Transformemos nos cuenta una vida

No. 6.913, Bogotá, Martes 16 de Diciembre de 2014

Transformemos nos cuenta una vida

Calidad en la educación
Una madre es una de las becarias del Gobierno
Bogotá. La región de Tibú, Norte de Santander en el nororiente colombiano, fue el lugar en donde nació y vivió su infancia Agripina Franco, la hija menor de una familia numerosa, que poco a poco fue viendo cómo ese lugar apacible y tranquilo donde la gente se moría de vieja o de enfermedades naturales, se fue convirtiendo en un polvorín y en caldo de cultivo de la violencia fratricida entre guerrilla y paramilitares por el control de extensas y fértiles tierras que eran el sustento de cientos de familias que las cultivaban. Los paramilitares, que en su momento aparecieron para “limpiar” las tierras de guerrilleros, produjeron una cadena innumerable de muertes inocentes, en las que su padre perdió la vida. A sus escasos diez años Agripina ya sufría en carne propia el dolor y el desarraigo que trae consigo la violencia. Su madre, Miriam Cobos tomó las riendas de la familia, ejerció desde ese día las funciones de padre y madre. Comenzó moviéndose de aquí para allá, rebuscándose el dinero. La venta de licor se convirtió en la fuente de ingresos y el sustento de sus siete hijos.
En el vetusto billar del pueblo al que Agripina, en las tardes, luego de salir de la escuela, iba a trabajar para ayudar con los gastos de la casa, conoció al soldado profesional Omar Iglesias. Después de un par de meses de salidas esporádicas y llamadas recurrentes se enamoraron, se hicieron novios y al cabo de unos meses de relación quedó en embarazo. Con el nacimiento de Laura su primera hija, también vino un cambio de vida y de ciudad. El Ejército Nacional ordenó el traslado del soldado Iglesias a Duitama en el departamento de Boyacá. Agripina sintió temor y tristeza de dejar a su madre, su familia y sus estudios, pero pudo más el amor de madre y la convicción de ofrecerle una familia unida a su hija recién nacida, así que tomó la decisión de irse. En su nueva morada se acomoda bien, el traslado y cambio de clima, no la golpearon tanto como ella creía. Los días pasaban entre los cuidados a la pequeña Laura y los recuerdos familiares. Su nueva vida transcurre en calma aunque con los sobresaltos económicos que viven la gran mayoría de ciudadanos de este país. Vuelve a quedar en embarazo, nuevamente de una niña, Alejandra.
Agripina siente la necesidad, la motivación y el interés de culminar sus estudios que había abandonado 10 años atrás. No es fácil, su edad y condición económica, son trabas que se presentan para que una persona con sus características pueda continuar su formación académica. En la institución educativa La Nueva Familia, donde estudia Laura su hija mayor, se entera del proyecto educativo para jóvenes y adultos que implementa la Fundación Transformemos con el apoyo de la Alcaldía de Duitama. Consulta con Omar, su esposo, la posibilidad de retomar sus estudios. Él le brinda apoyo irrestricto y la motiva aún más. Las condiciones y la calidad del programa educativo Transformemos son muy atractivas para ella y los miles de estudiantes que se han visto beneficiados. En marzo de este año, decide ingresar nuevamente a las aulas. La institución educativa La Nueva Familia y el programa educativo Transformemos Educando desarrollado por la Fundación Transformemos, le abren las puertas para que curse el ciclo 6 y tenga la oportunidad de culminar su educación básica y graduarse como bachiller, pero ya no con lápiz y papel como cuando abandonó el colegio, sino a través de tableta digital.
“Después de tanto tiempo sin estudiar, volver a hacerlo me dio una emoción gigante, me siento muy bien, muy tranquila y feliz. Los profesores son muy buenos, el programa es excelente me deja desarrollar mis habilidades. Además nunca me imaginé que estudiaría con una tableta digital, que tiene todas las materias y todas las clases; con videos, profesores virtuales y aula interactiva, lo que me hizo más fácil volver a tomar el ritmo de estudio y tener una mejor preparación”.
Es momento de presentar las pruebas de estado, Agripina tiene claro que de los resultados depende el futuro y poder continuar con sus estudios. Su sueño siempre ha sido ser Contadora Pública y sabe que un buen resultado le abrirá puertas. Por eso se preparó y esforzó mucho. Pensaba muchas veces en el día que le tocara enfrentarse al examen y cómo sería estar allí, rogaba para que los nervios no le jugaran una mala pasada.
Al alba, al despuntar el día, el reloj señala las cinco, mientras Agripina Franco hierve leche y prepara unos sánduches de atún que les dejará de desayuno a Laura y Alejandra sus pequeñas hijas de 9 y 2 años respectivamente. Afuera el termómetro marca 7 grados centígrados, el cielo encapotado amenaza con desgajarse en un aguacero, preludio de lo que será una jornada fría. Apurada y ansiosa sale de su casa a tomar el transporte que la llevará hasta el colegio Mayor Integrado, que le fue asignado para presentar las pruebas de estado. Con la respiración afanosa, minutos antes el bus la dejó a cuatro cuadras de distancia, ingresa al salón de paredes descoloridas, se percibe una atmósfera de tensión y preocupación, afortunadamente Agripina siente una calma inusual en este tipo de situaciones. Ni siquiera el viejo pupitre de madera en el que se sentó que con el más leve movimiento rechina, logra inmutarla. Un hombre joven, con rostro adusto le entrega el examen, ella lo toma en sus manos, lo lee, lo repasa y se dispone a llenar la hoja de respuestas. La gélida jornada de la mañana pasa rápido. En la tarde, el tiempo para Agripina pareciera más lento, seguramente el almuerzo le ha dejado un poco de modorra. El cuestionario es largo pero lo resuelve todo, no dejó de contestar ninguna de las preguntas. Se cumplió el tiempo, es hora de entregar los exámenes, la jornada llegó a su fin.
El resultado
Luego de dejar a Laura en el colegio, muy temprano, Agripina se dirige a un café internet ubicado en el centro de la ciudad. Es el día que el ICFES ha anunciado que publicará en su página web los resultados de las Pruebas Saber. Contrario al día de la prueba, Agripina esta tensa, nerviosa, las manos le sudan, su corazón palpita más rápido de lo normal. Al cabo de veinte minutos los resultados oficiales son colgados. La lista es inmensa, la impaciencia y emoción no la dejan reconocer su nombre. Retoma la calma, lee detenidamente, encuentra su nombre ubicado entre los mejores puntajes, reacciona con alborozo. Obtuvo 342 puntos, lo que le permite ser acreedora de una de las becas que ofreció el Gobierno para los mejores 10.000 puntajes en las pruebas de estado. El sueño de ser profesional está cada vez más cerca. En los próximos días se matriculará en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) para estudiar Contaduría Pública.
“Estoy muy contenta, todo este esfuerzo y dedicación han valido la pena. Le agradezco a mi familia, a mi esposo, a mis hijas, a los profesores, al colegio La Nueva Familia, a la señora Constanza Ramírez, alcaldesa de Duitama, por su apoyo. A la Fundación Transformemos, por darnos la oportunidad a mí y a toda esa cantidad de gente en todo el país de salir adelante y creer que sí es posible transformar la realidad de nuestra vidas”.
La historia de Agripina Franco demuestra que a la educación de jóvenes y adultos hay que voltearla a mirar, que si queremos una Colombia en paz, incluyente, con justicia social; es necesario darle la importancia que requiere. Que los gobernantes tengan la voluntad politica para que sea de calidad, regionalizada, contextualizada. Con el empleo de software educativos que incluya todas las areas de la educación de adultos, acorde a sus necesidades y que tenga en cuenta sus potencialidades. Convertirla en política de estado que tenga como fin máximo la promoción de la dignidad de sus habitantes más vulnerables. Que el enfoque educativo y la propia manera de entender el valor de los espacios de formación parta de la realidad de los actores sociales, de su experiencia y su cultura. Una educación que se asuma como aprendizaje a lo largo de la vida, una educación ciudadana basada en la defensa y promoción de los derechos humanos, para que sean ellos mismos quienes se involucren y aporten al cambio personal, a la transformación social y se conviertan en generadores de desarrollo y gestores de paz.

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