Shopping Cart

Loading

Your cart is empty

Keep Shopping

Search Results

so far empty...

Loading

Relato: Abismos en el espejo

  • 3 Minutes
  • 0 Comments
Relato: Abismos en el espejo
By Libros y Letras 18 de noviembre de 2020
  • Views: 38


Por: Angélica Villalba
Cárdenas*


4:00 a.m. Suena el
despertador y he dormido poco. Abro los ojos y veo el horario de hoy, las citas
del día. Salto de la cama al clóset, busco los tenis y prendo el computador.
Tengo 45 minutos para terminar la rutina, 44 para ser exacta, porque me demoré
59 segundos en escoger los zapatos apropiados para hacer cardio. Entreno como
bestia, mientras miro el espejo y otra vez, las piernas heridas con rasguños
subiendo desde los tobillos hasta las rodillas. Son unas líneas finas, rojas y
desordenadas. Desconozco quién me lastima, pero no tengo tiempo de averiguarlo.
Las pulsaciones aparecen
en el reloj digital: 120 por minuto ¡Maldita sea! El corazón traiciona hasta a
los que se jactan de tener el control de su vida, estoy segura, por eso pongo
las manos sobre el pecho para detener ese huracán cardíaco. Me aplico la crema
hidratante sobre los arañazos de mis piernas, ahora convertidos en delgadas
costras y siento como arde la piel desde adentro. Cierro los ojos para manejar
el dolor, disminuirlo, transformarlo en una sensación placentera.

Intento peinarme, pero la
impaciencia cae en forma de pelo negro sobre el piso del baño. Luego descubro
espacios vacíos en mi cabeza. Estos círculos son abismos hacia el interior de
mi cordura. A veces pienso que las frustraciones y envidia de algunos compañeros
de trabajo quieren lastimarme. De ahí los rasguños… 

 

“Al terminar la mañana, mi
cara es gobernada por una sonrisa de dientes afilados
, iguales a los de un
tiburón hambriento de prestigio.”



Sé que debo llegar a la
oficina temprano para organizar la presentación. Me hago una moña para
disimular miradas y rumores. Ya en el carro repaso el discurso, memorizo
algunas frases, las más importantes para darle dramatismo a la presentación. Conduzco
muy rápido por la autopista, no lo hago porque esté retrasada, es otra persona
quien hunde el acelerador.

Tengo tres reuniones con
clientes y proveedores, una tras otra, sin descanso. Al terminar la mañana, mi
cara es gobernada por una sonrisa de dientes afilados, iguales a los de un
tiburón hambriento de prestigio. Mis jefes aplauden los cinco negocios cerrados
y, de nuevo, soy la estrella de la firma; sin embargo, siento el vacío, la
nada. Entonces, un impulso me lleva hasta el espejo, de cuerpo completo,
ubicado en el baño del último piso de la empresa. El lugar oculto, íntimo, mío.

Bajo el pantalón para
verme los arañazos y ahora suben, en líneas rectas, por mis muslos. Luego
suelto la moña y el reflejo muestra nuevos abismos, por eso, saco del bolso la
afeitadora que compré hace unos días en el supermercado y, al moverla, disfruto
el paso de la cuchilla sobre el cuero cabelludo.  El pelo débil cae al piso, despacio, como un
perdedor. Al mismo tiempo, ella, la locura, me susurra al oído: “Este es el
precio del éxito, qué más da”.



Ilustración Sofía Solórzano (@sofiaenletras)
 
*Angélica Villalba Cárdenas. Periodista. Ganadora del Primer concurso de relato y poesía creativa Libros & Letras. (
angelicavillalbac)