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Los indignados

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Los indignados
By Libros y Letras 11 de junio de 2011
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Por: Carolina Valencia/ Periodista colombiana en Buenos Aires. Existen una serie de principios y valores en los que residen las bases de moderna democracia; pero sin lugar a dudas no son estos valores los que hoy se aplican en los países que ostentan flamantemente el título de países del Primer mundo, libres y democráticos, con oportunidades e igualdad para todos los ciudadanos (incluidos los inmigrantes), según Stephane Hessel (nacido en Alemania en 1917; formó parte de la Resistencia francesa durante la II GM, capturado y torturado por la Gestapo; es escritor, diplomático y militante francés. Después de la II GM, participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos): “Desde 1945, después de un horroroso drama (la II GM) hubo una ambiciosa resurrección de la sociedad a la que el mismo remanente del contingente del Consejo de la Resistencia se dedicó. Recordémosles mientras creaban un programa de salud nacional y de pensiones tal como la Resistencia quería, como su programa estipulaba, un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permita a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad. Las fuentes de energía, electricidad, y gas; minas, los grandes bancos, fueron nacionalizados. Ahora esto fue como el programa recomendaba: “… el retorno a la nación de los monopolizados medios de producción, frutos del trabajo común, fuentes de energía, riqueza de las minas, de compañías de seguros y de los grandes bancos; la institución de una verdadera democracia económica y social involucra la salida de los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía”. 
El interés general debe dominar sobre los intereses especiales. El hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero. 
Una verdadera democracia necesita de una prensa libre y una educación inclusiva, algo que en las reformas francesas de 2008 no está contemplado, quienes no aceptaron estas medidas, jóvenes profesores, fueron duramente castigados con recorte de sueldos; ahí empieza la indignación. 
Continúa Hessel: “Alguno se atreverá a decirnos que el Estado no puede afrontar los gastos de estas medidas para ciudadanos nunca más. ¿Pero cómo puede existir hoy una falta de fondos para apoyar y extender estas conquistas si la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde el periodo de la Liberación cuando Europa estaba en ruinas? Al contrario, el problema es el poder del dinero, tan opuesto por la Resistencia y el gran hombre egoísta, con sus propios sirvientes en las altas esferas del Estado. Los bancos privatizados de nuevo, han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivada. ¡El motivo básico de la Resistencia fue la indignación! Indignarse, no es sólo ir a pasar el verano europeo en una plaza céntrica de las grandes capitales del mundo; Indignarse es militar en el los Derechos Universales, porque son eso universales, para todos; así que este resurgimiento de las rebeliones y las revueltas contra el sistema no son movimientos antisistemas, son militancias reivindicativas por nuestros derechos, por los de los que no tienen voz, por la libertad, la justicia social y la democracia real, no la impuesta por los grandes monopolios económicos. Alcemos los brazos, todos, ya es hora, ya es el tiempo, mas vale tarde que nunca; salgamos a las plazas, seamos una sola humanidad y reclamemos lo que es digno de la sociedad mundial” (15 de Octubre del 2011). 
Nuestros hermanos Palestinos necesitan de todas las voces del mundo para poder recuperar su territorio, para caminar con libertad por sus propias calles, para educar a sus hijos sin miedo a los bombardeos indiscriminados; el pequeño país de Yemen, cuya población teme una invasión al mejor estilo Bush-Obama, todo por estar en un territorio estratégico para la explotación del petróleo y el tráfico marítimo: y ¿qué pasó con Haiti?, quedó enterrado en los escombros de muestras memorias, sus muertos por cólera, ya no ocupan mas las pantallas de los informativos, quedaron relegados ante la bárbara invasión de la OTAN a Libia; las centrales nucleares que amenazan lenta y agónicamente al planeta entero. 
Empecemos por casa, todos los Jueves a acompañar a las Madres de Plaza de Mayo, en su marcha semanal, ahora mas que nunca nos necesitan a todos, ahora que están siendo señaladas con el dedo acusador de la ignominia y la desesperación opositora, señaladas como si fuesen ellas las que se apropian de los recursos que deben ser empleados para obras sociales, como si fuese ellas las que en lugar de ocuparse de los hospitales, la educación y la salud de la gente, se dedicaran a las banalidades de mandatarios burgueses. 
Sartre dijo: “Ustedes son responsables como individuos”. Ese fue un mensaje libertario. La responsabilidad de una persona no puede ser asignada por el poder o una autoridad. Al contrario, es necesario estar involucrado en el nombre de la responsabilidad de uno como ser humano. 
La indiferencia es la peor de las actitudes, y también la pereza mental, la negación de la realidad, no podemos cerrar los ojos ante lo que pasa a nuestro alrededor, porque tarde o temprano la burbuja en la que algunos viven se rompe, es frágil, no es como una gota de agua que orada el suelo; es frágil y de ahí la mente frágil de algunos. 
El artículo 22 dice: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”. 
No se está cumpliendo a cabalidad con este Derecho Universal. Miremos nuestra propia sociedad, si sos boliviano, paraguayo o pueblo originario, no sos nada, nadie. 
Pero indignarse y tomar las plazas, no debe entenderse como algo violento, la violencia no lleva a nada, incluso la violencia dialéctica; necesitamos propuestas, vínculos de paz, tolerancia y hermandad. 
El escritor convocó así a los jóvenes de este siglo a revelarse a indignarse: “Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos”. 
A todas las personas que harán el siglo XXI, les decimos con afecto: crear es resistir; resistir es crear ¡Indígnate!