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Un café en Buenos Aires con Georgina Alonso

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Un café en Buenos Aires con Georgina Alonso
By Pablo Di Marco 1 de enero de 2015
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Por: Pablo Di Marco
Una de las más gratas sorpresas de la literatura argentina de 2014 fue Sin audio, el blog de la escritora Georgina Alonso. Lo que nació como un refugio de reflexión personal se convirtió, gracias al boca a boca de los lectores, en un blog de culto con una creciente cantidad de seguidores que esperan cada nuevo texto con la ansiedad de los fanáticos. Quienes quieran entrar al mundo de Sin audio, aquí tienen el enlace: http://geoalonso.blogspot.com.ar/2014/09/la-que-soy-la-que-fui.html, quienes quieran saber algo más sobre su creadora no tienen más que saborear este nuevo Café en Buenos Aires: 
– ¿Por qué llamaste a tu blog Sin audio, Georgina?
– Por el inmenso valor que tiene la palabra. La palabra escrita tiene una música inaudible que atraviesa los sentidos. Sin audio es, en gran parte, el silencio que necesito para intentar que mis palabras bailen un vals con los lectores.
– Hasta hoy cuántos textos subiste al blog?
– 77
– ¿Y cuál de todos ellos es tu preferido?
– “Falta poco me emociona porque me remite a un momento muy importante en mi vida. Cada vez que lo leo, siento que estoy nuevamente en ese sanatorio, al lado de su cama y escucho su voz pidiéndome “una camisa azul, unos zapatos marrones y el cantero de la ventana de su cuarto”. Fue el último día que escuché la voz de mi padre.
– ¿Y cuál es el que más repercusiones tuvo?
– “La que soy, la que fui”. Es un relato escrito con humor que hace un recorrido de esa que fui, que era periodista y escribía, que luego fue mamá y que hoy tiene muchos platos en la mesa y lee y escribe. Me gusta reconocerme en el paso del tiempo, ver la mesa llena de gente y seguir escribiendo.
– Tus lectores suelen dejar comentarios al pie de tus textos. ¿Hay alguno que recuerdes con cariño?
– Sí. Recuerdo especialmente uno que me decía que había sentido estar cerca del mar y hasta oír el ruido de las olas golpeando en una piedra. Inmediatamente recordé el momento en el que lo había escrito. Sentí su emoción.
– No sé si lo sabías, pero me encanta recomendarle libros a mis entrevistados. Ahora estoy leyendo El amor es una mentira, pero funciona, una encantadora y sólida novela de Luis Ignacio Murcia Molina. ¿Tenés algún libro para recomendarme, Georgina?
– El que estoy leyendo en estos momentos: Las lunas de Júpiter de Alice Munro. Sus relatos son apasionantes y me conmueven. Otro libro que me enamoró es La loca de la casa de Rosa Montero. Vuelvo a él, siempre.
– ¿Alguna vez lloraste leyendo un libro? ¿Con cuál?
El miedo de Gonzalo Garcés logró que se me cayeran un par de lágrimas. Creo que el dolor de un hombre ante la disolución de un amor, narrado con una naturalidad desgarradora, conmueve siempre. 
– ¿Qué clásico de la literatura te decepcionó?
– No puedo decir decepción, porque es uno de los libros que más me gustó y uno de los escritores que disfruto leer con pasión. Quizá el final me dejó una triste sensación, porque Ana Karenina no merecía morir de ese modo, luego de su valiente lucha por el amor.
– ¿El haber tenido un padre escritor fue un aliciente o un impedimento a la hora de animarte a escribir?
– Siempre un aliciente. Cada conversación que recuerdo con papá tiene algo que luego escribí, de hecho mi primer libro La puerta (que aún es inédito) está compuesto por una serie de relatos que narra sus últimos 45 días. Él vivía para escribir y yo sigo sus pasos, feliz y agradecida de llevar la escritura en la sangre.
– Y ahora las dos últimas, Georgina: alguna vez Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue cuando Jean Valjean murió en Los miserables. ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?
– No es uno, son seis y se llaman: Miguel, Rosario, Pilar, Julia, Milagros y Pablo.
– Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.
– La invitaría a Pilar De Lusarreta a tomar un café a La Biela. Pilar fue una gran escritora, tía-abuela mía; estuvo en pareja con otro gran escritor: Arturo Cancela; fue una adelantada a su época y me identifico mucho con ella. Le preguntaría por qué no pudo esperar a que yo creciera para que nos riéramos juntas y compartiéramos las grandes charlas que imagino a su lado.