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Pablo Di Marco conversa con Félix Lozada (I Parte)

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Pablo Di Marco conversa con Félix Lozada (I Parte)
By Libros y Letras 12 de febrero de 2013
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Hablar de literatura es hablar de guerras, amores e historias de vida; es hablar del hombre que abre puertas y ventanas en el teatro cotidiano de la vida; es reflexionar sobre lo normal y anormal de la condición humana. El oficio de escribir requiere de un gran rigor, curiosidad y cierta perversidad, lo cual fascina a unos y molesta a otros. Ese mundo extraño, fantasioso y extravagante, en cierta forma se parece o tiene que ver con el hermoso espectáculo que entrega la Fundación Tierra de Promisión a través de la novela ganadora de esta Bienal: Tríptico del desamparo, del escritor argentino Pablo Hernán Di Marco. Una obra de personajes libres y atrapados, prepotentes, arrogantes, humildes, sabios, y piltrafas que denotan la enorme crisis de la sociedad moderna. Es decir, allí cada uno de los asuntos de Gianluca son revividos por Irene, su desolada viuda empeñada en volver a Venecia. Esto no es más que querer retornar al punto de partida. La síntesis de la vida: formar una familia, lucharla por 30 años, morir, quedar solos viendo la ida de los hijos. Al lado de esto, las ironías reflejadas en Álvaro Azcurra, el viejo editor, sabio, cauteloso y consejero; la prepotencia y la arrogancia de Zalagna, mediocre y abusivo, amparado en el poder que le da el periódico para vapulear a los demás. El contrapunto del asunto alcanza su clímax en el rifirrafe entre Rafael y su destino en donde juegan papel importante Lucía, Irene, Adina y Álvaro. 
Podemos, entonces, precisar cuatro aspectos bien definidos en la obra, y dentro de cada uno de ellos distintos mundos con sus temas, ideas, sucesos y sueños; en consecuencia, todo lo que sabemos nos llega a través de los tormentos y recuerdos: la muerte, las denuncias, el aprecio por el arte y la cultura; los proyectos por realizar, incluso los amores tardíos de Irene y su joven amante. 
Luego de beber algún refresco y de caminar por distintos senderos, mirando el hermoso atardecer veraniego de Neiva, conversamos con Pablo Hernán Di Marco sobre su vida y su obra, y esto fue lo que nos dijo: 
– La obra refleja un mundo perverso, con personajes de alguna manera dispuestos a intentar otros proyectos de vida; decididos en la búsqueda de situaciones alternas a través de diferentes formas de subsistencia, pero, sobre todo, son personajes de culturas diferentes. ¿Encarnan estos al ser humano en general? ¿Esa búsqueda es una alternativa en la nueva novela? 
– Cada buena novela contiene al mundo en sí misma, o por lo menos a parte de él; aspiro a que ocurra lo mismo con Tríptico del desamparo. 
Como lector no suelen llamarme la atención los personajes intachables e incorruptibles que decretan verdades, por lo tanto mis historias suelen estar protagonizadas por personajes cargados de dudas, miserias y frustraciones (como buena parte de todos nosotros, supongo). Me interesa la idea de poner a un personaje gris y limitado ante una situación límite, porque algunas veces ocurre que es justamente en ese punto de inflexión donde nace el héroe. 
– ¿Empezar con la carta de Irene, anunciando lo que va a suceder, a la manera de Kafka o García Márquez, no es un poco aventurado o es simplemente estar convencido de ser un gran narrador, lo que le permite hablar sobre la partida del país de una sexagenaria, los halagos de Álvaro a la misma mujer; el considerar inapropiado seguir trabajando con Boccacio , Petrarca o Manzoni; las criticas sobre lo que piden los lectores; las reflexiones sobre la responsabilidad de editar vestigios de otra época e incluso de volver a escribir como en el caso de Irene? 
– No siento más que admiración por lo autores que nombra, pero si a la hora de sentarme a escribir me pusiera a pensar un solo segundo en ellos guardaría el lápiz y el papel y me pondría a hacer otra cosa. A los mitos hay que admirarlos pero también hay que ser cuidadoso con ellos, ya que su sombra puede ser intimidante. 
El personaje de Irene (que mantiene un lazo muy estrecho con Italia, su país de nacimiento) solia venírseme a la mente escribiéndole cartas a su familia de Venecia. De ahí la idea de comenzar la novela con una carta. 
– ¿Cuando empezó este proyecto, pensó que lo conduciría a juicios, críticas y reflexiones en la soledad de la noche mientras come y escucha la radio? 
– Algunos autores escriben con mapa y otros escriben con brújula. Yo pertenezco al segundo grupo. Antes de comenzar una novela tengo muy en claro el perfil de los personajes y el conflicto, pero dejo espacios libres para que sean los mismos personajes los que cobren vuelo en base a su características y personalidades. 
Me gustaría pensar que ciertas reflexiones de Irene nacen más de ella que de mí. No quiero tener a mis personajes bajo control, prefiero darles libertad para que sean ellos mismos más allá de mi tutela. 
– Se evidencia en su obra la capacidad de observación sobre el comportamiento humano: la soledad, las enfermedades mentales, la prepotencia, arrogancia y abusos, contrapuestos a la cultura y el arte; los recuerdos de niñez, los tormentos por los ruidos de la ciudad e incluso una larga confesión amorosa tardía. ¿Aprovecha todo esto para formar sus historias y sus personajes?. Es decir, ¿esa visión de la vida y su percepción de obras tan importantes y significativas como Los novios le permite construir sus historias y sus sueños de escritor? 
PD.- Es maravillosa la frase de Borges que dice que se enorgullece más de los libros que leyó que de los que escribió. No se puede escribir ni un renglón si antes no se es un lector apasionado. Entonces es inevitable y bienvenido que obras como Los novios me influyan a la hora de escribir. La comprensión del mundo inevitablemente cambia después de leer a Manzoni. 
Usted está en lo cierto, querido Félix, cuando intuye que utilizo todas mis lecturas previas como así también los colores del comportamiento humano a la hora de de conformar historias y personajes. A fin de cuentas, lo mismo nos ocurre a nosotros. Somos quienes somos desde nuestros fracasos, logros y aprendizajes cotidianos. No hay ni siquiera un instante de nuestras vidas que no carguemos sobre nuestros hombros. Por suerte no siempre somos conscientes de ello.