La misa ha terminado

No. 6.666, Bogotá, Lunes 14 de Abril de 2014
La misa ha terminado
Por: Leonora Acuña de
Marmolejo/ Levittown, Long Island, EUA.  
La
misa ha terminado
es el título de la más reciente novela  de la autoría del eximio
escritor, político y columnista  colombiano, Doctor Honoris Causa en
Literatura de la
Universidad
del Valle, Gustavo Álvarez Gardeazábal (Tuluá,
Valle del Cauca, 31 de octubre de 1945). Edición de UNAULA (Universidad
Autónoma Latinoamericana).
No puedo negar que al menos en un principio
esta novela me pareció agresivamente intimidante, mas al continuar con su
desafiante intriga, me encontré con un libro impactante por su fuerte aunque
maravillosamente manejado contenido, contundente en sus conceptos y apreciaciones
que acaricia problemas universales y políticos asociados con amores secretos e
indebidos entre algunos clérigos (en algunos casos de obsesivas preferencias).
El panorama de esta obra enfrenta valerosamente los problemas de la
homosexualidad dentro de la
Iglesia Católica
Álvarez Gardeazábal habla de los principios
píos religiosos bajo los cuales fue levantado, y de su temprano rechazo e
inconformidad y rebeldía hacia algunos de estos, mas respetando siempre -como
él lo aclara- a aquellos que difieren de él , y hasta mirando con cierto
regocijo las sencillas manifestaciones de fe de cierta gente (pág. 34).
Describe con deliciosa narración los lugares geográficos, instalaciones,
colegios,  universidades, bares, prostíbulos etc. etc. mojones  y
sitios de interés del entorno en donde se ubican sus relatos, especialmente de
su amado terruño, su cuna de nacimiento: Tuluá.
Es concluyente el escepticismo demostrado por
el autor  a través de toda la obra. Cuestiona incesantemente el
sufrimiento como el camino hacia el cielo (pág. 44). Su racionalización se
niega por ejemplo a creer en los ángeles como ayudantes e interventores ante
Dios (pág. 72) y se cuestiona el intrigante dilema de : ¿si existe Dios existe
el demonio? Asimismo cuestiona la validez de la guerra… Una y otra vez pone en
tela de juicio lo que se llama “pecado” parangonándolo a la humana debilidad
por los goces de la carne. La novela puede en un principio sonar ofensiva para
quienes creemos en Cristo; mas si la analizamos detenidamente podemos hasta comprender
que puede llegar a ser edificante, si nuestro juzgamiento punitivo acude
a  un poco de indulgencia e invocando nuestra compasión podemos llegar a
 pensar que errores cometidos por ciertos miembros del clero se deben a la
frágil debilidad humana, y entonces tratar de ayudarlos a enmendarse.
       Su
novela está escrita en un lenguaje procaz, sin tapujos,  a veces
desgarrador mas correcto en términos del habla patua del pueblo en que se
desarrolla, con la indiscutible y distintiva  habilidad narrativa que yace
en su rico hontanar literario. Con verdadera fruición se expresa de las
costumbres ortodoxas, sencillas de la gente. Hace un conciezudo análisis de la
conciencia humana y de la perspicacia manipulativa  de algunos clérigos
homosexuales, para sobrevivir a la crueldad social imperante  e ir
escalando los peldaños de la sofisticada vida en las altas esferas
eclesiásticas a fin de ubicarse en determinadas posiciones de respeto y de
bienestar dentro de la respetabilidad de la iglesia.
Mas debemos aclarar que de todas maneras sus
acaloradas diatrivas no son directamente contra la iglesia, sino contra 
las aberraciones de algunos de sus integrantes. 
La
misa ha terminado
cuyo meollo principal es un romance entre dos curas homosexuales, es
una obra que absorbe al lector desde el primer momento, y como el avesado
escritor que es este autor, una y otra vez identifica a los personajes
asociándolos a ciertos detalles que los caracterizan dentro de sus respectivos
papeles protagónicos. De esta manera el lector mantiene el interés sin perder
la continuidad en el seguimiento fácil y  agradable de la trama. El final
de la novela tiene un súbito,   dramático e inesperado desenlace, con
la muerte homicidio-suicido de los dos protagonistas principales “el par de
bimbas del padre Martín (el horrendo) y del mosquita muerta de Rogelio” (págs.
206- 207)   
A través de los 140 capítulos que la
conforman y dentro de una fantasía cautivante casi llevada a la realidad, logra
que el Papa Benedicto XVI visite la basílica del Señor de los Milagros de Buga.
La publicación de esta atrevida, irreverente,
 descarnada, y  franca, obra de denuncia  que devela
abiertamente la situación de deplorable comportamiento homosexual  de
ciertos prelados de nuestra iglesia,  ha coincidido con la admirable
estrategia del Papa Francisco  para sanear de escándalos sexuales la
institución. Asimismo coincide con el reclamo de la ONU al vaticano para que sean
castigados los abusos sexuales con menores de edad.
Como en el sacrificio de Cristo que se celebra
en cada misa, y de acuerdo a la fe católica, la novela termina concluyendo que
finalmente,  la muerte purifica el pecado.
Debemos reconocer que aunque esta novela sea
tan polémica y controversial, no hace tambalear nuestros principios religiosos;
mas bien diría yo que los reafirma porque   tiene su lado positivo
que  es el de contemplar y analizar  los problemas de la
homosexualidad dentro del clero para buscar soluciones tangibles, y pragmáticas
con la finalidad de una acertada elección de los miembros y futuros líderes de
nuestra iglesia.

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