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Kintsugi o la ruptura y reconstrucción de la familia

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Kintsugi o la ruptura y reconstrucción de la familia
By Libros y Letras 12 de septiembre de 2020
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Kintsugi
(Himpar editores, 2020) es una obra difícil de definir o de situar en alguna
categoría. Tiene su origen en dos cuentos del anterior libro de la autora, Lugar (Ediciones de la Lumbre, 2017), y
está a su vez formado por pequeños capítulos o relatos protagonizados por los
mismos personajes durante varias décadas. 


Por: Pablo Concha*

No podríamos decir que es un libro de
cuentos per se, ya que, si no se lee
en el orden que tiene, es probable que no se comprenda, pero tampoco se trata
de una novela en el sentido tradicional, pues, entre otras cosas, la voz del
narrador va mutando y cambiando –a veces incluso saltando en el tiempo– con
cada capítulo/cuento. Aunque esa voz narrativa posee una cualidad de
consonancia, hay variaciones en su tono dependiendo de quién sea el
protagonista y, sobra decirlo, en las novelas tradicionales esto no suele
suceder. El tono mesurado, la progresión emocional y psicológica de los
personajes, y el rumbo que toman sus vidas, es lo que hace que el lector devore
Kintsugi en muy poco tiempo. El tema
central del libro es la inmensa complejidad de una familia y lo incapaces que
somos de comprenderla o alterar el devenir de su historia. Aquí, el
inexplicable abandono de un padre a su familia y el somero contacto que aun así
intenta mantener con su hijo mayor –tan solo un niño en el momento de la
partida del progenitor– es el detonante de estas historias que en ocasiones
intersectan sus rumbos y, en otras, se alejan irremediablemente. El nivel de
artesanía de la autora, quizás muy similar a la de los maestros japonenses
encargados de recomponer las piezas de cerámica rotas con resina de oro (arte
conocido como Kintsugi), es
admirable.

Hemos
invitado a María José Navia, autora también de la novela Sant (Incubarte Editores, 2010) y de los libros de cuentos Instrucciones para ser feliz (Sudaquia
Editores, 2015) y el ya mencionado Lugar,
a este espacio dedicado a los libros y las letras a responder unas preguntas
sobre su obra:

─¿Qué existió primero para usted:
el término japonés referente a reparar piezas de cerámica rotas, o la idea de
la novela-de-relatos?

La
idea de la novela en relatos. Me encantan las colecciones de cuentos
conectados, y, en mi cabeza, esta “novela” es un poco eso. Yo empecé a escribir
cuentos a partir de los personajes de Rebajas
(una de las historias de mi libro anterior, Lugar), un poco por
curiosidad, y de ahí se fue armando esta pequeña galaxia. Mientras escribía,
tenía muy presentes dos colecciones de cuentos conectados muy importantes para
mí: Olive Kitteridge  de Elizabeth
Strout y A visit from the goon squad (El tiempo es un canalla, Editorial Minúscula, 2011) de Jennifer
Egan. Luego, ya en la etapa de edición, leí un libro de ese estilo, más
reciente, Fight no more de Lydia Millet, y fue valiosísimo para hacer
los últimos ajustes. El término llegó un poco de casualidad. Mi marido me
comentó un día lo que significaba y me dijo: “Creo que podría ser el título de
algo tuyo”. Y ahí quedó la sugerencia por un buen tiempo. Hasta que llegó el
momento de ponerle el título a este libro y fue perfecto cómo calzó todo el
puzzle.

Kintsugi tiene su génesis en el cuento “Rebajas”, incluido en su
libro Lugar; ¿hay algún otro de sus
relatos que quisiera o piense expandir en el futuro?

El
libro de cuentos que estoy escribiendo ahora (Una música futura, publicado por editorial Kindberg a principios de
este año), retoma a uno de los personajes de Instrucciones para ser feliz,
y que luego fue incluido en Lugar: Marlon, un niño que aparece en el
cuento “Afuera”. En ese relato lo vemos del otro lado de la pantalla, haciendo
tareas, mientras su madre trabaja de empleada doméstica/niñera en Nueva York.
En lo que estoy escribiendo ahora hay un relato que toma a ese niño cuando es
un poquito más grande. También hay otro cuento que vuelve sobre Ema, uno de los
personajes de Kintsugi.

─La versión de “Rebajas” incluida en Kintsugi tiene unas sutiles variaciones respecto a la versión de Lugar (el cambio de algún adjetivo, la
modificación del trabajo que hacía Marce, en la primera versión Sofi veía en la
tele Peppa y ahora ve Bob Esponja, la unión de párrafos que antes estaban
separados, etc.). ¿A qué obedecen esos cambios? ¿Es usted de esos escritores
que modifican y cambian cosas en cada nueva edición de sus libros?

Los
cambios fueron revisiones de algunas cosas que ya no me gustaban o que tuve que
ajustar ahora que iba a seguir a estos personajes unos años más allá. Pasaba
que, si los niños estaban viendo Peppa, el último cuento iba a ocurrir muy
adelante en el futuro y se me escapaba un poco de lo que quería contar. Creo que
es un poco temprano para determinar qué tipo de escritora soy. Por lo pronto,
creo que mis juegos serán hacia adelante: incluir personajes, que ya habían
aparecido antes, en mis libros por venir. Por lo menos por ahora me estoy
divirtiendo mucho con eso.

─Hay otro cuento de Lugar que hace una aparición en Kintsugi, y es “En caso de emergencia”.
¿Cuándo lo escribió para Lugar sabía ya
que Sofía, la protagonista, era la misma Sofi de “Rebajas” ya adulta y viviendo
en Washington, o fue algo que “surgió” al armar Kintsugi?

Ya
sabía. Pasó que Kintsugi, o los cuentos que luego conformaron Kintsugi,
los empecé a escribir casi al mismo tiempo que los de Lugar. Entonces
luego quise probar cómo quedaba si usaba uno de esos cuentos allí: si los
lectores se daban cuenta, si gustaba la coincidencia, si ese cuento por sí solo
funcionaba. Fue, además, el primer cuento que escribí sobre el futuro de los
personajes de Rebajas. Así que lo
saqué a dar una vuelta de prueba (como los autos, ja) en Lugar.

─¿Cómo se dio esa evolución o “maduración”
de los personajes, cómo decidió qué contar de sus vidas y qué dejar a la
imaginación del lector?

Va
a sonar horrible esto, pero seguí mi propia curiosidad. Fui escribiendo lo que
yo quería saber y tal vez por eso hay más cuentos o capítulos dedicados a los
personajes femeninos (que eran los que yo quería conocer en más detalle). Luego
fui mostrándole el manuscrito con todos los cuentos a mis lectores de siempre
(tres o cuatro personas que tienen la paciencia de leerme, y en múltiples versiones,
cada vez que escribo algo), luego a mi editora, y ahí fui ajustando algunas
cosas tomando en cuenta sus opiniones y sus curiosidades.


 ─Kintsugi
fue publicado originalmente en Chile por editorial Kindberg en 2019. ¿Cómo
fue el proceso de esta versión de la mano de Himpar editores?

La
verdad, la versión es la misma. Como se trata de un libro ya publicado en
Chile, y no de un manuscrito inédito, no hubo mayor trabajo de edición o
cambios a la historia. Sí hay un trabajo de diseño distinto, ya que Himpar hace
un juego muy hermoso y muy interesante con sus portadas y las imágenes que
incluye dentro de los libros. Incluso el colofón tiene un guiño al momento que
estamos viviendo. Estoy muy feliz de publicar con ellos y de tener la
posibilidad de que mis libros lleguen a lectores colombianos.

−Debido a la pandemia por la COVID–19, se han
cancelado la mayoría de ferias del libro y eventos literarios. ¿Cómo ve usted
esta convivencia virtual? ¿Puede sobrevivir la literatura en estos espacios
virtuales?

Creo
que la virtualidad ha abierto nuevos espacios para el libro y nuevas formas de
conectar a autores y lectores. Por supuesto que no reemplaza la interacción en
vivo entre autores y lectores (poder conversar, firmar libros, etc.), pero
quiero quedarme con el lado positivo. Si bien no puedo viajar a Colombia (y, de
hecho, este libro iba a presentarse en la Feria del Libro de Bogotá, algo que
me ilusionaba mucho), sí voy a poder presentar la novela virtualmente, en un
evento que será anunciado pronto, e incluso participaré en unas clases en la universidad.
Agradezco esas posibilidades.

─¿Veremos algún otro de sus libros
en una nueva versión?

Hasta el momento, lo único que tengo claro es la publicación de mi
libro más reciente, Una música futura, en España a comienzos del próximo
año. También se está traduciendo Kintsugi al inglés. Fuera de
eso,  están los sueños, claro: me encantaría ver alguno de mis libros
publicado en editoriales independientes de otros países (como Bolivia,
Argentina, México, etc.) o que los tradujeran a otros idiomas. Pero, de nuevo,
están pasando cosas muy lindas con mis libros y quiero concentrarme en eso. Es
una felicidad muy grande para mí.

 ─¿Cuáles podrías decir que son los escritores que
más han influenciado tu narrativa?

Tal
vez mi respuesta a tu pregunta va a sonar un poco rara. Mi escritor favorito es
Rodrigo Fresán, son sus libros a los que vuelvo siempre, como lectora/fan y
como académica, y son libros que nunca agotan ni se agotan. Lo que está
haciendo él ahora con su trilogía me parece un monumento a todo lo que hay de
maravilloso en la literatura, y estoy esperando esa tercera parte (La Parte
Recordada
), con ansias. Es además, probablemente, el mejor lector que
conozco: admiro enormemente su erudición, su generosidad para reseñar y
escribir sobre los libros de otros. Dicho esto, él no ha sido muy influyente en
mi narrativa (o tal vez en mis reseñas, sí, por cierto), pero ha sido
fundamental para mí como escritora y lectora. Son sus libros los que me dan las
ganas para seguir escribiendo. Pero mis influencias vienen dadas más bien por
grandes cuentistas y novelistas en inglés como Grace Paley, Shirley Jackson,
Mavis Gallant, Alice Munro, Joy Williams, Edith Pearlman, Jennifer Egan, Lydia
Davis, Lydia Millet, Megan Mayhew Bergman, Karen y Aimee Bender, y Claire Vaye
Watkins.

─Por favor, recomiéndanos algunos
libros.
Todo
Fresán (o, bueno, empiecen por Historia Argentina y ahí siguen el camino
amarillo), le tengo también un gran amor a la literatura boliviana
contemporánea (y de ahí les recomiendo Los Afectos de Rodrigo Hasbún, La
desaparición del paisaje
de Maximiliano Barrientos, Nuestro mundo muerto
de Liliana Colanzi, Para comerte mejor de Giovanna Rivero, Norte
de Edmundo Paz Soldán), El buen soldado de Ford Madox Ford (hay una
traducción reciente en Sexto Piso), Cumbres Borrascosas de Emily Brontë,
La Señora Dalloway de Virginia Woolf, Visión Binocular de Edith
Pearlman o los Collected Stories de Mavis Gallant, Umami de Laia
Jufresa, Años Luz de James Salter, El
cielo de los animales
de David James Poissant, y creo que podría seguir la
lista por siempre…

 

*Pablo Concha es un escritor colombiano,
autor del libro de cuentos Otra Luz y colaborador literario en Libros & Letras y otros medios
culturales.