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Recordamos a Fernando Toledo

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Recordamos a Fernando Toledo
By Libros y Letras 26 de abril de 2014
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No. 6.678, Bogotá, Sábado 26 de Abril de 2014
Recordamos
a Fernando Toledo
nuevo
director de la emisora radial de la
Universidad
Jorge Tadeo Lozano
Casi siempre me
encerraba en la biblioteca de casa a leer en vez de hacer tareas*
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)
¿Desde
siempre ha vivido en el mundo rodeado de intelecto?
Si, desde niño viví en medio de
un respeto integral por el conocimiento. No obstante yo diría que lo
determinante fue nacer en un contexto donde la sensibilidad era capital y por
lo tanto la belleza, a partir de la naturaleza y del paisaje, se consideraba un
cimiento de la felicidad.
– ¿Cómo era su
cotidianidad en su infancia y adolescencia?
– Estuvo marcada por la
disciplina escolar y familiar sin llegar a exageraciones. Mi padre consideraba
vital que leyera aunque fueran “comics”, por lo tanto estaban permitidos. Casi
siempre me encerraba en la biblioteca de casa a leer en vez de hacer tareas. El
paseo de fin de semana, en busca de paisajes, era fundamental; nos llevaban a
menudo a cine y al teatro cuando había comedia, drama, ópera o zarzuela. En la
adolescencia iba a los conciertos de la sinfónica y no recuerdo jamás haberme
dormido sin escuchar música, a volumen considerable en la “radiola” de mi padre,
un melómano consuetudinario.
– ¿Siempre estuvo
rodeado de libros, plástica y música?
– Más de música y de
literatura que de plástica aunque los museos eran básicos en las salidas
sabatinas o en los viajes. Mi padre había sido pianista aficionado y la música
era central en su vida. Lo propio ocurría con la literatura y con la historia
por lo tanto su biblioteca era muy nutrida y poco común.
– ¿Qué carrera estudió y
por qué no la ejerció?
– Me gradué en
comunicaciones y publicidad en Madrid y por supuesto que ejercí durante muchos
años, ahora bien, dejé la publicidad porque había llegado a un techo
profesional y porque dejó de ser una respuesta para mis inquietudes. Me
interesó mucho más la radio, la edición de revistas, escribir libros y, en una
palabra, otras formas de comunicación que consideré más libres y menos
comprometidas.
– ¿Qué le fascina más:
el mundo de la música o el de los libros?
– La música y los libros
pertenecen al mismo mundo que es el que en realidad me hechiza: el de la
expresión humana, el de la creación.
– ¿Escribir columnas de
opinión también entra en su mundo de pasiones?
– Por supuesto y sobre
todo en un entorno como este donde la crítica parece estar excluida de lo
mediático a pesar de su importancia. Colombia es el único país que conozco
donde prácticamente no hay crítica teatral, musical, plástica o literaria. Se
olvida que la crítica tiene una insoslayable función orientadora y formadora.
Quizás por eso somos tan generosos con el aplauso que muy a menudo no es
pertinente.
– ¿Le gusta escribir más
cuentos, columnas o novelas?
– Me cuesta entender el
mundo sin escribir: cuando escribo una columna, columnas; cuando escribo una
novela, novelas. Tengo la sensación, en cambio, de ser un cuentista flojo.
– ¿Qué novela lo graduó
de escritor?
Liturgia de difuntos que, como toda novela, fue el intento de
hallar una respuesta a la sencilla pregunta: ¿De dónde vengo? Tiene que ver con
la expulsión de los judíos sefarditas o sefaradíes de España a finales del
siglo XV y con el largo camino que hubieron de seguir para llegar a América.
– ¿Tiene en salmuera
otra novela para publicar?
Tengo listo, pendiente
de una ultima revisión, un libro con tres relatos cortos de 60 paginas o por
ahí cada uno de ellos. Pero como le dije me considero un cuentista flojo y
quiero ser muy cuidadoso en esa última revisión. Sin embargo, uno de mis propósitos
de año nuevo es acabar La cabeza de
Ananías y otros relatos a contrarreloj
en este 2014.
– ¿Cómo ha sido su
experiencia en la HJUT?
– Maravillosa. Tener
como compañeros de trabajo a Bach, a Beethoven, a Verdi y a Mozart, entre
otros, resulta una exquisitez, un sueño…
– ¿Ha sido difícil
seguir los pasos de Bernardo Hoyos?
– Bernardo es
irremplazable como ser humano y como hombre de cultura integral, pero seguir
sus pasos ha sido mucho más sencillo de lo que parecía de antemano, entre otras
razones por que la emisora dispone de un equipo humano de primera categoría.
Por otra parte, la HJUT
está muy bien estructurada y tiene una programación sólida y coherente con una
ubicación de cara al oyente.
– ¿Qué planes de
programación tiene para el 2014?
– Sobre todo mantener
una programación que goza de grandes preferencias entre los numerosos oyentes
de una emisora que se define como “de naturaleza culta”. Si en el ultimo
semestre se han realizado algunos ajustes, con el fin de brindarles a los
oyentes una cierta “cadencia” natural en el ritmo de la programación, en este
año continuaremos enfatizando en dicha política con el fin de que aquellos que
nos encienden desde temprano, como suele ocurrir, nos acompañen todo el día sin
que se encuentren con grandes sobresaltos musicales. 
– ¿Cree que Colombia
está “despertando” culturalmente con tanta programación que se está
viviendo?
– No tengo dudas. La
proliferación de festivales como los de teatro, danza, música –Cartagena y
bienal del Teatro Mayor-, el creciente interés por la lírica, los certámenes
cinematográficos, la vitalidad de las orquestas, las salas de concierto, los
grupos escénicos, la oferta de música de cámara, las ferias del libro y otras
muchas actividades son ya una realidad incuestionable y que no sólo atrae un
público en crecimiento sino patrocinios que expresan el compromiso empresarial
con el país. El Ministerio y las secretarias de cultura han sido capitales. En
el campo de la plástica ocurre otro tanto, y el desierto cultural que éramos
hace tres o cuatro décadas se convirtió en un jardín cada vez más frondoso.
– ¿Qué está leyendo
actualmente?
– Una novela de Almudena
Grandes, El corazón helado, que se
relaciona con la post guerra civil española, un tema que me apasiona, y una
soberbia biografía de Isabel la católica: Isabel I. Reina, que le mereció a
Luis Suárez su autor el Premio Nacional de Historia por su profundidad y
amenidad. Creo que en gran medida la lengua es la patria por lo tanto en las
lecturas suelo ser un empecinado hispanista… 
( * ) Esta entrevista fue realizada treinta días antes de su
fallecimiento y publicada en El
Espectador
.