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Notas de “Gozar leyendo”

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Notas de “Gozar leyendo”
By Libros y Letras 22 de junio de 2015
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Andrés Trapiello: El final de Sancho Panza y otras suertes (Círculo de Lectores).- Al principio parece un juego, un juego de alta dificultad, que sólo puede llevar a cabo alguien que domine a profundidad tanto el universo mental del Quijote como el lenguaje con el que está escrito. Un juego que consiste en seguir el curso de la vida de cuatro personajes del Quijote después de la muerte del caballero de la triste figura: el ama, la sobrina, Sansón Carrasco y Sancho Panza. Los cuatro deciden emigrar a América. El juego se desarrolla casi como una novela de suspenso en la que los personajes van de tropiezo en tropiezo. Y la continuidad de la narración se lo va tragando a uno, lector, tanto por la intriga acerca de lo que pueda pasar como por el lenguaje y la sintaxis que parecen redactados por un Cervantes de nuestros días. Es un juego y es mucho más que un pastiche, un proyecto descomunal de seguir la novela y los personajes supérstites de la narración cervantina.
El personaje sabe que es letra; pero está armado.- Así como en la obra de Cervantes hay una superposición, mejor, un refundimiento entre el texto y los hechos, de modo que los personajes se saben parte de un texto que les da existencia pero que pueden consultar, aquí, en la novela de Andrés Trapiello, también. Si en la segunda parte del Quijote original se alude al Quijote de Avellaneda, en este excepcional libro, los personajes cervantinos viajan por España y pasan en Sevilla, especialmente allí, como las celebridades en que la novela los ha convertido. Entonces Cide Hamete y Cervantes y Sancho y sus acompañantes, hablan del texto y hasta llevan una copia de él. Y también tropiezan con otros personajes de la novela cervantina que aquí, en la trapiellina, reaparecen y redondean los hechos que son texto en la genial novela de don Miguel.
Novela que va creciendo.- Cuando van tres cuartas partes de la novela, los personajes todavía están superando obstáculos en Sevilla y se preparan a partir. Entonces la novela da otra vuelta de tuerca y se va creciendo, creciendo, creciendo y el lector no sabe qué le produce más gozo, si el tono cervantino modelo siglo XXI o si la aventura que se va cerrando sobre sí misma en preparación del final perfecto. Una novela excepcional. Para paladares exquisitos.
María Cristina Restrepo habla de Jorge Isaacs.- “…Jorge Isaacs pasa de rico hacendado a ser un hombre que debe luchar por la subsistencia de su familia en medio de las mayores penurias. Conservador, se convierte en masón y liberal radical, en defensor de los derechos de los indígenas, de los negros, de los artesanos, de los niños. Comerciante fracasado, fue también un político famoso por sus discursos apasionados en la Cámara de Representantes en favor de las libertades promulgadas por su partido. Educador, enfrentó la ira santa de la Iglesia al promover la educación laica, gratuita y obligatoria para niños y niñas. Fue creador de escuelas nocturnas en el Cauca, de escuelas ambulantes, de escuelas de agricultura con trabajo de campo. Aguerrido militar, participó en varias guerras civiles. Se desempeñó como diplomático en Chile y se atrevió a dar un golpe de estado en Antioquia, asunto que terminó con su carrera política”.
“…Enfermo, siempre enfermo, aquejado por las fiebres que en más de una oportunidad amenazaron con matarlo lejos de su familia, recorriendo el país de un extremo a otro a lomo de mula, en chalupa, en champán, de a pie, se dedicó a las exploraciones en la Costa Atlántica. Fue Isaacs quien alertó al gobierno de Rafael Núñez sobre la existencia de grandes depósitos de carbón en la Guajira. Es el Cerrejón que tantas posibilidades de desarrollo le ha aportado al país. Cavó tumbas, estudió las tribus indígenas, sus costumbres, sus conocimientos, sus lenguas, se enamoró de la belleza de sus mujeres, respetó a los chamanes, a los ancianos…”. 
Verás huir la calma, Jorge Isaacs, de María Cristina Restrepo (Luna Libros).- Toda la apasionante vida de Isaacs contada en la voz de su esposa, Felisa González. Alguna vez le oí decir a Marco Palacios que si se quería contar el siglo XIX colombiano con la vida de algún hombre, ese hombre era Jorge Isaacs.