llamábamos cada día prácticamente y hablábamos horas. Un día en la
noche me llama y me dice: “Javier, acabo de ver esta antología que se titula
Páginas Amarillas—Páginas Amarillas significaba que estaban todos los
escritores españoles— y están todos menos tú! ¿Ves? Tú, Javier, tienes un
enemigo muy poderoso que te excluye”. Y yo le decía, “pero tú estás loco,
Roberto, a mí no me excluyen porque tengo un enemigo poderoso, ¡sino porque
nadie sabe quién soy, es normal!”.  Lo raro es ganarse la vida con la
literatura como lo hago ahora y estar traducido en treinta lenguas, con
premios, eso no se podía esperar. Nunca lo esperé, nunca imaginé ser un
escritor profesional, no era mi plan. Es más, a mí me parecía sospechoso que un
escritor vendiera sus libros. Ese es el caso de Páginas Amarillas.
-¿Y
en qué circunstancia conoció a Roberto Bolaño?
Yo tenía 18 o 19 años, él
era 10 años mayor que yo. Yo quería ser escritor desde que tenía 14 años, pero
me daba vergüenza decirlo. Un día en Gerona, con un amigo subimos a la
universidad y este amigo sí que quería ser escritor y me lo decía, y baja un
tipo con pinta de hippy por las escaleras y mi amigo se acerca para saludarlo
“qué tal, cómo estás”. Era latinoamericano, pero sabía de qué país y mi amigo
le pregunta, “cómo va tu novela”.  Joder, yo me quedé impresionado, ¡es un
escritor de verdad que está escribiendo una puta novela! Y entonces el tipo
este le dijo, “va, va, pero no sé muy bien hacia dónde va”. Joder, esa frase me
pareció maravillosa, era una frase de un escritor de verdad que estaba
escribiendo una puta novela, me pareció tan fantástica esta frase que en la
segunda novela que escribí, El inquilino, que transcurre en EEUU, hay un
personaje que le dice a otro, “¿y cómo va tu tesis de doctorado?” y el otro
personaje le responde: “va va, pero no sé muy bien hacia a dónde va”. Ahí lo
vi, pero no sabía que era Bolaño, para mí solo era un tío que estaba
escribiendo una puta novela. 
-¿Y
cuándo supo que era Bolaño?
Bueno, pasan los años y estamos
en los años 97 o 98, cuando estoy en Gerona –resulta que en aquel momento
Roberto Bolaño es un tipo que empieza a sonar porque ha publicado en
Latinoamérica— y entonces era la presentación de Llamadas telefónicas.
Entonces, yo iba a escribir, porque en aquel momento escribía unas crónicas
para El País, sobre un amigo mío de toda la vida que estaba haciendo una
exposición justo delante de la librería donde se hacía la presentación de
Bolaño. Total, me encuentro a este Bolaño y también a un amigo que iba a
presentarlo, nos tomamos un café y una cerveza, estoy hablando con él y de
repente lo veo con esta pinta de hippy y esos pelos y le digo, “oye tú conocías
–ato cabos y rabos— al tipo aquél y que vivía en Gerona”. Me dijo que sí.
¡Mierda! ¡ Pero tú eres el tío de “va, va, pero no sé hacia dónde va”, qué
mierda! Y dijo, “sí, claro”. Bueno, me fui a la librería, le enseñé mi libro y
esa noche nos quedamos hasta las 5 de la mañana. Fue increíble, me pareció
maravilloso que aquel latinoamericano que yo había visto ahí y había olvidado
por completo porque pensé: “Este es uno de tantos latinoamericanos que llegan a
España o a Europa queriendo ser escritores y que nunca serán escritores”. Pero
sí, resulta que él había sido escritor y me alegró tanto, que me pasé toda la
noche gritando ¡viva Bolaño! Toda la noche, a las 5 de la mañana ¡va, va, va!
(risas). Es que me parecía maravilloso. Al cabo de dos días recibí Estrella
distante con una dedicatoria, comentándome porque yo le había regalado el libro
El inquilino, muy generoso. Y en aquel momento él no era él, ni yo era nadie.
-Eran
dos escritores medianos.
Medianos no, inexistentes.
Pero él enseguida adquirió notoriedad.
-La
crítica dice que sus novelas son testimonios que entreteje la política y la
historia.
Sí, pero no me gusta esa
etiqueta y tampoco me gusta la idea de testimonio. Nunca la he entendido.