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La misa ha terminado

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La misa ha terminado
By Libros y Letras 10 de febrero de 2014
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Por: Francisco Sánchez J. De las argucias teológicas comandadas por la Iglesia católica para
subyugar a la grey a la esperanza -que administran como una transnacional- la
novela de A. Gardeazábal transita por el culto homosexual y su filiación al
culto religioso pero sobre todo a las estratagemas del poder que amparan a sus
jerarquías desde el seminario hasta la cúspide del Estado Vaticano. El autor
asocia los dos mundos como las dos orillas del mismo decurso de la política.
Pese a que la Iglesia
ha sobrevivido y salido triunfante de las innumerables crisis que abastecen su
historia, la novela describe las peripecias eróticas de curas, seminaristas y
purpurados igual a un elaborado sistema de placer que conduce a la
consolidación de una burocracia que reina hacia su interior y el exterior
creyente. Esa “consagración de locas” (pg.208) no escatima ambiciones de
dominio de la misma manera que administra el placer sexual dentro del círculo
de los favores ganados en su trámite erótico. El texto discurre con los
beneficios de la crónica y la ductilidad que otorga la ficción. Lo primero en
los hechos ya públicos del comportamiento de pedófilos y abusadores sexuales de
algunos miembros del fielato. Invención en la medida que emplaza a unos
personajes que sintetizan la cotidianidad y extravíos gozosos de sus
protagonistas. No es sorprendente la circunstancia que la ONU demandara de la Iglesia protección de la
infancia ante los comportamientos pedófilos de sus jerarcas. Una prosa
convincente mantiene la novela en la pericia narrativa y en su voluntad de
desvelar el entramado de una institución milenaria. Hay además adición de
reflexiones filosóficas, referencias científicas, quejas literarias mediante
las cuales el autor fija su posición. Quizá El Demente es un personaje
enunciado, no creado en verdad, y algunos pasajes, como las epístolas que
concurren en el relato, en efecto sobran. Tal vez dentro del juicio que entabla
la novela de A. Gardeazábal quepa el aserto que Curzio Malaparte escribe en su
novela La Piel,
en las postrimerías de la misma: “La guerra la ganaron los maricas”, al
referirse a la culminación de la Segunda Guerra Mundial.