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Un café en Buenos Aires con Pablo Besarón

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Un café en Buenos Aires con Pablo Besarón
By Pablo Di Marco 2 de septiembre de 2014
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Por: Pablo Di Marco 
Estoy cansado de que se le falte el respeto al cuento. Es un género demasiado bello y potente como para bastardearlo tanto. Estoy harto de ver al cuento reducido a un recipiente en el que cualquier aspirante a escritor vuelca sus insulsas anécdotas del colegio, sus soporíferos desamores, o aquella tarde en que metió dos goles en un partido de fútbol; en fin: sus esbozos de trilladas ideas que a ningún lector pueden importarle. 
Por suerte quedan escritores como Pablo Besarón, autor del libro de relatos Efectos colaterales, que no olvidan que el cuento es cosa de grandes, que el cuento está obligado a enamorar, a conmover y también a noquear al lector de una fulminante trompada en la mandíbula. 
– Si me preguntasen de qué trata Efectos colaterales, respondería: “sobre cuán siniestra puede llegar a ser la cotidianeidad”. Pero es tu opinión la que importa, Pablo, así que contale a nuestros lectores: ¿de qué trata tu reciente libro? 
– Sí, el tema de lo siniestro está ahí. Pareciera ser un invento de Freud lo siniestro, pero ya estaba en Poe, en Nietzsche, y más atrás también, hay como una atmósfera donde los límites se disuelven, como vivir en una zona de frontera permanente, creo que algo de eso hay. 
– A pesar de su brevedad, buena parte de los cuentos que componen tu libro podrían ser trasladados con éxito a la pantalla grande. ¿Tiene el cine influencia en tu escritura? 
– Es muy sagaz lo que decís, creo que tiene que ver con dos cuestiones: por un lado, escribir historias donde predominasen acciones de los personajes; por otra parte, luego de haber escrito la primera versión de los cuentos, hubo un tiempo en que me dediqué a escribir un guión sobre una road movie, y luego me dediqué a revisar el libro. Haber pasado por una estancia de más de un año con un guión de cine me hizo mejorar modos de narrar, recuperar más las voces, los contextos, las escenas. 
– ¿Quiénes son tus mayores referentes literarios? 
– Es una lista que varía según los momentos, están Borges, Cortázar, Echeverría, Lugones, Quiroga, Rosenmacher, Puig, Oliverio Coelho, George Perec, Robbe Grillet, Flaubert, Maupassant, Balzac, Poe, Hemingway, Faulkner, Pynchon, Rabelais, Ovidio, el Talmud, Chejov, Kafka, Joyce, muchos más, es una constelación me parece, pick pocket, como “un carterista” como se decía antes, ladrón de billeteras, uno va tomando cosas de una gran variedad de textos, y de otros productos culturales también. 
– Publicaste estudios sobre la vida y obra de Hesíodo, Homero, Ovidio, Maquiavelo, Cortázar y Borges, entre otros. ¿Te ayudó esa experiencia a la hora de escribir ficción? 
– Es tema de estudio ese. Recuerdo cuando ingresé a la carrera de letras que hubo una encuesta, que daba algo así como que el 80% de los estudiantes de letras dejaban de escribir ficción. Es una tensión difícil la del crítico formado académicamente y el productor de ficción. Si la lectura crítica ayuda a escribir ficción, a veces puede ayudar, y a veces no, depende de si se impone o no el registro académico por sobre el estético. 
– Nuestros lectores son fanáticos de las dos últimas y clásicas preguntas de Un café en Buenos Aires, así que vamos a darles el gusto (no sea cosa que se enojen y dejen de leernos): alguna vez Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue cuando Jean Valjean murió en Los miserables. ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida? 
– Me puso muy triste el estado de ansiedad de Madame Bovary previo al suicidio debajo de un tren, y después de ello, el viudo, Charles Bovary, que muere de tristeza tras haber descubierto las cartas de la mujer a sus amantes, eso fue un golpe de efecto no esperado, venía bien la novela, hasta que pum, todos muertos. 
– Ahora sí: la última: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías. 
Bashevis Singer en un bar de Sarmiento y Junín, Hemingway en Cuba, Cervantes en la cárcel, Macedonio y Borges en La Perla de Once…