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La ruptura en el universo de Eduardo Halfon

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La ruptura en el universo de Eduardo Halfon
By Libros y Letras 6 de enero de 2021
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El autor nacido en Guatemala y
ciudadano de todos los territorios nos entrega una nueva versión de su trabajo
en
El boxeador polaco.


Por: Juan Camilo Rincón*

Aunque se formó como ingeniero, el
escritor guatemalteco Eduardo Halfon ha hecho un interesante recorrido creativo
en la literatura, tanto como lo ha hecho en su propia vida. Creció en Estados
Unidos, vivió en España y hoy reside en Francia. Conectados y en constante
diálogo, sus libros conforman una especie de mapa por la que sería su propia
vida, errante y desvinculada de una patria a la que pueda llamar suya. Cada
obra es una especie de impresión de diferentes momentos de su existencia, con
un elemento en común: la búsqueda de comprender y rastrear la identidad, las raíces,
el origen, a veces a través de la música, otras, a través de la escritura.

El boxeador polaco nos lleva por la historia de cómo un número tatuado
en el antebrazo de su abuelo dejó de ser un guarismo cualquiera para
convertirse en el testimonio de la barbarie, las nubes de humo que dejan todos
los cigarros que se fuma en cada página, su impuntualidad, su apodo “Dudú” y la
transformación del pianista Milan Rakić. Todos terminan por darle forma a una
metaliteratura con varias versiones de una vida en papel y, quién sabe, en la
realidad. Halfon nos demuestra entonces que
“así, exactamente, es la
literatura. Al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con
respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomas, muy
cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin
falta, lo olvidamos”.
Son
la literatura y la vida de los finales abiertos.


¿Cómo desarrolla el proceso literario de lle­var su his­to­ria per­so­nal
a algo uni­versal?

Eso es un misterio. Nadie sabe cómo es que sucede ese salto inductivo
importantísimo de lo individual a lo universal. En lo particular, desde que
empecé a escribir en 2003, lo hice escribiendo cosas muy mías; empecé de esa
manera, con historias muy personales pero que a la vez son ficción. Creo que
quizás una posible respuesta a tu pregunta es que lo que hace que una historia
muy personal luego vuele
por decirlo de alguna
manera
es la ficción, es la literatura. No te estoy contando una anécdota mía,
porque entonces se quedaría en eso. Lo que hace que esa anécdota se convierta
en otra cosa es pasarla por el tamiz de la literatura. Ahora, qué es, cómo
funciona y cómo se hace eso, nadie lo sabe.

 

Usted afirmó alguna vez que su manera de escri­bir es invi­tar
al lec­tor a ser cóm­plice, a escri­bir y reflexionar con usted, y eso a
algunos lectores no les gusta. ¿Por qué cree que hay esa resistencia? ¿Por qué
la necesidad de una literatura que, de alguna manera, cierre historias y dé
respuestas?

Yo vengo del mundo
de la ciencia. Soy muy matemático, muy ingeniero, o sea que estoy haciendo una
literatura que va en contra de mi naturaleza: no planificada, no cerrada, no
resuelta. Yo empiezo a escribir uno de estos cuentos y no sé qué va a pasar, no
sé a dónde va, si va a ser corto o largo, y generalmente termina mucho antes de
lo que yo esperaba. Pero creo que es algo muy cuentístico lo que estás
preguntando. Ser cuentista, más que un novelista,
funciona, creo yo, bajo ese parámetro de espontaneidad, de dejar que el lector
participe más en el final o en resolver el cuento. Es decir, una resolución que
sea más tácita o esté entre líneas. No hay una resolución explícita en
los cuentos. Lo único que sé es que va en contra de mi naturaleza científica,
pero es el tipo de literatura que me gusta y la que siento que empata más con
el lector. Casi que tenemos que ser socios en un tipo de texto así. Tenemos que
resolverlo juntos. No se trata de que yo lo resuelva y le imponga esa
resolución al lector.

 

¿Cómo ha logrado crear un universo narrativo y mantener a los
lectores conectados con el mismo personaje, ciertas atmósferas e historias
durante tanto tiempo? Es que, además, los lectores también ven los lazos y todo
ese universo conectado…

Yo creo que los
lectores lo entienden más que yo. Mi trabajo, cuando ya están escritos estos
textos
y aquí vuelvo a
mis raíces de ingeniero
, es el de una
ingeniería lingüística, estructural, gramatical, porque soy muy meticuloso con
el lenguaje. Mis textos son cortos pero los trabajo durante mucho tiempo, y
también para hacer lo que tú dices: tender puentes o lazos hacia cuentos
anteriores o cuentos futuros. Entonces hay un trabajo de ingeniería que se da
entre los diferentes cuentos, de todas estas piezas que están sobre la mesa. Y,
para complicártelo más, en las traducciones, dependiendo de qué piezas se
incluyen, tengo que modificarlas: cambiar el título de algunos, agregar un
párrafo o quitarlo porque ya está dicho en aquel, y todo esto en lenguajes que
no hablo, se lo tengo que decir al traductor para que él lo haga. Entonces mis
traducciones se vuelven absolutamente originales.


Ser cuentista, más que un novelista, funciona, creo yo, bajo ese parámetro de espontaneidad, de dejar que el lector participe más en el final o en resolver el cuento. Es decir, una resolución que sea más tácita o esté entre líneas.” 


Con tantos ires y venires, ¿dónde está su arraigo? ¿Hay algo a lo que se
sienta enraizado?

No. Sería muy lindo que
te dijera que me siento enraizado en la literatura y que para mí los libros se
volvieron mi patria, pero tampoco es cierto. En la literatura y en los libros
me siento igual de extranjero. Recuerda que llego tarde a la literatura; yo no
vengo de ella. Mi entrada a esta fiesta es tardía y casi colada, como decimos
en Guatemala cuando llegas a una fiesta sin invitación. Entonces no tengo
ninguna sensación de pertenencia ni a Guatemala, ni a Estados Unidos, ni a
España (soy español por matrimonio, viví un tiempo allá y me nacionalicé). No
tengo una patria nacional, ni una patria religiosa, ni de profesión, y esto es
algo que no me preocupa a un nivel consciente. Probablemente a nivel
inconsciente hay algo más ahí, y un psicoanálisis lograría resolverlo, pero
quizás, si lo resuelvo, dejo de escribir. Quizás el motor que me lleva a buscar
expresar mi historia personal es esa sensación de incomodidad, de no
pertenecer, de no tener raíces, de estar siempre como un nómada, esté donde
esté.

¿Cómo continúa ese
universo de El boxeador polaco?

No sé qué está
pasando, no sé qué viene, puede que esté dejando migas en todos para luego
volver a ellas más adelante. Un cuento de aquí crece allá, un personaje de aquí
se habla con un personaje de allá, pero todo esto ha sido sin planificación
alguna. No sé cuándo va a terminar. Probablemente tendré que matar a ese tipo o
él me tiene que matar a mí (risas). Uno de los dos tiene que morir para que
esto termine. Entonces, en realidad, estoy escribiendo un solo libro por
entregas. Sin saberlo y sin darme cuenta, he ido haciendo un solo proyecto de
estos pequeños libros. La evidencia de que tengo razón es que, en traducciones,
ya los agrupan. La idea de meter La pirueta en esta nueva versión de El
boxeador polaco
surgió de los norteamericanos. Cuando estaba por salir la
edición en inglés les pareció que sería un libro muy corto para el público
estadounidense, con solo seis cuentos y cien páginas, y entonces decidimos
incluir La pirueta. Yo armé ese conjunto de manera que pareciese un solo
viaje. La versión japonesa incluye, además de La pirueta, a Monasterio;
o sea, ya son tres libros en uno y, de nuevo, yo armé el índice del orden en
que van los cuentos. Y los holandeses hicieron lo mismo. Solo estoy esperando
que venga el momento de juntarlos todos los pequeños libros y armar un solo
libro, un gran libro de quinientas páginas. Mientras tanto, sigo creando estas
historias cortas, muy espontáneas y muy independientes, pero que a la vez son
parte de un todo.

 

¿Ha pensado cerrar ya el
proyecto, todo este mundo Halfon?


Ni idea. No sé qué
viene, si luego vendrá un séptimo libro de este proyecto. Me encantaría tener
un plano arquitectónico sobre la mesa y solo ir siguiéndolo. Pero no existe
planos arquitectónicos en la literatura. Ya veremos qué pasa después de Canción.




El boxeador polaco

Libros del Asteroide

PVP Colombia: $82.000

 


* Escritor, periodista e
investigador cultural. Autor de los libros Ser colombiano es un acto de fe.
Historias de Jorge Luis Borges y Colombia
y Viaje al corazón de
Cortázar.